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Eduardo Goligorsky

Cuatro millones de víctimas

Una minoría compuesta por los votantes de ERC, JxCat y CUP, el 26% del censo, puede condenar a la ruina a los restantes cuatro millones de catalanes que no comparten sus delirios.

Eduardo Goligorsky
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Una minoría compuesta por los votantes de ERC, JxCat y CUP, el 26% del censo, puede condenar a la ruina a los restantes cuatro millones de catalanes que no comparten sus delirios.
La Plaza de Urquianona, en la gran manifestación proespañola del 8 de octubre de 2017. | Olivia Moya

Leo con desconsuelo los resultados de las elecciones del 14-F en Cataluña. Busco explicaciones racionales para esta hecatombe en los comentarios de editorialistas y opinadores. Encuentro justas críticas a los errores de las cúpulas de los partidos constitucionalistas y cálculos aventurados sobre las posibles combinaciones espurias de escaños en el Parlament para formar un Gobierno regional contra natura. Pero echo en falta un dato que juzgo de capital importancia: aquí ha habido 4.000.000 de víctimas.

Minoría ínfima

Me explico. Una minoría compuesta por los votantes de ERC, JxCat y CUP, que suman 1.358.000 sufragios –un 26 % de los 5.500.000 inscriptos en el censo–, puede condenar a la ruina a los restantes 4.000.000 de ciudadanos que no comparten sus delirios. Un cálculo elemental que pulveriza las apelaciones del cenobita Junqueras a la “vía ancha” para la república independiente con una cuota de apoyo superior al 50%. Ningún malabarismo aritmético los aproxima ni remotamente a ese porcentaje.

Esta minoría ínfima promete repetir todos los vicios que convirtieron la anterior legislatura en una bomba de relojería anticonstitucional y antiespañola. Con el agravante de que los 4.000.000 de víctimas del supremacismo vegetarán desprovistas de una representación suficiente en el Parlament. El papel de oposición lo desempeñará el PSC, que es una filial del contubernio sanchi-comunista de la Moncloa, cuyos vasos comunicantes con ERC y Bildu lo despojan de credibilidad como defensor de la Cataluña española.

Es imposible prever las concesiones que ERC arrancará a sus patrocinadores entreguistas. No han transcurrido 24 horas desde el cierre de los comicios cuando el gurú Enric Juliana remata su columna profetizando: “Vienen indultos” (LV, 15/2). Y el clamor del bloque subversivo no deja espacio para fantasías dialoguistas: amnistía, referéndum, autodeterminación ya mismo.

Porvenir tenebroso

El porvenir para los 4.000.000 de ciudadanos marginados del trapicheo no podría ser más tenebroso. ¿Alguien imagina al complaciente Salvador Illa poniendo obstáculos a la embestida del monstruo de Frankenstein? Todo lo contrario. Transará con la minoría antiespañola y pactará con ella la continuidad del régimen rupturista que impera en Cataluña, y que monopoliza los medios de comunicación públicos para el adoctrinamiento de las masas, proscribe el castellano en la enseñanza y en las instituciones, malversa y despilfarra el presupuesto en beneficio de la clientela adicta y envía emisarios a otros países y centros de poder para sembrar cizaña contra su propia patria.

Si este proceso –el esperpéntico procés– culminara con éxito para sus perpetradores, el resultado iría más allá de la secesión de España. Desembocaría en el Catexit, la salida de Cataluña de la Unión Europea. Y basta observar lo que sucede en el Reino Unido tras el Brexit para vislumbrar la suerte que correrían los catalanes perdidos en el espacio exterior. Ya no serían solo 4.000.000 las víctimas, sino los 7.500.000 habitantes de Cataluña. Al tiempo.

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