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Volver la burra al trigo

Cuando Roca habla de volver a empezar, a lo que se refiere es volver a intentar obtener para su región los privilegios que con el chantaje de la independencia no han sido capaces de lograr.

Emilio Campmany
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Miquel Roca | EFE

Nada menos que uno de los padres de la Constitución, Miquel Roca Junyent, ha escrito un artículo en La Vanguardia,titulado "Volver a empezar", en el que hace una especie de llamamiento a reconstruir los puentes entre Cataluña y España. "Invocar la necesidad del diálogo casi resulta ridículo", dice. Luego añade: "Y hablo de Catalunya y España. Históricamente se demuestra que somos más capaces de trabajar en común para recuperar la libertad perdida que para administrarla". Y termina: "A veces es incómodo, difícil, incluso triste y decepcionante, pero lo que hay que hacer es aceptar que hay que volver a empezar". ¿Qué está diciendo? Salvo que el autor aclare en otro sentido las calculadas ambigüedades de su artículo, cabe entender que, primero, Cataluña y España son entidades distintas que colaboran cuando se trata de recuperar la libertad perdida y se enfrentan una vez que disfrutan de ella. Y, segundo, que lo que hay que hacer ahora es volver a dialogar para encontrar el modo en que ambas puedan convivir sin sobresaltos.

El planteamiento es inadmisible. Para empezar, Cataluña y España no son entidades diferentes. Y si cuando dice "España" Roca se refiere al resto de España, tampoco vale, porque el resto de España no es un conglomerado compacto contrapuesto a Cataluña, sino un conjunto de regiones con sus características, sus costumbres, a veces sus lenguas y sus problemas, tan peculiares y especiales como puedan serlo los de Cataluña. Lo que nos une al resto de los españoles no es diferente de lo que nos une a los catalanes, y es ni más ni menos que el ser todos españoles. Tampoco es verdad que Cataluña colaborara más que el resto de las regiones en la recuperación de la libertad cuando ésta se había perdido. Si se refiere a la Transición, la libertad y la autonomía llegaron por un acuerdo entre todos los españoles, y por lo tanto también con el acuerdo de los catalanes. En aquellos años lo que importó fue dotarse de un régimen genuinamente democrático que, como corolario, llevaba la posibilidad de que las regiones tuvieran una generosa autonomía, conscientes como éramos todos de las ansias de autogobierno que latían en algunos lugares de España, no sólo en Cataluña. Y eso es lo que se hizo. Tanto colaboró en ello Cataluña demandando autonomía como Murcia aceptando que se le diera con tal de no ser ella menos. Que esto último es lo que quizá irrita más a los nacionalistas.

Así que, cuando Roca habla de volver a empezar, a lo que se refiere es volver a intentar obtener para su región los privilegios que con el chantaje de la independencia no han sido capaces de lograr. Ése es el verdadero significado de la supuesta necesidad de diálogo. No dice el autor si se está refiriendo a la recaudación y gestión de los impuestos, con cuya reclamación, no con la sentencia del Constitucional limando el Estatuto, empezó todo; o si lo que quiere es que se reconozca al pueblo de Cataluña la condición de soberano, o si está exigiendo la competencia para el nombramiento de jueces y tribunales o todo a la vez. Sea lo que sea lo que quiere cuando habla de "volver a empezar", está claro que está pensando en privilegios para Cataluña a cambio de que ésta consienta seguir siendo española. Dicho de otra manera, volver a chantajear, aunque ahora quizá de una forma más sibilina y sin saltarse las leyes de un modo tan grosero. Lo de siempre.

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