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EDITORIAL

Madrid: elecciones trascendentales

La izquierda pretende adueñarse de Madrid cueste lo que cueste y caiga quien caiga.

El domingo comienza la campaña de las elecciones autonómicas de Madrid, una campaña crucial, de una importancia absoluta para la Nación. Se enfrentan dos modelos, dos maneras de entender la política, la economía, la sanidad, los servicios, la cultura y, en definitiva, la sociedad. Por un lado, el modelo liberal-conservador que representan el PP de Isabel Díaz Ayuso y Vox, cuya cabeza de cartel es Rocío Monasterio. En los dos últimos años, y sobre todo durante la pandemia, los madrileños han tenido ocasión de comprobar los efectos de las políticas de Ayuso, que han reforzado la pujanza económica, social y cultural de Madrid mientras, por ejemplo, Cataluña se despeñaba por culpa de los separatistas, grandes aliados del Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez y el Podemos de Pablo Iglesias, aspirante ahora a desbancar a la popularísima Ayuso.  

El Gobierno madrileño ha tratado de aprovechar todas las oportunidades que se le han presentado para salvaguardar los derechos sociales y sanitarios de la ciudadanía; de los autónomos, los emprendedores, los asalariados, los empresarios. El Ejecutivo de Díaz Ayuso se ha afanado por estar a la altura de las durísimas circunstancias, por actuar con urgencia y diligencia, huyendo de las polémicas estériles y dando muestras de un nervio y fuste superiores a los del Gobierno de Sánchez e Iglesias, tan incompetente, tan liberticida.

Madrid presenta unos datos económicos y fiscales muy superiores a los de otras comunidades de España, y no es porque incumpla las leyes o porque sea, como pretenden los separatistas intoxicadores, así como sus semejantes socialistas y comunistas, un paraíso fiscal para las grandes fortunas. La fiscalidad de la región se atiene a la legalidad. Ocurre que, con las mismas herramientas, en Madrid hay un Gobierno regional que cumple sus funciones y obligaciones, mientras que en otras autonomías con ínfulas de naciones lo que hay son élites extractivas y parasitarias. 

El modelo contrario es el que representan las izquierdas, PSOE, Más Madrid y Podemos, con propuestas tributarias confiscatorias, políticas anticuadas, superadas y en algunos casos hasta criminales, con referentes obsoletos, que desprecian el esfuerzo y el mérito, que empobrecen, que fracasan con sus subsidios, que limitan, constriñen, anulan y prohíben, que coartan la libertad, desprecian la iniciativa privada, encarecen y deterioran los servicios públicos y provocan inseguridad ciudadana y jurídica, así como inestabilidad política, precariedad laboral y decadencia económica, social y cultural.   

Los tres partidos de izquierda no van a dudar en emplear todos los medios a su alcance para convertir la campaña en un escorial. No tendrán reparos a la hora de mentir, difamar, amenazar e incitar a la violencia contra la derecha, como hace abiertamente Podemos. Medios de comunicación y recursos públicos como el CIS van a estar al servicio de la intoxicación, la agitación y la mentira. Ángel Gabilondo, el candidato socialista, ya se ha retratado al decir, por ejemplo, que en Madrid hay más probabilidades de morir por coronavirus que en otras partes de España. Sánchez ha ido en la misma línea. Han demostrado sobradamente que no tienen escrúpulos. Los mismos que han ocultado las muertes de más de cien mil compatriotas acusan a Díaz Ayuso de la falta de medios provocada por la incompetencia de personajes como Salvador Illa, el exministro de Sanidad. Por no hablar de Pablo Iglesias, que tras asumir la responsabilidad sobre las residencias de ancianos las abandonó a su suerte sin mirar atrás. 

La campaña será un campo de minas para PP y Vox. La izquierda pretende adueñarse de Madrid cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Sólo una gran movilización del electorado de centro-derecha puede evitar una catástrofe de incalculables consecuencias. Madrid es ahora mismo la región que expresa la esperanza para salir de la crisis del coronavirus en mejores condiciones y más unidos, como un país sin fisuras y solidario, con un futuro por delante ajeno a las tensiones separatistas y a las recetas económicas y sociales caducas de la izquierda. 

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