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Eduardo Goligorsky

El sueño hecho realidad

No sobra nadie en esta contienda contra el Leviatán comunista y sus apéndices antiespañoles.

Eduardo Goligorsky
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Eduardo Goligorsky - El sueño hecho realidad
EFE

El 12 de febrero del 2016 publiqué en Libertad Digital un artículo titulado "La perdiz mareada", con un inciso subtitulado "Tuve un sueño". No pretendo atribuirme dotes premonitorias ni poderes sobrenaturales para hacer realidad mis sueños, que entonces no eran más que un reflejo de deseos quiméricos, pero se ha producido un cambio estimulante que me invita a reproducir el inciso. Helo aquí:

Tuve un sueño

No sé si el empleo de la metáfora de la perdiz mareada terminó por marearme a mí. Lo que sí sé es que anoche me acosté atribulado porque los desencuentros entre los partidos políticos democráticos ponen en peligro la gobernabilidad, la cohesión y la paz social de España, y tuve un sueño. Tuve un sueño en el que se me apareció una multitud abigarrada como la que aclamó el "I Have a Dream" de Martin Luther King frente al monumento a Abraham Lincoln. Pero no estábamos en Washington. Tampoco los congregados se parecían a los seguidores de King. El entorno y la concurrencia me decían que estábamos en algún lugar de España. Sobre el escenario dos hombres dialogaban frente a un micrófono. Los unía el hecho de que cada uno de ellos pasaba un brazo sobre los hombros del otro. No oía lo que decían porque en sueños, como en la vida real, me perseguía mi incipiente sordera. Solo captaba algunas palabras que además leía en el movimiento de sus labios.

"Solidaridad", decían. "Convivencia", decían. "Igualdad", decían. "Justicia", decían, "Libertad", decían. "Unidad", decían. "Españoles", decían.

¡Qué bien hablaban Felipe González y José María Aznar –porque eran ellos– unidos, abrazados, en el Edén onírico! Si se hiciera realidad la alianza soñada de los dos curtidos guías y guardianes de la Transición injustamente hibernados, nos darían el testimonio definitivo de su compromiso patriótico con la sociedad asediada por amenazas sin precedentes. Se unieron para defender la democracia en Venezuela. Que lo hagan ahora para defenderla en España.

Cuando escribí aquel artículo Aznar y González acababan de firmar, junto a 24 presidentes y jefes de Gobierno, la Declaración de Panamá, que exigía el retorno de la democracia a Venezuela. Me pareció que era hora de que se pusieran de acuerdo para enfrentar, en España, a las fuerzas gemelas de las que estaban oprimiendo a la patria de Simón Bolívar.

La hora ha llegado

La hora ha llegado. Si en el 2016 escribí que la sociedad española estaba "asediada por amenazas sin precedentes", hoy dichas amenazas han traspasado aquella magnitud y nos colocan al borde de la extinción. Y son precisamente los alevines del comunismo tropical quienes, conchabados con los sátrapas de una falsa repúblika implantada en cuatro provincias del Reino de España, se conjuran, entre sórdidos tiras y aflojas de final abierto, para conquistar el poder hegemónico, montados sobre los hombros de un felón entreguista.

Volvamos al sueño hecho realidad. Según la crónica periodística (LV, 18/7),

Aznar y González se mostraron (...) muy cercanos en un diálogo ocurrido en el marco de unas jornadas sobre el futuro de la tecnología en Madrid. (…) Los dos ex presidentes alertaron sobre la esterilidad de los extremismos por donde se conduce la política española en los últimos años. (…) Coincidieron en señalar que la actual "irresponsabilidad" puede pasarle una factura muy cara al futuro de España, por lo que instaron a emprender "un viaje hacia la centralidad".

Las palabras centralidad y centro fueron las que más se repitieron a lo largo del coloquio entre los dos políticos que merecen, más que este calificativo, el diploma de estadistas. Estadistas angustiados por la decadencia de los actuales dirigentes, que González propone enviar al "rincón de pensar", tal y como hacían los maestros tradicionales en la escuela. El cronista subraya:

Las coincidencias fueron tantas entre los dos ex presidentes y antiguos adversarios políticos que incluso ellos mismos se mostraron falsamente preocupados.

Un elemento capital de "la peor etapa de la democracia española que estamos viviendo", como dijo Aznar en el coloquio, consiste en que las masas están más predispuestas a escuchar las arengas viscerales de los demagogos y propagadores del odio étnico o social que las invocaciones pedagógicas a la inteligencia y la racionalidad vertidas por estadistas de probada experiencia.

Los extremismos conspiran

Así nos va. Los extremismos conspiran entre bambalinas, como manda la omertà mafiosa, para lograr la investidura de Pedro Sánchez, con el fin último de consumar la inmolación de la Monarquía constitucional y de la anhelada centralidad. Lo cuenta el siempre enterado Enric Juliana ("El pacto de la desconfianza", LV, 21/7):

La negociación comenzó ayer con gran secretismo. Las personas implicadas han recibido instrucciones de no comentar públicamente el desarrollo de las conversaciones para proteger el posible acuerdo.

Pero Juliana revela algunos entresijos patógenos del cambalache:

El viernes tuvo lugar en la periferia de Madrid una importante reunión de cuadros del PCE para analizar la situación. El Partido Comunista sigue existiendo, influye mucho en IU y actúa en estos momentos como válvula de seguridad del consorcio Unidas Podemos. (…) La reunión de cuadros del PCE, previa al encuentro de la dirección de IU, celebrado ayer, acordó que lo prioritario era explorar el gobierno de coalición y defender la correlación de fuerzas parlamentarias surgida de los comicios del 28 de abril. Iglesias tuvo conocimiento de esas conclusiones a través del secretario general del PCE, Enrique Santiago, que forma parte de su actual círculo de confianza.

Estos son los ingredientes venenosos del menjunje mortífero que los totalitarios amancebados –"el Partido Comunista sigue existiendo"– pretenden hacernos tragar con el rótulo de Gobierno de Progreso. Si no lo consiguen ahora lo aplazarán hasta septiembre, pero no cejarán en el intento. "Lo volveremos a hacer", prometen los más contumaces de la camarilla rebelde, y la consigna vale para todas las comparsas de la chirigota anticonstitucional.

No sobra nadie

Tenemos la obligación de escuchar la voz de alerta que han propalado quienes nos gobernaron como auténticos patriotas, pese a sus diferencias. Y esto implica seguir su ejemplo de reconciliación y robustecer el bloque de partidos constitucionalistas, sin ceder al capricho frívolo de disparar ahora –precisamente ahora, cuando más los necesitamos a todos– contra la línea de flotación del centro liberal.

Vista la comprobada incapacidad de algunos de nuestros intelectuales más lúcidos para trasladar sus ideas sensatas a la práctica en el campo político, lo que hacen habitualmente, con buen criterio, es dejar la tarea en manos de líderes carismáticos. Lo malo es que después reniegan de ellos, con gran regocijo de los medios progres y de la carcoma antiespañola, cuando no satisfacen sus expectativas máximas. Si estos intelectuales, armados con la autoridad que les da su trayectoria impecable, consiguen hundir el centro liberal existente mediante críticas remilgadas, nos dejarán huérfanos a millones de ciudadanos, porque ellos no están en condiciones de sustituirlo y no hay otro en funcionamiento.

No sobra nadie en esta contienda contra el Leviatán comunista y sus apéndices antiespañoles. Avancemos todos unidos en la centralidad, como González y Aznar predican con el ejemplo en el sueño y en la realidad.

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