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Bauzá y la credibilidad del PP de Casado

No son precisamente políticos como Bauzá los que sobran en el PP, ni los que ahuyentan al escarnecido votante liberal-conservador español.

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Pablo Casado insiste en proclamarse firmemente comprometido con que el PP recupere las señas liberal-conservadoras que tan clamorosamente fueron traicionadas durante la funesta etapa de Mariano Rajoy. La cuestión que cabe plantearse es si el joven líder popular ha llegado demasiado tarde, o si está acometiendo tal tarea con la suficiente energía y determinación.

El silencio que mantuvo Casado durante los años en que su partido se dedicó a hacer justo lo contrario de lo que el propio Casado promueve ahora no ayuda en su difícil labor de recuperación de la credibilidad del partido que durante tanto tiempo presidió Rejoy. Tampoco lo hace el episodio –afortunadamente efímero– en que el actual PP pretendió volver a pactar con el PSOE la composición del Consejo General del Poder Judicial; o su timorata aceptación de la injusta e ineficaz Ley contra la Violencia de Género"; o el no menos contraproducente protagonismo otorgado a Rajoy durante la convención de hace sólo unos días.

Dadas las inevitables servidumbres que exige la militancia en cualquier partido, no se puede esperar que Casado pida abiertamente perdón por lo que supuso para la derecha liberal-conservadora la nefasta figura de Mariano Rajoy Brey, durante cuyo Gobierno esa importantísima parte del electorado se quedó sin genuina representación parlamentaria. Ahora bien, una cosa es que Casado no se disculpe por la histórica desafección a los principios liberal-conservadores registrada en los años de Rajoy y otra muy distinta que otorgara a su predecesor un inmerecido protagonismo en la referida convención, que, para colmo, el expresidente aprovechó para pretender hacer pasar su falta de principios, determinación y carácter como encomiable oposición al "sectarismo" y a los "doctrinarios".

Aun así, todo lo anterior sería peccata minuta si Casado pasara cuanto antes de las palabras a los hechos en, por ejemplo, la lucha contra el nacionalismo. A este respecto, cabe señalar su compromiso –tantas veces traicionado por su partido– en defensa de la libertad de los padres a la hora de elegir la lengua de instrucción de sus hijos. En este asunto, se podrá reprochar al expresidente balear José Ramón Bauzá lo que ha tardado en abandonar una formación que hace tanto traicionó sus principios, o que no espere a ver si Casado ejecuta su prometido cambio de rumbo. Pero lo que no se puede cuestionar es su espléndido diagnóstico de un PP balear entregado a las directrices nacionalistas, y no sólo en matera lingüística.

La pusilánime inacción, rayana en la complicidad, del PP en lo relacionado con el derecho de todos los españoles a que a sus hijos se les enseñe en español hunde sus raíces en tiempos anteriores a Rajoy y no se circunscribe a las Baleares, sino que se extiende a todas las comunidades en las que impera, en mayor o menor medida, la inmersión lingüística en una lengua regional. Aunque la presidenta del PP de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig, se haya comprometido con la "libertad absoluta" de los padres para elegir colegio y lengua vehicular, no es este, desgraciadamente, el caso del presidente del PP balear, Gabriel Company, ni el del presidente de la comunidad gallega, Alberto Núñez Feijóo.

Tal vez Company pueda estar tan desafiantemente confiado como lo está Feijóo en que Vox no va a quitar votantes al PP en sus dominios. Pero si quiere que el PP tenga de nuevo credibilidad, Casado no puede permitirse que un político liberal como Bauzá engrose la lista de referentes populares que han dejado la política o bien se han marchado a otro partido.

Y es que no son precisamente políticos como Bauzá los que sobran en el PP ni los que ahuyentan al escarnecido votante liberal-conservador español.

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