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ARTÍCULO DE SENDAGORTA EN SURVIVAL

El islamismo terrorista en la visión de Exteriores

La implacable crítica que Libertad Digital realiza día a día a la política exterior del Gobierno socialista y del titular de Exteriores no sería excusa limpia para pasar por alto que en el Palacio de Santa Cruz hay capital intelectual y político para abordar con lucidez un grave desafío estratégico a España.

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Me refiero al artículo que el jefe de Planificación Política del Ministerio de Exteriores, Fidel Sendagorta, acaba de publicar en Survival, del International Institute for Strategic Studies, titulado 'Jihad in Europe: the Wider Context'.
 
Las tesis de Sendagorta pueden resumirse de este modo: 1) el terrorismo de la Yihad en Europa, la inmigración musulmana a nuestro continente y la proximidad de España a Marruecos "plantean un verdadero desafío estratégico a España y a Europa en general"; 2) Al Qaeda ha tomado un interés particular en los inmigrantes marroquíes en Europa, y muchos de éstos han escuchado el mensaje; 3) el cruce entre yihadismo e inmigración representa "una amenaza formidable"; 4) las vías alternativas y diferentes que varios países europeos han adoptado para la integración de la población de fe islámica fracasan o arrojan resultados dudosos: multiculturalismo (Holanda), asimilación (Francia), multiculturalismo con cooptación pragmática (Reino Unido); 5) los guetos no se rompen, sea porque la sociedad europea se siente confundida sobre el modo de absorber a esa población o por la negativa de esa población a dejarse integrar; 6) puede que el terrorismo islámico en Europa haya abierto ya "una brecha de incomprensión casi imposible de cerrar".
 
El autor describe tendencias y expectativas culturales y sociales, tanto de los europeos como de los islamistas, que determinarán el futuro de este desafío: se ha formado en Europa una "Escuela de Copenhague" que ha acuñado el concepto de "seguridad societaria" y se ocupa de la identidad de los pueblos europeos. Entre el islam radical se confía en que la crisis demográfica de Europa permita que algunos de sus países tengan mayoría musulmana a mediados de siglo. Esto provoca "un pánico demográfico"; un líder espiritual marroquí, el jeque Yasin, espera una "alternancia de civilizaciones", pasando de la europea a la musulmana. Los salafistas instalados en Europa encierran a las comunidades musulmanas en comunidades alienadas del medio nacional que los acoge.
 
Si hasta aquí no se puede estar más de acuerdo con el análisis de Sendagorta, los remedios que sugiere no le parecen a este lector tan indiscutibles. El jefe de Planificación de Exteriores sostiene que "la Hermandad Musulmana puede jugar un papel importante ante las autoridades para ocupar un espacio que de otro modo podría ser llenado por los extremistas". Pero ni él mismo está seguro del resultado: los "hermanos" tienden a vivir en una sociedad paralela, y las mujeres no gozan en ella de los plenos derechos. Se ha institucionalizado en algunos países el diálogo entre gobiernos y colectivos musulmanes, pero "entretanto se hace el mínimo de concesiones". No debe hacerse muchas ilusiones el señor Sendagorta sobre el feliz resultado de esas aproximaciones cuando urge al señor Tariq Ramadan, "el líder musulmán mas conocido de Europa", a convertirse en el Erdogan europeo y a innovar en materia de doctrina.
 
Los problemas empeorarán; en los próximos diez años la población urbana de Marruecos será el 85% de la total, con lo que ello significa de paro y desesperanza. La mezcla de suburbio y yihadismo es explosiva. Marruecos, sin embargo, ha sido elegido por Occidente como el valladar contra el extremismo; pero los extremistas han elegido  Marruecos como caladero de pesca: de ahí la participación de marroquíes en actos terroristas como el 11-S, el 11-M, en Holanda y otros países. "Aparecen señales de un duelo en torno a Marruecos, lo que ha hecho del estrecho de Gibraltar uno de los puntos más críticos de la geopolítica mundial".
 
Los gobiernos de Estados Unidos y de España esperan que el régimen marroquí pueda abrir una brecha por la que entren las libertades y el pluralismo en las sociedades árabes. Tal es el mensaje que nos hace llegar el señor Sendagorta. Sin embargo, el escepticismo con que se escucha ese mensaje encuentra su justificación en muchos de los elementos de análisis que él mismo nos ha presentado. En fin, veremos.
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