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EDITORIAL

Marlaska protege a los gorilas de Iglesias

Marlaska ha degradado la cartera de Interior hasta extremos impensables hace muy pocos años. El ministerio se ha convertido en un comisariado político.

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El ministro del Interior ofrece cada semana un nuevo motivo para exigir su dimisión. El último de ellos es la ocultación de que dos de los energúmenos que agredieron salvajemente a los asistentes a un mitin de VOX en Vallecas y a la policía hace quince días son empleados de Podemos al servicio de Pablo Iglesias, circunstancia que Grande Marlaska conocía perfectamente pero decidió tapar para no perjudicar a sus socios de Gobierno en plena campaña de las elecciones madrileñas.

Más aún, mientras Interior tramitaba el arresto de los dos gorilas a las órdenes del potentado chavista, el ministro participaba activamente en la bochornosa campaña victimista de la izquierda que trata de responsabilizar a VOX y el PP de las amenazas ficticias sufridas por los candidatos izquierdistas.

En el contexto de esa campaña de agitación para convertir a VOX y el PP en partidos fascistas partidarios de la violencia, Grande Marlaska llegó a tachar al PP de "organización criminal" y aseguró que el partido de Díaz Ayuso no había realizado "una condena real" de las pintorescas amenazas que habían llegado al ministerio. Pero para que esa estrategia de criminalización del adversario fuera efectiva era imprescindible silenciar que los esbirros de Iglesias estaban detrás del apedreamiento a los asistentes a un mitin de VOX, algo que Grande Marlaska ocultó con una desvergüenza impropia del máximo responsable de la seguridad de todos los españoles.

Marlaska ha degradado la cartera de Interior hasta extremos que no hubiéramos creído hace muy pocos años. Con él al frente, el ministerio se ha convertido en un comisariado político al servicio exclusivo de Sánchez e Iglesias, dos fanáticos izquierdistas capaces de todo para mantener el poder. Así lo demuestran los traslados injustificados de los terroristas más sanguinarios al País Vasco o la destitución del coronel Pérez de los Cobos por negarse a revelarle el contenido de un informe policial, una decisión que la Audiencia Nacional ha considerado ilegal por su clamorosa arbitrariedad.

La ocultación del vínculo de los esbirros de Iglesias con la violencia callejera desatada en plena campaña electoral es solo el último de los escándalos que salpican a un ministro indigno, cuya presencia al frente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es un riesgo para la seguridad de todos los españoles y una auténtica vergüenza nacional.

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