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CUBA

Cuentacuentos Moratinos

El cuentacuentos es una figura casi mágica. Un buen cuentista es capaz de trasladarnos con sus relatos a mundos imaginarios y de convertir sus narraciones en universos idílicos protagonizados por héroes, villanos, princesas y, por qué no, dictadores arrepentidos, en las cálidas islas de Barataria.

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Moratinos tiene cara de cuentacuentos. Y, desde luego, maneja el arte de la narración artística. Ojo al relato. Después de la épica nos corona la gloria: Moratinos tenía razón.

Tras una larga lucha frente a los incomprensibles pesimistas –algunos, infiltrados en las filas del propio PSOE–, el anuncio de la excarcelación de medio centenar de presos políticos en Cuba se erige como prueba irrefutable de que la amistad entre los pueblos, la mano tendida y la comprensión son las mejores armas para avanzar hacia el respeto de los derechos humanos. ¡Viva el Príncipe!

El escenario, los personajes, la narración responden a la épica más legendaria. Bravo. El problema es que supeditar la política exterior española a un relato imaginario establecido de antemano implica una deformación de la realidad y una irresponsabilidad histórica, y un golpe durísimo para los demócratas cubanos. El resultado: el aislamiento de la oposición democrática en la Isla.

Oswaldo Payá.Y es que, como en todos los cuentos, la realidad es bien diferente. En 1996 los países de la Unión Europea consensúan una política común hacia Cuba fundamentada en el diálogo: con el gobierno cubano y con la sociedad civil cubana. Es severo revés para el régimen castrista. Esta política supone un reconocimiento explícito de la existencia de un grupo de demócratas que, desde la propia Cuba, está luchando por una transición pacífica a la democracia. Su visibilidad alcanza su punto culminante cuando Oswaldo Payá –que había recogido más de 25.000 firmas en demanda de un referéndum para que los cubanos tengan derecho a los derechos, como le gusta decir– recibe el Premio Sajarov del Parlamento Europeo.

La respuesta del régimen es contundente. En Cuba sólo es posible el diálogo con los Castro, y quien pretenda otra cosa lo pagará caro. En el año 2003, en una oleada represiva sin precedentes, encarcela a 75 demócratas cubanos. Eran periodistas independientes, activistas pro derechos humanos, bibliotecarios, promotores del Proyecto Varela. Las críticas internacionales son feroces. El coste político que asumen los Castro es enorme, y comienzan a perder el apoyo incondicional que habían recibido hasta entonces de algunos sectores de la izquierda.

Entonces aparece la solución del Cuentacuentos Moratinos. Para aislar a la oposición no necesitaban los Castro encarcelar a nadie ni suscitar la ira internacional, sino hacer caso al Señor Ministro:

Soltad a algunos presos políticos. Están enfermos y son inofensivos. Lo único que ganamos manteniéndoles en prisión es centrar el debate en su situación. Yo me encargaré de quitar a mis colegas europeas de la cabeza eso del diálogo con los demócratas.

Los Castro tardaron en entrar al juego. Primero negaron que en Cuba existieran presos políticos. Después comenzó un goteo de excarcelaciones acompañadas de la pena de destierro. Las gestiones parecían dar sus frutos. El relato iba bien. Sin embargo, la dramática muerte de Orlando Zapata supuso un gran inconveniente. La condena internacional requería una puesta en escena que permitiera al Cuentacuentos acabar con bien su relato.

El anuncio del plan de excarcelación de 52 presos políticos venía acompañado de su contrapartida: eliminar por completo el diálogo de la Unión Europea con los demócratas articulado en la Posición Común. Es la contrapartida, estúpido.

El anuncio de la liberación de los 52 presos políticos –5 de ellos serán liberados en estos días; otros, según se desarrollen los acontecimientos– está condicionado a que la UE renuncie explícitamente a dialogar con la oposición. "Ya no hay ninguna razón para mantener la Posición Común". "Esto era lo que mis colegas me pidieron, espero que ahora respondan al compromiso". Una traición anunciada.

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