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PSOE: ¿la renovación era esto?

El PSOE parece no tener remedio, ser un mastodonte decrépito que sin saber siquiera dónde va da peligrosos tumbos. Peligrosos para sí mismo y, lo grave, para la Nación.

EDITORIAL
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El PSOE ha celebrado este fin de semana un congreso que de extraordinario sólo ha tenido el nombre. Si es que no queremos calificar así el empeño socialista en suicidarse, que ciertamente puede considerarse fuera de lo normal.

La sensación de patética impotencia que transmite el otrora todopoderoso gran partido de la izquierda es impresionante: celebran un congreso extraordinario para dar visibilidad al cambio que llevan voceando desde la campaña por las primarias y luego lo que paren es un ratón en forma de Ejecutiva apañada por José Blanco y Susana Díaz, o sea el PSOE de Zapatero y el de la Andalucía profunda, caciquil, hipercorrupta, infradesarrollada. ¿La renovación era esto? Sería para echarse a reír si no fuera para enrojecer de vergüenza ajena.

Y qué decir de Pedro Sánchez, al que unos y otros ni se molestan en tratarle como lo que en teoría es, el líder del partido. Es un pelele que, precisamente por serlo, puede tornarse especialmente peligroso si para tratar de demostrar la independencia que jamás tendrá decide despeñar al PSOE por el barranco del populismo ultraizquierdista o uncirlo al yugo del abominable PSC. O del PSE del tóxico Eguiguren.

El PSOE parece no tener remedio, ser un mastodonte decrépito que sin saber siquiera dónde va da peligrosos tumbos. Peligrosos para sí mismo y, lo grave, para la Nación, que necesita que otra izquierda sea posible. No la de IU y Podemos sino la que podría representar UPyD, con sentido de Estado, coraje y ningún complejo para hacer frente a la marea liberticida que se está generando en el lado siniestro del espectro político.

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