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Eduardo Goligorsky

Cóctel de timos a granel

Ni los españoles ni los catalanes merecemos padecer este triste final que nos excluye de la vida civil.

Eduardo Goligorsky
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El diputado de ERC JoanTardà bromea con el candidato número dos al Congreso, Gabriel Rufián | EFE

El timo de los dos millones de catalanes partidarios de la independencia se ha consolidado como un mantra, hasta el punto de que incluso críticos implacables del procés permiten que se cuele en sus argumentos. Así, el riguroso historiador Josep Maria Fradera amonesta que "en una democracia que aspira a crecer, dos millones de ciudadanos no pueden ser excluidos de la vida civil" ("La paz civil y la transacción necesaria", El País, 27/4). Ni son dos millones -aunque hayan podido serlo en alguna etapa de la apelación pirómana a los bajos instintos de la gente- ni es cierto que la sociedad catalana esté dividida en dos mitades. Es innegable que existe un núcleo duro supremacista, con focos fanáticos en algunas localidades blindadas contra la presencia del pensamiento libre, pero se trata de una minoría inculta distanciada del talante civilizado de la mayoría de los catalanes.

Hablaron las urnas

El 28-A hablaron las urnas en una votación ejemplar, sujeta al imperio de la ley, muy distinta de las chirigotas que los secesionistas organizan periódicamente en las condiciones más propicias para el fraude y la violación de los derechos cívicos. Y el resultado desbarató una vez más el timo de los dos millones y las dos mitades.

Después de movilizar hasta el último somatén de sus huestes, Esquerra Republicana de Catalunya, JxCat y el Front Republicà sumaron 1.626.000 votos, el 39% de los sufragios emitidos y el 31 % de los 5.350.000 inscriptos en el censo. "Los separatistas han perdido", sentencia sin complejos José García Domínguez (LD, 1/5). O sea que si se obedeciera el mandato de las urnas, la sociedad catalana debería estar a salvo de la ofensiva depredadora. Pero no es así.

Los medios de comunicación y las redes sociales que prestan servicios al conglomerado sanchista-entreguista, chavista-leninista y supremacista-identitario ocultan estos datos desmitificadores y ponen todo el énfasis en otros timos amañados para decorar el engañabobos: las mayorías (muy relativas) del PSOE sanchista, de la ERC junquerista y del PSC icetista son presentadas como las pruebas de que hemos entrado en la era del diálogo, la moderación y el pragmatismo. Por consiguiente, predican los timadores, hay que seguir apoyando a los protagonistas del mamarracho histórico que padecemos.

Llevan la batuta

No nos dejemos engañar de nuevo. Con el 24,32% de los votos emitidos en Cataluña, los secesionistas contumaces de ERC llevan la batuta en el simulacro de diálogo. "El resultado que anhelaba Esquerra", escribe la siempre alerta Lola García (LV, 29/4). También el vidente Francesc-Marc Álvaro le augura un futuro feliz a la prole del concubinato ERC-PSC ("ERC y una nueva centralidad", LV, 29/4):

A pesar de la polarización general en el tablero español, es digno de subrayar que los dos partidos más votados en el tablero catalán -ERC y PSC- han emitido mensajes de moderación, algo que nos da muchas pistas sobre la nueva centralidad de la Catalunya política.

¿Otra pista, pero en sentido contrario al timo de la centralidad? El "acuerdo estratégico" entre EH Bildu y ERC que Arnaldo Otegi y Marta Rovira firmaron -¿con sangre?- en Ginebra (Kepa Aulestia, "Independentismo en Madrid", LV, 30/4), desenmascara por enésima vez el maridaje entre la tribu catalana de Junqueras y la casquería post etarra de Otegi, que -¡ojo!- compartirán papeleta en las elecciones europeas. De moderación y centralidad, nada. Otro timo.

Demagogo sin escrúpulos

Por supuesto, cuando calculo los porcentajes de votos del independentismo catalán, no incluyo los del PSC. Sería injusto y agraviante insinuar que los ciudadanos que depositaron en la urna la papeleta del PSC lo hicieron pensando que favorecían la ruptura. Todo lo contrario: votaron imaginando que Pedro Sánchez cumpliría sus tardías promesas de decir no al referéndum y a la independencia, y de respetar la Constitución. Lo cual demuestra que a un demagogo sin escrúpulos, con una larga carrera de embustes, trapicheos torticeros y alardes guerracivilistas en su currículo, le resulta fácil engatusar a la buena gente, haciéndole olvidar sus desafueros. Es tan hábil, que ni siquiera se descubren sus malas artes cuando a su palanganero Miquel Iceta se le va la lengua y promete indultos para los imputados por rebelión y fija plazos y porcentajes para la manoseada independencia. Sin embargo, la vocación balcanizadora está explícita en el programa del PSOE (LV, 16/4):

Se aspira a una definición más precisa de los aspectos identitarios, históricos, culturales, políticos y lingüísticos, así como a una organización institucional y territorial adaptada a las peculiaridades de cada comunidad en cuanto no afecte el funcionamiento de otros territorios.

Adelante con el desguace. "España es inequívocamente plurinacional, como demuestran los resultados en Catalunya y Euskadi", clama el cacique Pablo Iglesias, ariete del gobierno de coalición frentepopulista que exige formar ya mismo, sin remilgos ("Gobierno estable y de izquierdas", El País, 1/5). Un contubernio con el sello dictatorial y empobrecedor del chavismo que, en caso de madurar, obligará a los españoles a hacer acopio de velas y agua potable para sobrevivir cuando se corte la luz, como en Venezuela.

Otra falsa mayoría

Pero el mismo Iglesias reconoce que están operando sobre la base del timo de otra falsa mayoría, cuando en realidad van a la zaga de los constitucionalistas:

El PSOE ha obtenido 7,5 millones de votos y un 28,7 %. Nuestro 14,3 % sitúa a las formaciones progresistas (sic) de ámbito estatal en el 43 % de los votos, casi a la par en votos respecto a las derechas.

Y el funambulista Antoni Puigvert termina de hurgar en las entrañas de este timo ("Trompe l´oeil", LV, 1/5):

El PSOE ha cosechado unos resultados tan brillantes como engañosos. En el lenguaje artístico, el mapa de España pintado de rojo equivaldría a un trompe l´oeil o trampantojo: una obra pictórica que simula una realidad inexistente. El mapa pintado de rojo engaña la mirada. Sumando las tres derechas se observa que están solo tres puntos por debajo de lo que PP y Cs obtuvieron la pasada legislatura. No hay hegemonía de izquierdas.

Todavía hay tiempo

Todavía hay tiempo hasta la segunda vuelta del 26-M. El cambalachero de escaños seguirá negociando con la hez de la política española para asegurarse la investidura. Con los chantajistas empedernidos del supremacismo endogámico; con los hijos putativos de Lenin, Chávez y Laclau; con los bilduetarras; y con cualquier subastador de escaños aprovechables.

En el comienzo de este artículo cité una exhortación que contenía una cifra tergiversada de secesionistas catalanes, calculada erróneamente en dos millones. La repito corregida para aplicarla en defensa de la mayoría de catalanes sometidos a la dictadura de la minoría antiespañola y, por lo tanto, antieuropea. Nueva versión: en una democracia que aspira a crecer, 3.724.000 ciudadanos (5.350.000 del censo - 1.626.000 votantes secesionistas) no pueden ser excluidos de la vida civil. ¿Está claro? Si es justo preocuparse por los derechos de 1.626.000 partidarios de la secesión que al fin y al cabo tienen la sartén por el mango, lo es con más razón reivindicar la igualdad de los 3.724.000 ciudadanos sometidos a la legislación discriminatoria del politburó tribal…

Ni los españoles ni los catalanes merecemos padecer este triste final que nos excluye de la vida civil después de haber disfrutado durante cuarenta años, con los lógicos altibajos, de un régimen monárquico parlamentario, justo y democrático. Sí, todavía hay tiempo. Sobre los partidos orgánicamente constitucionalistas, y sobre el remanente socialdemócrata del viejo PSOE hoy devorado por la carcoma sanchista que urge fumigar, recae la inmensa responsabilidad de evitar que una pandilla de felones de ideologías muy diversas, pero igualmente totalitarias y venales, convierta España en el enfermo de Europa.

PS: Los falsarios del sanchismo se jactan de haber cosechado una plétora de votos mediante su política de conciliación desinflamatoria, que los induce a decir que llueve cuando los supremacistas étnicos les orinan encima. Esta táctica de apaciguamiento en el trato con los bárbaros siempre ha sido electoralmente rentable porque encandila a las masas. Stefan Zweig cuenta en su libro autobiográfico El mundo de ayer lo que sucedió cuando el primer ministro británico Neville Chamberlain regresó de Munich en 1938, después de entregar los Sudetes checoslovacos a Adolf Hitler en aras de la paz:

Si la gran masa de Londres hubiera sabido la hora exacta de la llegada de Chamberlain en la mañana de su regreso de Munich, centenares de miles de personas habrían invadido el aeródromo de Croydon para saludar y vitorear al hombre que, según creíamos todos en aquel momento, había salvado la paz de Europa y el honor de Inglaterra. Por la noche ya se pasaba la escena en los cines, la gente saltaba en los asientos, gritando y vitoreando, casi abrazándose.

El apaciguamiento de los bárbaros insaciables fue la señal de largada para la Segunda Guerra Mundial. Aprendamos la lección.

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