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El otro huevo

Si bien nazismo y comunismo están emparentados, puede ser fatal confundirlos a la hora de bloquear sus respectivas incubaciones.

Eduardo Goligorsky
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Me sorprendió que María Dolores de Cospedal, mujer inteligente y política avezada, cometiera el error garrafal de calificar a los escrachadores de "nazis". No sólo consiguió que la progresía se le echara encima por haber incurrido en la banalización de una ideología aberrante, sino que desvió la atención del verdadero prontuario truculento de este exótico fenómeno belicoso que es el escrache.

Sí, la sociedad debe precaverse contra la incubación del huevo de la serpiente nazi. Pero en este caso la dirigente del PP olvidó que existe otro huevo, el de la serpiente comunista, cuya peligrosidad quedó demostrada a lo largo de la historia, y olvidó asimismo que si bien los dos están emparentados dentro de la misma matriz totalitaria, puede ser fatal confundirlos a la hora de bloquear sus respectivas incubaciones.

El monopolio del mal

Es cierto que la reacción de la progresía no habría sido menos virulenta, y probablemente habría sido aun peor, si hubiera puesto el dedo en la llaga comunista. La progresía sí se siente autorizada a tildar de nazi, facha o maccarthista a cualquiera que no se ciña a sus esquemas. Pero el temor a despertar las iras de estos guardianes de la corrección política no autoriza a confundir el huevo de una serpiente con el de otra. Jean-François Revel fue implacable con quienes se esforzaban por no herir la sensibilidad de los comunistas atribuyendo a los nazis el monopolio del mal.

Así, denunció en La gran mascarada (Taurus, 2000):

Los negacionistas pronazis son sólo un puñado. Los negacionistas procomunistas, legión. En Francia hay una ley (la Ley Gayssot, nombre del diputado comunista que la redactó y que, como se puede comprender, sólo ha mirado los crímenes contra la humanidad con el ojo derecho) que prevé sanciones contra las mentiras de los primeros. Los segundos pueden negar con total impunidad la criminalidad de su campo preferido.

El libro Fascismo y comunismo (Fondo de Cultura Económica, 1998) reúne las cartas que intercambiaron el politólogo francés François Furet y su colega alemán Ernst Nolte con la intención de desentrañar las semejanzas y diferencias que existían entre el nazismo, abordado como variante del fascismo, y el comunismo. Es un libro valioso no sólo por lo que revela acerca del origen y la evolución de ambos movimientos, sino por lo que enseña acerca de la altura, el respeto y la riqueza de información con que dos intelectuales de talla excepcional resuelven sus diferencias. Escribió Nolte:

También comparto su explicación del privilegio del que goza en la opinión pública el comunismo en cuanto a su adversario más encarnizado, pero querría formular, al respecto, una pregunta: ¿no debería juzgarse más severamente un movimiento cuyas intenciones pueden ser calificadas de suaves y que, en realidad, en todas partes donde se impuso por la violencia provocó una cantidad gigantesca de víctimas, más severamente, digo, que un partido cuyas intenciones de entrada deben calificarse de nocivas?

Más claro, imposible: el comunismo enarboló la bandera de la justicia universal y del internacionalismo, y utilizó a quienes se dejaron seducir por tan nobles ideales para imponer un régimen de opresión, terror y expansión imperialista, en tanto que el nazismo, o nacionalsocialismo, prometió esclavizar y exterminar a las que calificaba como razas inferiores mientras afianzaba su dominación sobre el mundo entero, y no ahorró atrocidades para cumplir lo prometido.

En todo caso, quienes tienen más afinidades con el nacionalsocialismo no son nuestros alborotadores antisistema, sino quienes fundan su proyecto político sobre la mitificación de falacias históricas y sobre la sublimación de la identidad atávica. Aunque estas afinidades tampoco autorizan a hacer extrapolaciones arbitrarias e injustas: en España, los nacionalistas identitarios estimulan los sentimientos irracionales y la disciplina totalitaria, pero están en los antípodas de los genocidas y los nazis. Más que pánico, inspiran vergüenza ajena.

El gurú reciclado

En mi artículo "La serpiente ha resucitado" me ocupé de ese otro huevo, el de la serpiente comunista. Me remonté a un tríptico de Izquierda Unida patrocinado por el inefable Julio Anguita y la posteriormente ministra zapaterista Rosa Aguilar, que, titulado "Pon voz a tu voto" (La Vanguardia, 5/11/1996), invitaba a afiliarse a "estudiantes, rockeros, socialistas, lesbianas, okupas, porreros, amantes del piercing, inmigrantes, homosexuales, artistas, republicanos", y también a insumisos, parados, punkies, trabajadores y revolucionarios.

En ese mismo artículo citaba la apuesta del impenitente ideólogo del terrorismo italiano, Toni Negri, por la oclocracia, que el diccionario de la RAE define como "el gobierno de la muchedumbre o la plebe". Dejando de lado a la plebe, que no reviste ninguna utilidad práctica para la élite que sigue las enseñanzas de Negri, queda la muchedumbre, o la multitud, como la bautiza canónicamente el gurú reciclado, para servir como punta de lanza tumultuosa y descerebrada en la cruzada contra el sistema, o el imperio, como él lo llama. Escribe Negri en Imperio (Paidós, 2002):

La acción de la multitud se hace principalmente política cuando comienza a enfrentarse de manera directa y con una conciencia adecuada a las operaciones represivas centrales del imperio. Se trata de reconocer y abordar las iniciativas imperiales y no permitirles restablecer continuamente el orden; se trata de cruzar y violar los límites y las segmentaciones impuestos sobre la nueva fuerza laboral colectiva; se trata de reunir estas experiencias de resistencia y empuñarlas concertadamente contra los centros nerviosos del mando imperial.

Es cierto que este engendro podría haber salido del huevo de la serpiente nazi, porque así se gestaron las huestes del hitlerismo. Pero la sustancia de Negri y sus catecúmenos está en el otro huevo, el comunista. Él mismo lo explicó (El País, 27/10/2001):

Pese a todo, la soviética, con sus aspectos orientales, con su tradición zarista, con su totalitarismo, era una gran corriente de civilización. Pese a todo, Stalin logró hacer avanzar a la URSS en términos de productividad. A niveles que los talibanes no han logrado (sic).

Una figura tentadora

Para bien o para mal, dentro de este huevo se están incubando varias crías y todavía es temprano para prever si se confabularán contra nuestra civilización o se devorarán las unas a las otras obedeciendo a su instinto básico. Ada Colau, rostro visible de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), es una figura tentadora sobre la que llueven los piropos. Izquierda Unida le hace guiños, pero los comunistas siempre aspiran a llevar la batuta para que los demás marquen el paso al compás de sus dogmas.

Ahí está Cayo Lara, que, privado del maná que llovía de la disuelta URSS o de la neocapitalista China, debe resignarse a masticar los detritos ideológicos que dejan tras de ellos los hermanos Castro y el difunto Hugo Chávez.

El Auditorio Marcelino Camacho de Comisiones Obreras fue, como ya he recordado, el templo donde Cayo Lara, el ubicuo socialista Pedro Zerolo y el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, se deshicieron en elogios al sátrapa venezolano y a sus mentores cubanos. No concurrió al acto, pero sí envió un mensaje de adhesión, otro de los personajes que surfean sobre la ola antisistema: la monja benedictina Teresa Forcades, doctora en medicina y detractora de esos frutos de la conspiración farmacéutica que son, a su juicio, las vacunas.

En el libro Diálogos con Teresa Forcades, la monja, entrevistada por Eulàlia Tort, dedicó un panegírico al histriónico caudillo tropical, cuando este aún vivía:

He visto varias entrevistas suyas que me hacen sentir un gran respeto por él. Creo que, actualmente, no hay ningún líder europeo que tenga la cultura que tiene Hugo Chávez (...) Es consciente de que no sabe que es, en realidad, el nuevo socialismo que él propugna, pero lo que es seguro es que el sistema neoliberal debe ser desmantelado con urgencia (...) Hugo Chávez es un símbolo de esta revolución (...) Creo que está haciendo un bien inmenso a su país y al mundo.

Es hora de que la señora De Cospedal deje que el huevo de la serpiente nazi se pudra en su madriguera y enfile su artillería dialéctica contra el otro huevo que se está incubando. Las encuestas pronostican el aumento de votos de Izquierda Unida o Izquierda Plural o como se llame hoy la fachada del Partido Comunista Español. Este aumento no representa, todavía, ningún peligro, pero la experiencia enseña que se trata de una minoría capaz de hacer mucho ruido y de montar muchos escándalos con su agit prop, sus escraches y la colaboración de su séquito de tontos útiles.

Teresa Forcades y Arcadi Oliveres, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de la entidad católica Justícia i Pau, ya han organizado su propio carnaval antisistema, y reciben cálidos mensajes de los comunistas y de los secesionistas catalanes, con los que tienen un parentesco próximo. Ada Colau y Cayo Lara están al acecho. Y Baltasar Garzón se entrena en el ruedo de la cleptocracia kirchnerista, a la que presta asesoramiento. El otro huevo está maduro.

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