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El Brexit de los tontos perversos

El Brexit ha demostrado que en Reino Unido hay tantos tontos como pueda haberlos en cualquier otra parte. Y también malos.

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EFE

El Brexit ha demostrado que en Reino Unido hay tantos tontos como pueda haberlos en cualquier otra parte. Y también malos. Y como lo uno no excluye lo otro, todos han demostrado estar sobrados de adornos para poder formar parte de los dos grupos a la vez.

David Cameron, tras salirle bien la imprudente jugada del referéndum escocés, arriesgó otro con la única finalidad de, por medio de una victoria que en absoluto era segura, fortalecer su posición al frente del partido tory. La estrategia no es mala y ha sido empleada asiduamente, pero siempre que se tenga la certeza de ganar. A Cameron no le disculpa ni siquiera que su error fuera el mismo que cometió De Gaulle.

Peores que él son los brexiters del Partido Conservador que, sabiéndose en minoría, están forzando un Brexit duro, sin acuerdo, que es lo que casi nadie, salvo ellos, quiere. Y eso a pesar de los inmensos perjuicios que esta solución tiene para la economía británica. Y, empobreciendo a todos, lo único que obtendrá a cambio un tipo como Boris Johnson es la oportunidad, más lejana de lo que él cree, de hacerse con el liderazgo de su partido.

Theresa May tampoco se salva. Para empezar, se prestó a liderar el Brexit siendo la persona menos indicada para hacerlo, ya que era partidaria de quedarse en la Unión. Lo hizo sólo por satisfacer su ambición personal de llegar a primera ministra, aunque fuera para conducir a su país por un camino en el que no creía. Y encima, puesta a negociar con la Unión Europea, no supo reunir alrededor de un objetivo a la mayoría de su partido. Al contrario, se empeñó en pactar el acuerdo que a ella le pareció contando con que luego, aterrados por la perspectiva de un Brexit duro, tendría el respaldo de la izquierda para sacarlo adelante. Esperaba pasar a la Historia como la primera ministra que devolvió al Reino Unido su independencia. Al final, por lo único que será recordada es por haber sufrido la más clamorosa derrota de los últimos decenios.

Finalmente, está el último de los insensatos, Jeremy Corbyn, que, en vez de ayudar al Gobierno a lograr un acuerdo que su partido pudiera respaldar, se ha dedicado a esperar a ver cómo los conservadores despedazaban a May para poder heredar los escombros. Está empeñado en unas elecciones generales que, aunque ganara, no servirían para salir del inmenso lío en el que están metidos, porque ya no hay margen para negociar. Tampoco es probable que logre sacar adelante este miércoles su moción de censura, pues cuenta sólo con el apoyo de los nacionalistas escoceses y galeses. De hecho, los unionistas del Ulster prefieren a May, a pesar de lo mal que ha negociado la cuestión de la frontera terrestre con Irlanda. Es verdad que tontos y malos los hay en todas partes, pero hasta este punto…

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