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EDITORIAL

Racismo separatista y antisemitismo podemita

El único racismo que hay en España es el que predica el nacionalismo contra el resto de los españoles. Ese y el que destila Podemos contra los judios.

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Desde los tiempos del infausto Valentí Almirall, el racismo es un componente esencial del nacionalismo catalán. Ya en 1907 Francisco Jaume, autor de El separatismo catalán, denunciaba la demagogia de los nacionalistas y su insistencia en que catalanes y castellanos constituían "dos razas distintas", superior la de los primeros e inferior la de los segundos. "No han cesado de insistir en la presunta inferioridad de los catellanos", escribía Jaume. Y añadía: "Por efecto de esta inferioridad era inútil esperar que los castellanos pudiesen seguir nunca el impulso que nosotros, los catalanes, hemos dado al progreso de nuestra patria común; y (...) en consecuencia nosotros teníamos que perder siempre, habíamos de ser necesariamente las víctimas en este consorcio de ambos pueblos, y por ende (...) la separación pura y simple era lo que procedía. (...) nada les debíamos, (...) nunca los castellanos han hecho por nosotros, los catalanes, más que explotarnos".

Más recientemente, autores como Cesar Guarde-Paz, en Racismo y xenofobia en el nacionalismo catalán, o Francisco Caja, en La raza catalana, han hecho trizas ese mito piadoso según el cual el nacionalismo catalán tendría un carácter puramente cultural y lingüístico, limpio de excrecencias racistas, abierto a la diversidad y a la integración de los foráneos.

Valgan estas referencias bibliográficas para abordar la más reciente muestra de racismo que ha destilado el nacionalismo catalán por boca de la alcaldesa de Vich, quien este miércoles se ha permitido censurar en el Parlamento de Cataluña a los catalanes que se dirigen en castellano a las personas que "por su aspecto físico" no parezcan ser "catalanes autóctonos". Ya aclarará esta indeseable qué es lo que distingue a los catalanes del resto de los españoles y cuáles son los rasgos físicos que caracterizan a esa mitad de catalanes que tiene como lengua materna al castellano. Mientras tanto, solo cabe recordar que Quim Torra, que sigue detentando ilegalmente la Presidencia de la Generalidad, ya dio muestras insuperables de racismo al calificar a los españoles como "bestias carroñeras, hienas con una tara en el ADN".

Con todo, el colmo de la desfachatez y de la impostura ha sido la deposición en el Parlamento Europeo de la golpista prófuga y exconsejera de Educación Clara Ponsatí, que ha asegurado que los Reyes Católicos inspiraron a Adolf Hitler y que España "ha sustituido a los judíos por los catalanes para seguir practicando la intolerancia". Debe de estar aspirando esta cobarde a que alguna oscura agrupación supremacista le dé el Premio Goebbels a la Intoxicación más aberrante. Cómo proyecta y se retrata la hez separatista, sin la menor duda el peor enemigo que tiene Cataluña.

Lo cierto es que el único supremacismo que hay actualmente en España es el que exhiben los nacionalistas vascos y catalanes respecto del resto de los españoles, y que el antisemitismo corre por cuenta de ese tonto útil o compañero de viaje de los nacionalistas que constituye la extrema izquierda. Así lo ha denunciado la asociación Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM) tras la decisión tomada por más de 50 ayuntamientos gobernados por Podemos de no contratar con ninguna empresa, entidad u organización que sea israelí o tenga relación con el Estado judío.

Estos separatistas y esta izquierda siniestra, que viven de cebar el odio y de desinformar con saña, son el sostén del Gobierno del felón Sánchez. Como para dormir tranquilos.

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