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Extirpar el cáncer Eguiguren

No es extraño que Eguiguren se muestre inquieto. Un Gobierno del PP y una ciudadanía completamente contraria a sus tesis es una mala noticia para quien ha dedicado su vida política a buscar apaños con la banda terrorista y sus tentáculos.

EDITORIAL
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Pese al mensaje de práctica unanimidad política, la sociedad no se cree a ETA. La escenografía con los tres encapuchados y las palabras escogidas –"cese definitivo de la actividad armada"– recordaban demasiado a comunicados anteriores, que tantas esperanzas y decepciones concitaron. Así, no resulta extraño que la mayoría de los españoles, según el propio CIS, no confíe en que la banda armada haya dejado realmente las armas. Pero lo que resulta más incómodo para el PSOE, es que la encuesta deja claro que, a pesar de los años de propaganda,  muy pocos españoles son favorables a las concesiones a los terroristas.

Por ello no es extraño que Eguiguren se muestre inquieto. Un Gobierno del PP y una ciudadanía completamente contraria a sus tesis es una mala noticia para quien ha dedicado su vida política a buscar apaños con la banda terrorista y sus tentáculos en busca de una "salida negociada", es decir, una rendición del Estado de Derecho ante los criminales. De ahí que haya asegurado que el Gobierno sabe donde está cada miembro de ETA, pero no los detiene, y que todos los últimos pasos hasta llegar al comunicado estaban pactados.

Más tristes son sus palabras contra las víctimas del terrorismo, por más que sean propias de quien preferiría que se siguiera sacando a los muertos por la puerta de atrás de las iglesias, en lugar de reconocerles el papel esencial que durante los gobiernos de Aznar les reconocieron. Para Eguiguren las víctimas son un estorbo en sus planes, y como tales las trata.

Lo único que podría parecer sorprendente ha sido la energía con la que José Blanco ha intentado zanjar el debate negando toda credibilidad a quien sigue siendo presidente de su partido en el País Vasco y ha sido, desde hace décadas, la pieza esencial para las negociaciones entre el PSOE y ETA. Pero después de años de mentiras constantes sobre este asunto, ser claro y cortante no resulta un sustituto suficiente de la credibilidad perdida por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y su partido. De hecho, sólo el cese del propio Eguiguren, el principal muñidor de las negociaciones con ETA y su mayor símbolo tras el propio Zapatero, podría permitir al PSOE recuperar algo de crédito en esta materia.


 

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