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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Todos turcos

No me refiero a la arquitectura otomana, sino a la mentira. Tres, grandes, inmensas, históricas mentiras surgen inmediatamente, apenas se cita a Turquía. Una es exterior e internacional, de la que también son culpables los países anglosajones, que presentan a la Turquía de hoy como un país laico y democrático cuando en realidad se trata de un país que se islamiza a marchas forzadas e inevitablemente limita drásticamente la democracia.

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Otra mentira constituye un dogma nacional: la negación del genocidio de los armenios en 1915 –sin citar a los anteriores–, negación tan institucionalizada que el Código Penal turco castiga con diez años de cárcel cualquier alusión al mismo. Es más, la historia oficial turca acusa a los armenios de haber perpetrado un genocidio contra los turcos ese mismo.
 
La tercera, por ahora, es que Turquía es Europa, pero se trata de una mentira tan grotesca que ni siquiera vale la pena refutarla.
 
Me viene este ejemplo a la mente porque en ciertos lugares del mundo se está conmemorando estos días la memoria del mencionado genocidio, y además da la casualidad de que mi mujer es armenia, y desde hace decenios, a través de ella, de su familia y amigos, he oído y leído muchas cosas sobre esa tragedia. Pero no voy a tratar de Armenia: después de este humilde ramillete depositado en ese gigantesco cementerio sin tumbas voy a citar otras mentiras que se han instalado confortablemente en las mentes: tan potente es la maquinaria desinformativa de la progresía y el conformismo de los borregos.
 
Por ejemplo, leo en 'La Papelera' de El Cultural (25/30 de marzo), con la firma de Juan Palomo –no sé si sigue siendo el pseudónimo de Armas Marcelo, o si han cambiado de "palomo"–, lo siguiente: "[Viviane Forrester] acaba de publicar en Francia El crimen occidental y pone el dedo en la llaga diciendo, por ejemplo, que 'la palabra Shoa es muy linda (¡), pero llamar al horror nazi con un nombre hebreo hace que ese horror sea únicamente judío, y donde pasó todo fue en Europa. No se gaseó a judíos, sino a franceses, belgas, alemanes...'". Salvo Palomo de armas marcelo, o quien sea, todos sabemos que Viviane Forrester es tonta, y si tiene éxitos editoriales es porque hay mucho tonto suelto por el ancho mundo, pero subrayar como ejemplar esa estúpida canallada suya, eso sí que merece no la papelera, sino el cubo de basura.
 
Da asco tener que repetir que el término hebreo Shoa se refiere, efectivamente, al genocidio de los judíos por los nazis. No fueron los únicos deportados y asesinados, pero lo fueron masivamente. Y sólo se gaseó a judíos, y sólo en los campos de exterminio situados en territorio polaco. Viviane Forrester puede estar segura de que su libro se va a traducir al árabe, porque hasta la fecha sólo en esos países se ha negado el genocidio, la Shoa de los judíos. Bueno, y en los círculos extremistas, de derecha e izquierda, "propalestinos" y antisemitas.
 
Lamento, en este sentido, haber perdido el recorte, y sólo me queda una nota manuscrita, pero recuerdo que el conocido periodista progre K.S. Karol, quien antaño predecía que Carrillo iba a salvar a España, en un artículo publicado en Le Nouvel Observateur y reproducido en El País hace ya varias semanas, comentando la propuesta (rechazada) de los nacionalcomunistas de la Duma rusa de disolver todas las organizaciones judías y deportar a los hebreos, porque entre otros crímenes seguían sacrificando a niños y bebiendo su sangre (sic), concluía con la pregunta siguiente: "El problema del antisemitismo resuelto en 1917, ¿va a resurgir en la Rusia de hoy?" (cito de memoria, por supuesto). ¿Resuelto en 1917? Desde Stalin a Gorbachov, y está visto que la bestia sigue dando coletazos, el antisemitismo soviético, tan oficial como hipócrita, fue el más virulento de toda la historia rusa.
 
Otro ejemplo. En El País (13.4.05), a un tal José Andrés Rojo, comentando la abundancia de libros que se publican sobre "el rostro inhumano de la II Guerra Mundial" y seleccionando entre tantos horrores uno ocurrido en Letonia en 1941, cuando los nazis desnudaron, fotografiaron y fusilaron a 3.000 judíos, sobre todo mujeres y niños, sólo se le ocurre esta apostilla: "¿Será eso lo que sigue intrigando de aquel remoto pasado, que las humillaciones de entonces se parecen mucho a las que ahora mismo se han cometido en Abu Ghraib?".
 
Pues resulta que el caso de la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, es ejemplar, sí, pero para los Estados Unidos. Allí, un puñado de soldados y soldadas, que no fusilaron a nadie, ejercieron malos tratos y vejaciones a presos iraquíes, presuntos verdugos y torturadores del régimen de Sadam Husein, y las autoridades militares y civiles norteamericanas les detuvieron, juzgaron y encarcelaron. No hubo torturas, quien lo afirme no sabe de lo que habla; las torturas las ejerció, por ejemplo, y de manera sistemática, el ejército francés en Argelia, y no sólo no se tomaron medidas contra los responsables, sino que se les ascendió en la jerarquía militar.
 
Pero da lo mismo, porque todos son turcos, y repitiendo mil y una vez la misma mentira creen que se convierte en verdad. Y demasiadas veces así sucede, y Abu Ghraib se convierte en Lubianka, Guantánamo en Auschwitz, las barriadas y urbanizaciones palestinas en "campos", peores que los campos nazis. Y no se comparan al Gulag porque éste no ha existido, salvo en la propaganda liberal...
 
Las cosas son realmente graves, porque no se trata únicamente de los medios desinformativos, que repiten, tozudos, diariamente mentiras contra los USA, contra Israel, contra el capitalismo y, por ende, su faceta más progresista: el liberalismo, sino que esa ideología de la mentira domina totalmente la enseñanza en numerosos países europeos, justificando moralmente el terrorismo islamista, repitiendo las mentiras de El País y la Ser, porque además en España no existe la menor "ley anti-trust" y el Imperio Polanco controla tanto los manuales como la radio y la prensa. Con un solo objetivo: el beneficio máximo. Porque la mentira progre se vende requetebién. Lo dicho, son todos turcos.
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