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VENEZUELA

Chávez quiere hacerse una Constitución nueva

Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela para un período de un lustro (1999-2004), y no podía ser reelegido hasta que transcurrieran al menos diez años desde el final de dicho mandato. Sin embargo, durante su primer año en el poder hizo sustituir la Constitución del país por otra, redactada a su medida, que extendía su mandato a seis años y le abría las puertas a la reelección inmediata. Chávez dijo que la nueva era la mejor Constitución del mundo, la mostraba en cada una de sus apariciones pública y aseguraba que todo era posible dentro de ella y nada fuera de ella.

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En diciembre de 2006 Chávez fue electo para su segundo sexenio, que termina en 2013. Aunque lleva años hablando de lo conveniente que es que se mantenga en el poder hasta 2030 –y está seguro de que sólo él puede guiar a Venezuela–, ahora insiste en cambiar nuevamente de Constitución.
 
De acuerdo con su proyecto, los períodos presidenciales serían de siete años. Siempre y a viva voz, repite que aspira gobernar hasta 2041, en que cumplirá 87 años. Esto es apenas una parte de su burla al país y al mundo. El proyecto incluye asimismo cambios radicales que están tomados de la Constitución cubana de 1977, que fue redactada con la asesoría comunista de la Unión Soviética.
 
Sobre los venezolanos pesa la amenaza de perder la libertad de pensar, la de fundar una empresa, la de trabajar para un patrono que no sea el Gobierno, la de educar a los hijos sin que deban repetir loas al amo y odiar a los enemigos de éste; hasta la de ver televisión por cable sin tener que soportar los maratónicos discursos del presidente.
 
Gran parte de las actuaciones de Chávez son ilegales: viola convenciones internacionales sobre Derechos Humanos consagradas en nuestras leyes; gasta varias veces los ingresos petroleros; asfixia a las empresas privadas e incumple contratos con compañías extranjeras; manipula el Banco Central, el Poder Judicial y el Poder Legislativo; regala petróleo y dólares a Castro, a Kirchner, a Correa, a Morales, a Ortega y al alcalde socialista de Londres... Pues bien, todo ese poder lo pretende incluir en la nueva Constitución, que quiere aprobar a toda prisa.
 
Chávez asegura que la "reforma" que propone es democrática porque la someterá a una consulta popular. Nada más lejos de la verdad. La mayoría de los venezolanos no votará, de modo que, con unos cuantos partidarios, funcionarios y trampas, obtendrá el visto bueno de una supuesta mayoría.
 
El boicot opositor al referéndum tiene variados fundamentos:
– Es absurdo ir a votar contra un proyecto que es un fraude a la democracia y a la Constitución vigente.
 
– Lo mismo que en las pasadas elecciones, las reglas de la campaña y sobre los escrutinios dan todas las ventajas a Chávez, mientras él amenaza a los electores y a los líderes de la oposición.
 
– Se intimida a la ciudadanía con una guerra civil si no se acatan los deseos del mandatario.
 
– El sistema judicial está muy lejos de ser imparcial, y los jueces son premiados o destituidos.
 
– Los conteos de votos han sido fraudulentos y no auditados.
 
– El registro electoral está lleno de muertos y de gente sin dirección, o de nacionalidad extranjera. A los secuaces cubanos les entregan cédulas de identidad venezolana apenas se bajan del avión.
 
– La oposición sabe que Chávez no reconocería una derrota ni dejaría el poder.
Los venezolanos estamos en camino de sufrir la misma esclavitud que sufren los cubanos desde hace casi medio siglo. No obstante, contamos con que los Gobiernos de nuestro Hemisferio hagan valer el artículo 20 de la Carta Democrática de la OEA, que dice:
En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime convenientes.
 
© AIPE
 
ALBERTO BRICEÑO, analista político venezolano.
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