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EDITORIAL

La demagogia y su efecto llamada

De nada servirá este refuerzo policial, como pasó con los anteriores, si está maniatado por los complejos del gobierno y la demagogia de la oposición

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Alrededor de quinientos subsaharianos han logrado entrar en la madrugada de este martes en Melilla en un asalto multitudinario a la valla que separa la ciudad autónoma de Marruecos. Además del enésimo asalto a la valla que se produce en los últimos meses, se trata del más exitoso desde 2005, momento en que se comenzó a contabilizar el número de ilegales que entraban a Ceuta y Melilla por este método.

A nadie debería extrañar esta escalada de la inmigración ilegal si tenemos en cuenta la acomplejada actitud del Gobierno y la desbordada demagogia de la oposición y de no pocos medios de comunicación ante los asaltos que se reprodujeron hace escasa semanas. Si en España se cuestiona el más mínimo uso de la fuerza para parar a quienes por la fuerza quieren cruzar nuestras fronteras, no nos debe extrañar que el número de subsaharianos que intentan y consiguen violar nuestras fronteras sea cada vez mayor.

Naturalmente que los pingües beneficios de las mafias de la inmigración ilegal se nutren de la desesperación de quienes quieren huir de la pobreza de esos países y naturalmente que el principal "efecto llamada" son los comparativamente espléndidos niveles de vida que hemos alcanzado los países occidentales. Pero no es menos evidente que Europa no puede absorber la ingente población que sufre la pobreza en África. Para asimilar y beneficiarse de la inmigración legal se ha de ser muy firme contra la inmigración ilegal.

Bien está, en este sentido, que el Ministerio del Interior haya decidido volver a reforzar el sistema de seguridad del perímetro fronterizo de Melilla con un módulo más del GRS de la Guardia Civil y dos unidades UIP de la Policía. Sin embargo, de nada servirá este refuerzo, como tampoco han servido los anteriores, si los agentes están maniatados por los complejos de un gobierno y la demagogia de una oposición que les impide el más mínimo uso de la fuerza –incluido el lanzamiento de pelotas de goma- para impedir los asaltos.

A ello se suma la demagogia de algunos medios de comunicación que llega, en algunos casos, a criminalizar y acusar a las mismas vallas de provocar heridas a los asaltantes, cuando es obvio que esas heridas se las causan a sí mismos los inmigrantes ilegales que se empeñan en entrar por un sitio precisamente diseñado para impedir el acceso.

En lugar de tratar a Cataluña como si fuese Crimea y un asunto exterior, ya podría el ministro de Exteriores dedicarse a tener constantes reuniones con Bruselas y el gobierno de Marruecos para intensificar la cooperación internacional, incluida la policial, para afrontar un problema que afecta a toda Europa y que toda Europa debe buscar solución.

Mientras esto no se haga y lo que impere sean los complejos y la demagogia, no nos extrañe que ya uno de cada dos inmigrantes que tratan de asaltar la valla lo consigan. Lo que nos debe extrañar es que no consigan asaltarla todos.

En España

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