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Lo poco que queda de España en el PSOE

Esta maniobra borraría del PSOE lo poco que le queda a este partido de izquierda comprometida con la defensa de la nación y de su Estado de Derecho

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No por tardía debe dejar de ser aplaudida la decisión de la ex secretaria de Estado y ex portavoz parlamentaria del PSOE, Soraya Rodríguez, de abandonar su partido ante la nada ocultada disposición de Pedro Sánchez de volver a pactar con los separatistas y la extrema izquierda podemita si esta volviese a ser la única forma de mantenerse en el gobierno. Como bien ha señalado Rodríguez en la carta que ha enviado a la dirección de su partido, "hacer depender de nuevo la gobernabilidad del país del independentismo que ha iniciado una operación de acoso y demolición del Estado de Derecho y de la Constitución, tendría consecuencias muy negativas para nuestra democracia".

Ciertamente, aunque la operación de acoso y demolición de nuestro ordenamiento jurídico en Cataluña por parte de los nacionalistas no es de ahora sino que se remonta a 2012, Soraya Rodríguez fue crítica desde el primer momento con la idea de Sánchez de desbancar a Rajoy con la ayuda de quienes, como los separatistas, no buscan la gobernabilidad del pais sino la demolición de nuestra nación y de su Estado de Derecho.

Han sido, en este sentido, muchas las voces críticas en el seno del PSOE, empezando por la de Felipe González o Alfonso Guerra, que han criticado estas alianzas del PSOE con fuerzas tan abiertamente antisistema, alianzas que no establece ninguna otra formación socialdemócrata en ninguna parte del mundo. Sin embargo, han sido pocos los políticos socialistas que han dado el paso de darse de baja del partido, tal y como han hecho por ejemplo el ex ministro Corcuera o, ahora, la propia Rodríguez. Semejante deriva va a provocar que el Partido Socialista siga perdiendo votantes a favor de Ciudadanos, si bien Pedro Sánchez está convencido –no sin buenas razones- de que esta pérdida de votantes va ser compensada con creces con el trasvase de votantes de Podemos al PSOE e incluso con los votantes de formaciones nacionalistas que sean conscientes de que no hay nada mejor para sus intereses que una persona como Pedro Sánchez siga siendo presidente del gobierno sin otro sostén posible que el de las formaciones partidarias de la autodeterminación como Podemos o los propios separatistas.

Aunque la corrección al sistema proporcional que impone la formula D’Hondt y la dispersión del voto a la derecha de los socialistas favorecen las pretensiones de Sánchez, es evidente que esta maniobra borraría del PSOE lo poco que le queda a este partido de izquierda comprometida con la defensa de la nación y de su Estado de derecho. Por el contrario el PSOE, a pesar de sus engañosas siglas, sería el catalizador de todas las formaciones que quieren ver balcanizada a nuestra nación.

Dado que Sánchez está entregado a esta operación, más por nihilista apego al poder que por convicción propia, lo único deseable ante la indeseable perspectiva de que el PP, Cs y Vox no pudiesen desbancarlo es que Ciudadanos tuviera capacidad de evitar, al menos, que Sánchez siguiera en el poder sometido al dictado de quienes, como los golpistas que hoy se sientan en el banquillo del Tribunal Supremo, sólo aspiran a la demolición de nuestra nación y de nuestro Estado de derecho.

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