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Mercedes Milá y el gordo

Hay gente que, no sé por qué, se piensa que a Mercedes Milá le preocupa lo más mínimo la verdad.

Daniel Rodríguez Herrera
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Mercedes Milá y J. M. Mulet | Cuatro

Hay gente que, no sé por qué, se piensa que a Mercedes Milá le preocupa lo más mínimo la verdad. Igual porque en tiempos, hará como dos décadas, se presentaba como periodista de prestigio o algo así. Pero se ha tirado lustros presentando Gran Hermano bajo la excusa de considerarlo un "experimento sociológico". Eso nos debería, cuando menos, dar una pista. Pero la prueba definitiva es que lleva también años promocionando un libro, titulado La enzima prodigiosa, que en la portada afirma, sin rubor alguno, que la dieta que describe "curará el cáncer". Un libro que, en definitiva, promueve el tipo de supercherías que mataron a Steve Jobs.

Algunos se enteraron este domingo de la existencia tanto del libro como del nivel de ignorancia y bajeza al que es capaz de descender Milá para defenderlo. "Las enzimas prodigiosas no existen", explicaba el conocido bioquímico y divulgador J. M. Mulet, añadiendo que, como cualquiera que recuerde el bachillerato sabe, las enzimas no son más que proteínas que en el estómago son reducidas a aminoácidos, iguales a los de cualquier otra proteína. "Estás gordo", contestó Milá. Cualquier observador del tertuliaje televisivo conoce bien esta táctica. Milá no sabe de lo que habla, su ignorancia sobre la ciencia más básica es astronómica, pero le basta con llamar "gordo" a alguien para que buena parte del público no haga caso de lo que diga sobre nutrición. Aunque esté explicando la ciencia más básica.

Desgraciadamente, pese a su creciente perfil mediático, Mulet parece tener aún demasiado respeto por las discusiones serias y educadas de temas científicos. Porque lo suyo es que, a la pregunta de Milá sobre si estaba diciendo que era una ignorante, hubiera contestado con un claro y rotundo "sí". Porque sería poco educado, pero es una verdad como un templo. Milá sufre un caso agudo de amímefuncionismo, la afección que padece quien considera que algo es cierto o bueno por el mero hecho de que parece haberle funcionado a él. Asegura quien antaño se dedicaba a engañar a Paco Umbral que la dieta prescrita por el libro le ha hecho sentirse mejor. No lo dudo. Pero no sabemos de qué dieta venía, ni ella sabe qué otras dietas podrían haberle hecho incluso más bien. Y sobre todo no valida la superchería pseudocientífica con la que el autor justifica sus prescripciones, que básicamente consisten en una dieta cercana a la vegetariana, ni las sandeces que asegura que su dieta es capaz de conseguir.

Quizá el problema de fondo es que ni la sociedad ni, sobre todo, la casta mediática tiene suficiente capacidad ni interés como para separar el grano de la paja cuando de temas científicos se trata. Y con esto no me refiero a saber lo que es verdad científica y lo que no, y más cuando la ciencia avanza continuamente y sus postulados cambian con el tiempo. Simplemente a detectar cuándo algo huele tan mal como la declaración de un político. Mal que nos pese, el periodista medio es de Letras, y muy de Letras. No lo digo con ánimo de ofender; me limito a constatar el hecho de que ni siquiera aprendió lo que estudiamos los de ciencias en el bachillerato. Así, es normal que Milá se trague cosas como que las emociones cambian el ADN, o que "la vida" produce la energía que tu cuerpo necesita cuando comes de la forma adecuada. Lo que no es normal, o no debería serlo, es que, careciendo por completo de conocimientos y formación, no ya avanzados, sino del nivel de un bachillerato de ciencias, esta señora tenga la arrogancia de dedicarse, como tantos otros, a pontificar sobre lo que deberíamos comer o dejar de comer los demás.

Todo esto no pasaría más que de la constatación de lo llenos de barro que están los pies de nuestros ídolos. Pero promocionar como cierta una dieta que se propugna sin prueba ninguna, porque no puede tenerla, como antídoto contra el cáncer y la diabetes no es menos peligroso que hacer creer a la gente que puede volar. Sí, el tipo que se lance de un acantilado creyéndolo será culpable de lo que le pase. Pero quien lo convenció, algo de responsabilidad tendrá. Y es justamente de responsabilidad de lo que carece por completo Mercedes Milá.

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