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Eduardo Goligorsky

No nos castréis, bonitas

Nos salvaremos del aquelarre si, hermanados con auténticas lideresas como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, devolvemos a las impostoras al gineceo anacrónico de donde las sacaron.

Eduardo Goligorsky
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Nos salvaremos del aquelarre si, hermanados con auténticas lideresas como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, devolvemos a las impostoras al gineceo anacrónico de donde las sacaron.
EFE

Las cinco amazonas acaudilladas por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, profetizaron en su cónclave iniciático de Valencia: "Este es el comienzo de algo maravilloso". ¿El prodigio que allí anunciaron las pitonisas es el matriarcado? Un compañero de viaje de estas féminas, el ministro azote de Universidades, Manuel Castells, celebró la paridad de género en el primer Gabinete creado en el laboratorio del doctor Frankenstein Sánchez con un artículo titulado "Mujeres al poder" (LV, 17/6/2018). Las ponía en el altar como si pertenecieran a una raza privilegiada, dotada de facultades para prevenir o enmendar los desastres inherentes al comportamiento masculino. En realidad, practicaba una discriminación entre sexos –o entre géneros, para traducirlo a la jerga progre– que apestaba a racismo. Escribió Castells:

Por la división del trabajo característica del patriarcado (…) los hombres se apropiaron de la guerra, el poder político y el control de los recursos.

Las taras incurables de estos seres de raza inferior encontraron su justa contrapartida:

En este sentido, sí que puede observarse en la gestión política llevada por mujeres en el conjunto del mundo una sensibilidad mayor a los valores humanitarios y una predisposición al pragmatismo y, en último término, a la paz que en sus equivalentes masculinos.

Muestrario de horrores

Los textos históricos son más veraces que las fabulaciones maniqueístas del comunista recalcitrante Castells. Para explorar un muestrario de horrores con impronta femenina no es justo hurgar en los versículos del Antiguo Testamento que, redactados por escribas misóginos, presentan a las mujeres, a partir de Eva, como instigadoras y culpables de todo tipo de pecados y abominaciones. Tampoco hay que remontarse a la vida escandalosa de la legendaria emperatriz romana Mesalina.

Seamos ecuánimes y busquemos datos fiables. Viajando por el túnel del tiempo nos encontramos con la reina Catalina de Médici (siglo XVI) planificando en Francia la matanza de decenas de miles de protestantes en la Noche de San Bartolomé. Y con su casi contemporánea la reina, apodada "virgen", Isabel I de Inglaterra librando la guerra contra España y ordenando la ejecución de su prima y rival María Estuardo.

Más próximas están la emperatriz Catalina II, Autócrata de Todas las Rusias (siglo XVIII), conquistadora de territorios otomanos y polacos y opresora de su pueblo; y la reina Victoria de Inglaterra (siglo XIX), que expandió sus colonias a sangre y fuego en África y Asia hasta convertirse en emperatriz de la India.

Entronizadas en el poder

Pasemos al siglo XX. ¿Valores humanitarios? ¿Pragmatismo? ¿Pacifismo? No los encontramos en las mujeres entronizadas en el poder o en sus aledaños ni buscándolos con lupa. Veamos algunos ejemplos, empezando por casa:

Dolores Ibárruri. Su apodo la define: La Pasionaria. Catecúmena del estalinismo necrófilo, fue implacable con los enemigos, rivales y discrepantes. Resistió hasta la muerte… de los demás.

Indira Gandhi. Primera ministra de India. Guerra con Pakistán. Escaramuzas bélicas con China. Masacre de los sijs hasta que uno de estos la asesinó.

Benazir Bhutto. Primera ministra de Pakistán. Protectora de los degolladores talibanes afganos. Destituida dos veces por corrupta. Asesinada en circunstancias no aclaradas.

Golda Meir. Primera ministra de Israel. Guerra de Yom Kipur contra los vecinos árabes.

Sirimavo Bandaranaike. Primera ministra de Ceilán, hoy Sri Lanka. Guerra de exterminio contra la minoría tamil y expulsión de los supervivientes.

Margaret Thatcher. Primera ministra del Reino Unido. Una estadista que encauzó la economía de su país con mano de hierro y libró una guerra sin cuartel contra la dictadura militar argentina que invadió las islas Malvinas, Falkland para sus habitantes.

Aung San Suu Kyi. Jefa de Gobierno de Birmania, hoy Myanmar. Después de recibir el premio Nobel de la Paz supervisó la guerra despiadada contra la minoría rohinyá, librada por el ejército que finalmente la derrocó y encarceló.

Elena Ceaucescu. Compartió la feroz dictadura de Rumanía con su esposo Nicolae, junto al cual fue ejecutada tras una sublevación popular.

Y en América Latina:

María Eva Duarte de Perón (Evita). Cruel e implacable represora de la oposición social y política. Inauguró junto con su esposo la era de la demagogia en Argentina, y después de muerta se convirtió en el alma máter de los asesinos montoneros.

Estela Martínez de Perón (Isabelita). Heredó la presidencia de Argentina por decisión de su ya senil esposo y fue cómplice del baño de sangre provocado por la guerra entre los matarifes peronistas de ultraderecha y ultraizquierda.

Cristina Fernández de Kirchner. Mandamás argentina, devota de Evita y del montonerismo y satélite del chavismo. Su autoritarismo se acopla a su falta de escrúpulos y a su afán de lucrar por medios ilícitos.

Rosario Murillo. Depredadora de Nicaragua junto a su esposo, el dictador Daniel Ortega, sobre el que dicen que ejerce una influencia satánica.

Lideresas patriotas

Vuelvo al bulo de Castells. ¿Valores humanitarios? ¿Pragmatismo? ¿Pacifismo? Visto este desfile de señoras del despotismo y la guerra, que sembraron el dolor y la muerte a lo largo de la historia, uno se echa a temblar cuando imagina qué esconde la "cosa maravillosa" que pueden engendrar estas "otras políticas" convertidas en dueñas del cotarro. Además, ¿qué se puede esperar de quienes, al armar el tinglado, excluyen a sus congéneres Ione Belarra e Irene Montero, como si fueran pescaderas rivalizando en el mercado?

Y visto el papel descollante que desempeñan estas matriarcas en la actual epidemia de odio guerracivilista que fragmenta a España, el rebaño de varones blandengues solo atina a suplicar: "¡Por favor, no nos castréis, bonitas!".

Prohibido capitular. Nos salvaremos del aquelarre si, hermanados con auténticas lideresas patriotas y civilizadas como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo, devolvemos a las impostoras, mediante una avalancha de votos, al gineceo anacrónico de donde las sacaron, para utilizarlas, sus patrones machos Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Enrique Santiago.

PS: ¿Los jueces belgas dispensarán a sus compatriotas antivacunas que incendian Bruselas el mismo trato benévolo con que premian a los golpistas y terroristas españoles allí atrincherados?

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