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EDITORIAL

Leopoldo López: mil días de tortura a un demócrata ejemplar

España debe volcarse en contrarrestar la tóxica influencia del ominoso Zapatero, con su execrable cabildeo a favor del régimen criminal que detenta el poder en Caracas.

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España debe volcarse en contrarrestar la tóxica influencia del ominoso Zapatero, con su execrable cabildeo a favor del régimen criminal que detenta el poder en Caracas.
Web de Leopoldo López

Se han cumplido mil días desde que Leopoldo López, el principal líder de la oposición al chavismo, fue encarcelado injustamente por el régimen de Nicolás Maduro,en medio de una tremenda y sanguinaria oleada represiva. En el exalcalde de Chacao, presidente del partido Voluntad Popular, de filiación socialdemócrata, los bolivarianos liberticidas vieron y ven una formidable amenaza para sus planes totalitarios. Por eso lo tratan de la peor de las maneras.

López es un preso político que está dando al mundo una lección extraordinaria. Su inquebrantable voluntad de permanecer fiel a sus principios y sus constantes llamamientos al pueblo venezolano para que se enfrente a la dictadura chavista con la fuerza de la democracia otorgan a su enclaustramiento un valor especial que encandila a una gran parte de sus compatriotas y hacen las veces de piedra de toque de la consistencia política y moral de los países democráticos, así como de sus principales líderes y partidos, que tanto se llenan la boca con proclamas en pro de la libertad y los derechos humanos.

Aquí en España, la izquierda basura que tanto ha cebado el chavismo insulta al heroico López, y a todos los demócratas venezolanos, mientras se deshace en elogios hacia los peores tiranos del continente americano, empezando por el incompetente criminal que está devastando Venezuela. Con la infame complicidad de sus periodistas y medios de referencia, los neocomunistas braman contra el presidente electo de EEUU, al que cubren de denuestos y presentan como la gran amenaza para la Humanidad, mientras ensalzan a dictadores siniestros con las manos empapadas en sangre y las cuentas corrientes a reventar de sus inmensos robos, o callan o justifican con total desvergüenza sus peores desmanes, exhibiendo un servilismo repulsivo.

Si ningún país democrático debe mantenerse al margen de la lucha del heroico opositor venezolano, España tiene además una responsabilidad añadida, por razones históricas obvias y por contrarrestar la tóxica influencia ya no sólo de Podemos y demás ralea bolivariana, sino del ominoso José Luis Rodríguez Zapatero, con su execrable cabildeo a favor del régimen criminal que detenta el poder en Caracas.

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