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EDITORIAL

Casado va a necesitar a Vox

Casado está a tiempo de rectificar y de aprovechar la oportunidad. La cuestión es: ¿lo hará?

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Una cosa es que el PP de Isabel Díaz Ayuso haya obtenido en Madrid el 44,73% de los votos y 65 escaños (cinco veces más escaños que los obtenidos por Vox y siete escaños más que los que suman todos los partidos ubicados a su izquierda) y otra cosa, radicalmente distinta, que el PP de Pablo Casado esté en disposición de ganar unas elecciones generales y de poder alcanzar el Gobierno de la nación sin el acuerdo y el respaldo activo de la formación que lidera Santiago Abascal.

Si bien es cierto que existen algunas encuestas que ya sitúan al PP como el partido más votado en caso de celebrarse unas generales, no existe un solo sondeo que pronostique que Casado podría gobernar simplemente con la abstención de Vox. En este sentido, nada sería más lamentable que el hecho de que los magníficos resultados obtenidos por el PP en Madrid generaran en algunos tamaño espejismo de cara a unas elecciones generales.

Ayuso, que ha dado una desacomplejada impronta liberal-conservadora a su partido y acercado posiciones con Vox, con el que ha mantenido respetuosas relaciones y con el que pública y valientemente no descartó llegar a acuerdos si fuese necesario, es quien, de forma sólo aparentemente paradójica, se podría ahora permitir hasta cierto punto desdeñar a Vox, sin importarte las malas relaciones existentes entre las direcciones nacionales de ambos partidos. Pero quien desde luego no puede ni podrá permitirse el lujo de semejante error es Pablo Casado o cualquier otro dirigente popular que aspire a convertirse en presidente del Gobierno.

Si tiene el más elemental sentido de la realidad y el más mínimo deseo de convertirse algún día en presidente de Gobierno, Casado debe ser el principal responsable de recomponer las relaciones con un partido como Vox, con el que, más que el derecho, tiene el deber moral y político de entenderse. Relaciones que tuvieron su nadir no tanto en la pusilánime e indolente negativa de Casado a liderar la moción de censura contra el Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias como en el insultante discurso contra Abascal y su partido con el que aquel justificó su voto en contra de dicha moción, junto al PSOE, la extrema izquierda y los separatistas.

Hay quien parafrasea a Lord Palmerston y a De Gaulle al afirmar que en política no hay ni amigos ni enemigos eternos. Desde luego, lo que no debe continuar es el desencuentro entre las direcciones nacionales de PP y Vox, que, si bien tienen legítimas diferencias, son, en cualquier caso, mucho más pequeñas que lo que les une.

El partido de Casado, García Egea, Feijóo, etc. debe dejarse de insensateces, porque sólo desde la suicida asunción de la calumniosa propaganda izquierdista que ubica a Vox –partido perteneciente a la Internacional Conservadora– en el ámbito de la extrema derecha y del fascismo podría explicarse que Casado mantuviera la disparatada posición de rechazo a una formación con la que tiene toda la legitimidad democrática para llegar a acuerdos. En este sentido, nada más alejado de lo que el PP de Casado debe hacer, por su propio interés, es lo que ha hecho este martes en Cataluña, donde los separatistas, con la abstención popular, han logrado arteramente dejar sin senador a Vox.

Casado está a tiempo de rectificar y de aprovechar la oportunidad. La cuestión es: ¿lo hará?

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