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ORIENTE MEDIO

En defensa de Israel

En los círculos civilizados está mal visto hablar de los judíos como los asesinos de Cristo, o emplear un lenguaje que evoque la mefítica enseñanza de que los hebreos están eternamente malditos por la muerte de Jesús. Al parecer, el Sabeel Ecumenical Liberation Theology Center, una organización "para la paz" radicada en Jerusalén y fundada por el clérigo anglicano Naim Ateek, no frecuenta dichos círculos.

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Tanto Sabeel como Ateek están muy bien considerados entre la izquierda radical cristiana, y suelen organizar conferencias en EEUU en las se profieren extravagantes denuncias contra Israel. Las citadas conferencias se han celebrado en lugares como Cleveland, Berkeley y Birmingham (Alabama); este viernes [1] arranca otra, en la Old South Church de Boston.
 
De la misma manera que los críticos de Estados Unidos no son necesariamente antiamericanos cargados de prejuicios, los críticos de Israel no necesariamente están predispuestos contra los judíos. Ahora bien, las críticas antiisraelíes de Sabeel y Ateek se valen de ese tipo de imaginario que vincula explícitamente al moderno Estado judío con la terrible acusación de deicidio, que durante tantos siglos ha alimentado el odio antijudío y desencadenado espantosas matanzas.
 
"En tiempos de Cuaresma, a muchos de nosotros nos parece que Jesús está de nuevo en la cruz, y que lo rodean miles de palestinos igualmente crucificados", ha llegado a escribir Ateek. El fundador del Sabeel Center ha tenido visiones de "hombres, mujeres y niños" que eran crucificados en "cientos de miles de cruces" dispersas en todo el territorio. "Palestina se ha convertido en un gigantesco Gólgota. El sistema de crucifixión del Gobierno israelí funciona todos los días", ha sentenciado.
 
En un sermón titulado "La matanza de los inocentes", Ateek ha condenado a los "Herodes modernos" del Gobierno israelí, en clara referencia al perverso rey del que el Nuevo Testamento dice que, en su afán por asesinar al Jesús recién nacido, mató a todos los niños de Belén. En otro de sus sermones, Ateek ha afirmado que los israelíes han "aislado a los palestinos en una tumba (...) igual que se selló con una piedra la entrada a la tumba de Jesús".
 
Así pues, en las metafóricas enseñanzas de Ateek, Israel es culpable de tratar de matar al Niño Jesús, de matar a Cristo en la cruz y de intentar evitar que éste resucite. Para Dexter van Zile, un miembro de la Iglesia Unida de Cristo que forma parte del Comité Ejecutivo de Christians for Fair Witness on the Middle East, aludir al Estado de Israel con semejante imaginario es "inexcusable". Desde luego, se trata de una afirmación con la que millones de cristianos estarán de acuerdo.
 
Hace tres años, Adam Gregerman escribió, en el Journal of Ecumenical Studies, que los "teólogos de la liberación" como Ateek y compañía, cuya labor se encarga de divulgar Sabeel, "perpetúan algunas de las imágenes más indeseables y malintencionadas sobre los judíos, a los que presentan como gente malévola, antisocial y hostil a los no judíos". "Estas críticas conducen a la demonización de los judíos –agregaba Gregerman–. Así pues, la teología de la liberación, lejos de abrazar cualquier intento serio de entendimiento entre israelíes y palestinos, o de poner fin al conflicto, los obstaculiza".
 
El título de la conferencia de Sabeel en Boston no hace sino reflejar su grotesca demonización del Estado judío: "El paradigma del apartheid en Palestina-Israel". Es difícil imaginar una calumnia más desagradable. El apartheid fue el sistema racista y dictatorial con que la minoría blanca que detentaba el poder en Sudáfrica oprimió implacablemente a la gran mayoría negra, a la cual negó sistemáticamente sus derechos políticos y condenó a una educación, una vivienda y un empleo de tercera.
 
Israel, por el contrario, es una próspera democracia asentada en la tolerancia, las libertades individuales y el imperio de la ley. Los israelíes, con independencia de su raza, su filiación étnica, su religión y su sexo, tienen derecho al voto, y todos disfrutan de las mismas libertades políticas y civiles. Alrededor del 10% de los parlamentarios son árabes, y en la propia Knesset (Parlamento) hay una mezquita.
 
Hay árabes y demás ciudadanos no judíos trabajando en el Gobierno israelí, en el servicio exterior, en los tribunales y en la milicia. Las pruebas de la igualdad democrática israelí son aplastantes y omnipresentes: chicas árabes que ganan el concurso de Miss Israel, estrellas árabes del fútbol, medios de comunicación árabes, universitarios árabes...
 
Es verdad que, en respuesta a los mortíferos ataques terroristas lanzados desde Gaza y la Margen Occidental, Israel se ha visto obligado a adoptar rigurosas medidas de seguridad, como la valla de protección levantada entre la Margen y su territorio o los controles en los puestos fronterizos. Se trata de medidas impopulares e incómodas, pero han salvado a muchos israelíes (árabes y judíos) de la muerte o la mutilación. Los controles y las barreras siempre pueden ser retirados, cuando cesen los atentados y la incitación a los mismos, pero a quienes mueren en un atentado suicida no se les puede devolver la vida.
 
¿Quiere esto decir que el apartheid no rige en el Medio Oriente? No. Por desgracia, en varios países árabes o musulmanes la discriminación contra los no musulmanes, las mujeres y los homosexuales tiene rango de ley. Pero las conferencias de Sabeel no se dedican a analizar este apartheid completamente real, sino a denunciar a la nación más libre de la región.
 
Cuando, el próximo viernes, los de Sabeel se reúnan en Boston, podrían pararse a pensar en las siguientes palabras, que pronunció Martin Luther King en 1968:

Veo a Israel como uno de los grandes puestos de avanzada de la democracia (...) como un ejemplo maravilloso de lo que se puede hacer, de cómo el desierto puede convertirse en un oasis de democracia y fraternidad.

 
JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.
 

[1] La versión original de este artículo apareció el día 21 en el Boston Globe.
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