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ORIENTE MEDIO

La Guerra de los Seis Días y la "ocupación"

Con motivo del 40º aniversario de la asombrosa victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, nos ha caído encima un alud de revisionismo histórico saturado de filopalestinismo, reproches a Israel e indignación a cuenta de la "ocupación". Ésta, se nos dice, es la madre de todos los desastres que asuelan la zona hoy día.

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Jeremy Bowen abría su retrospectiva para la BBC con estas palabras: "A Israel le bastaron seis días para aplastar a las fuerzas armadas de Egipto, Jordania y Siria". Y unos párrafos más adelante añadía: "La mañana del 5 de junio de 1967, en un ataque sorpresa, la Fuerza Aérea Israelí destruyó a la de Egipto". Nada decía de qué podrían haber hecho los árabes para que Israel se lanzara al ataque; bueno, sí: decía que habían proferido por radio "amenazas espeluzantes".
 
El caso es que los árabes habían concentrado una formidable fuerza militar en las fronteras de Israel, y que el mandatario egipcio, Gamal Abdel Naser, había expulsado del Sinaí a las fuerzas de pacificación de la ONU y cerrado ilegalmente los estrechos de Tirán, lo cual había privado a Israel de su principal vía de acceso al petróleo. Nada de esto aparece en el artículo de Bowen. Lo mismo es que no tenía espacio.
 
El amigo Bowen asegura que los generales israelíes, "tremendamente seguros de sí mismos", estaban impacientes por ir a la guerra porque sabían que no podían perderla. (Lo cierto es que tanto los militares como los políticos israelíes estaban muy angustiados; tanto, que el jefe del Estado Mayor, Isaac Rabin, sufrió una crisis nerviosa). "El mito de la guerra de 1967 –proclama Bowen– dice que el David israelí mató al Goliat árabe".
 
Por desgracia, el relato de este periodista de la BBC no es único. De acuerdo con la narrativa revisionista, lo más importante de 1967 no es que Israel sobreviviera a lo que sus enemigos habían concebido como una guerra de aniquilación, sino que, en el transcurso de la misma, ocupara tierras árabes, parte de las cuales aún conserva.
 
En las innumerables manifestaciones antiisraelíes que se han registrado estos días el lema estrella ha sido el de "Acabemos con la ocupación". En cuanto al secretario general de la ONU, ha emitido una declaración en la que se recuerda a las víctimas del conflicto en Oriente Medio, " particularmente a los palestinos que siguen viviendo bajo una ocupación que ya dura 40 años". Por lo que hace a la Iglesia Unida de Cristo, ha difundido un mensaje en el que se deplora la ocupación israelí –el término "ocupación", o cualquiera de sus parientes, aparece 15 veces– y no se hace una sola mención al terrorismo árabe, que lleva décadas cobrándose vidas israelíes.
 
Teniendo en cuenta la de veces que se dice que la "ocupación" es el principal obstáculo para la consecución de la paz entre árabes e israelíes, quizá hubiera sido de esperar que en las discusiones sobre la guerra que han tenido lugar en estos últimos días se hubiese destacado que en 1967, cuando los árabes mandaron sus ejércitos a cercar el Estado de Israel, no había ocupación alguna. Pero claro, eso habría significado reconocer que en la raíz de la ocupación se encuentran el odio y la violencia árabes. O sea, decir justo lo contrario de lo que se estila.
 
El reportaje que ha publicado Time con motivo del 40º aniversario de la Guerra de los Seis Días descansa por entero en la manera de ver las cosas de un palestino que ha vivido siempre bajo la ocupación, en la Margen Occidental. En ningún momento se nos dice que dicho territorio jamás habría sido ocupado si el rey Husein de Jordania hubiera accedido a las peticiones –públicas y privadas– de Israel para que se mantuviera al margen del conflicto. Pero Husein optó por hacer oídos sordos y bombardear Tel Aviv, Jerusalén y Netania. Radio Ammán anunció, en nombre del rey, que todos los israelíes debían ser "hechos pedazos". Fue entonces, y sólo entonces, que Israel, en defensa propia, penetró en la Margen Occidental.
 
Cuarenta años atrás, Time tenía bien claro con quién habían de estar las simpatías de la gente civilizada. En su número del 16 de junio del 67 ponía el foco en las belicosas amenazas de Naser e informaba de que las fuerzas árabes se estaban agrupando "amenazadoramente" alrededor de la patria judía. "Desde que, hace 19 años, fuera creado Israel, los árabes se han estado preparando para el día en que puedan destruirlo", explicaba a sus lectores; y una semana más tarde su portada llevaba por título lo que sigue: "Israel, la lucha por la supervivencia". Asimismo, ponía la alarma israelí en su contexto: 110 millones de "árabes hostiles" amenazando a los 2,7 millones de israelíes.
 
¿Qué más hacía Time por aquel entonces? Por ejemplo, reproducir lo que decían los propios árabes:
"Nuestro pueblo lleva esperando esta batalla 20 años", ruge El Cairo. "Israel va a recibir una lección mortal" (...) "¡Muerte a los judíos!", clama Bagdad. Y un mando sirio hizo este temerario vaticinio a los radioyentes: "Destruiremos Israel en cuatro días".
En 1967, los israelíes no dudaban de que El Cairo, Bagdad y Damasco pretendían hacer exactamente lo que decían. Time tampoco. Ahora el relato ha cambiado, pero los hechos, esa yunta de cabezones, no.
 
Si Israel hubiera perdido la Guerra de los Seis Días, hoy no habría ocupación. Eso es un hecho. Más que nada, porque Israel hubiera sido aniquilado. Y esto es otro hecho.
 
 
JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.
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