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Emilio Campmany

Salvar al dictador Maduro

Desde el principio, España está dedicada a proteger el régimen de Maduro a escondidas, mientras lo ataca tan sólo de boquilla.

Emilio Campmany
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Desde el principio, España está dedicada a proteger el régimen de Maduro a escondidas, mientras lo ataca tan sólo de boquilla.
Nicolás Maduro. | Cordon Press

Causó alguna sorpresa el indulto que el chavismo otorgó a poco más de una cuarta parte de los líderes de la oposición perseguidos, encarcelados o exiliados. El gesto es en realidad parte de una calculada operación destinada a deshacerse de Juan Guaidó, al que Occidente reconoce como legítimo presidente interino de Venezuela. Y en última instancia tiene como fin apuntalar la dictadura comunista que padece el país caribeño. Para vergüenza de todos los españoles, se trata de una tarea en la que nuestro Gobierno desempeña un importante papel.

Los indultados se han comprometido a participar en las elecciones legislativas convocadas por Maduro para el 6 de diciembre. La cabeza visible de ese pacto es el opositor Henrique Capriles, viejo enemigo de Leopoldo López y Juan Guaidó. Muñidores del acuerdo han sido el papa Francisco, Michelle Bachelet –alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos– Josep Borrell y Pedro Sánchez. Como se ve, todos socialistas. Estipulación importante del pacto, con toda seguridad impuesta por Borrell, es la petición que Maduro ha cursado a la Unión Europea para que envíe observadores a las elecciones del 6 de diciembre. Borrell remolonea, pero es seguro que, como parte del acuerdo, ya aceptó mandarlos. Maduro espera que, con el visto bueno de los observadores, su jefatura y su régimen queden legitimados. Capriles dice que el plan es que los observadores denuncien las irregularidades que con seguridad se cometerán y que ello provocará el levantamiento del pueblo venezolano y la caída del régimen al estilo de lo que está sucediendo en Bielorrusia. No es tan ingenuo. Su verdadero objetivo es provocar la caída de Guaidó y sustituirle él como única cabeza visible de la oposición. Y luego, ya veremos.

Desde el principio, España está dedicada a proteger el régimen de Maduro a escondidas, mientras lo ataca tan sólo de boquilla. A eso fue Zapatero en tiempos de Rajoy y a eso se dedican Borrell y Sánchez. Cuando Estados Unidos apoyó la arriesgada apuesta de Guaidó, nuestro Gobierno socialista fingió respaldarla reconociendo al presidente interino, pero en realidad saboteó cuanto pudo la jugada. Por ejemplo, aunque reconocimos a Guaidó, permitimos que el representante de Venezuela en España siguiera siendo el embajador chavista. Y, cuando Trump sugirió una operación militar si Maduro no se iba por las buenas, España la desdeñó a sabiendas de que, sin intervención exterior, no hay forma de que el régimen caiga, como demostró la intentona militar fracasada del año pasado.

Obsérvese que España no espera que las elecciones del 6 de diciembre sean impecables. Y tiene la intención de denunciar las irregularidades que se produzcan. Pero, mientras tanto, el objetivo de librarse de Guaidó se habrá alcanzado. Y, sin esa piedra en el zapato que tanto le molesta, Maduro puede sobrevivir y tratar de salir del aislamiento diplomático en el que se encuentra. Si lo logra, lo habrá conseguido con la impagable (o a lo mejor pagada) ayuda de España. Por qué Rajoy dejó hacer y por qué Sánchez y Borrel se han enrolado en esta misión de salvar al dictador Maduro es harina de otro costal y tema para otro artículo.

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