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ORIENTE MEDIO

Lara Logan y la liberación egipcia

Quizá lo más impactante del despreciable ataque sexual de que fue objeto la corresponsal de la CBS Lara Logan en la Plaza de la Liberación de El Cairo fue que, como bien sabrá quien conozca Egipto, no tuvo nada de chocante.

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"¿Por qué está tan extendido el acoso sexual en Egipto?", se preguntaba en noviembre Mary Rogers, de la CNN. Rogers, una veterana productora y camarógrafa que reside en el país árabe desde 1994, escribía ahí que la experiencia del acoso público unía a todas las mujeres egipcias, de toda clase y condición.

Jóvenes, viejas, extranjeras, egipcias, pobres, de clase media o ricas, no importa. Vestidas con el hiyab, con el niqab o con ropa occidental, no importa. Si eres una mujer residente en El Cairo, lo más probable es que hayas sido acosada sexualmente. Pasa en las calles, en los autobuses atestados, en el lugar de trabajo, en los centros escolares y hasta en la consulta del médico.

Rogers descubrió esta fea realidad al poco de llegar al país, cuando, caminando de casa al trabajo, un extraño "extendió la mano y me agarró el pecho como si nada". Tras soportar repetidas veces el asalto repugnante, Rogers dejó de ir caminando al trabajo.

En una porción del mundo tristemente célebre por los niveles de maltrato a la mujer, Egipto descuella. Según un estudio llevado a cabo en 2008 por el Centro Egipcio por los Derechos de la Mujer, el 83% de las egipcias y el 98% de las turistas han experimentado alguna forma de acoso sexual en público. Más de la mitad de las egipcias afirman padecerlo todos los días. Y, en contra de la opinión generalizada, la mayoría de las víctimas de este "cáncer social", como lo denomina el referido centro, visten la discreta vestimenta islámica.

No todos los actos de acoso sexual son físicos: aparte de los tocamientos y los actos de exhibicionismo, el acoso comprende las miradas, los silbidos y los acechos obscenos. El que padeció Logan fue lo suficientemente grave como para que la periodista acabara en el hospital.

La CBS informó de que el 11 de febrero, el día en que Hosni Mubarak abandonó la presidencia, Logan se vio separada de su equipo y rodeada por una turba de más de 200 personas "presas del frenesí". El ataque se prolongó durante más de 20 minutos, en el curso del cual Logan fue golpeada y sometida a un asalto sexual "brutal y sostenido". Finalmente, fue rescatada por un grupo de mujeres y un grupo de soldados egipcios. Al día siguiente fue trasladada a los Estados Unidos, donde permaneció hospitalizada hasta el miércoles 16.

Si los egipcios son capaces de tratar así en público a una mujer en medio de un acontecimiento nacional que está concitando la atención de todo el mundo, ¿qué no harán en privado cuando estén frustrados o enfadados? Los datos recogidos por la Central Agency for Public Mobilization and Statistics apuntan que la mitad de las mujeres casadas son apalizadas, por lo general por sus propios maridos. Un estudio diferente, citado en el Informe 2009 de Desarrollo Humano Árabe, calcula que el 35% de las egipcias casadas han sido atacadas físicamente; ahora bien, el informe advierte de que los casos de violencia contra mujeres no se denuncian en el mundo árabe: "Es un asunto tabú", y a las mujeres que presentan denuncias se las considera deshonradas.

"La violencia sexual no es una aberración en Egipto", escribe Joseph Mayton, editor de Bikya Masr, un proveedor virtual de periodismo egipcio independiente. "Está profundamente enraizada". El asunto saltó por un momento a la arena pública en el año 2006, cuando un grupo de jóvenes irrumpió en los alrededores de un cine cairota y toqueteó y arrancó la ropa a toda aquella desdichada que se le puso a tiro. Pero "tras unas semanas de acalorado debate", informa Mayton, volvieron el silencio y la negación habituales.

El reciente levantamiento egipcio ha excitado la retórica de la libertad, las reformas y el inicio de una nueva era. Pero el repugnante ataque contra Lara Logan es un recordatorio de que buena parte de la crueldad y la corrupción que asuelan Egipto no tiene nada que ver con Mubarak ni con su régimen. Ninguna nación, ninguna cultura que somete la mitad de su población a la degradación que padecen las mujeres en Egipto y en casi todo el mundo árabe puede tener siquiera la esperanza de alcanzar la grandeza.

En una célebre carta fechada en 1776, en plena revolución americana, Abigail Adams imploraba a quien sería segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams:

Tened presentes a las damas, y sed más generosos y protectores con ellas de lo que lo fueron que vuestros antepasados (...) Aborreced las costumbres por las que sólo se nos considera siervas de vuestro sexo.

Para la América del Setecientos, ese fue un consejo muy digno de tener en cuenta. Para el Egipto y el Oriente Próximo del siglo XXI, resulta indispensable. Si no hay liberación de la mujer, no hay liberación, así de claro.

 

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