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Federico Jiménez Losantos

González vuelve a Godó y Cebrián a Perpiñán

El efecto electoral del arrepentimiento público de González y su adhesión al nacionalismo catalán será muy grande, acaso decisivo.

Federico Jiménez Losantos
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Sólo seis días le ha durado el ataque de responsabilidad política a Felipe González. Ni una semana ha mantenido su condena al proceso separatista catalán, a la liquidación de las libertades cívicas, al desafío abierto contra España que motivó su carta "A los catalanes" en El País. Seis días después, el padrino de Cebrián ha dejado a la madrina de Prisa, que inauguró el curso político en la SER "agradeciéndole" a González su apoyo al Gobierno y a la Constitución, en el más absoluto de los ridículos.

En La Vanguardia, periódico que ha forjado la alianza de partidos "a los que sólo une el odio a España", según decía él el domingo pasado, González no sólo ha pedido perdón de rodillas al nacionalismo catalán, sino que se une al coro golpista como nueva "monja coadyuvante" de Artur Mas. Esta semana, Tigrekán dice que la Constitución Española tiene que reformarse, incluir que Cataluña "es una nación" y declarar "intocable" la política de apartheid lingüístico que mantiene el separatismo desde Pujol, al que dedica párrafos de encendido afecto. No así a Aznar y a Guerra, que al parecer son los culpables de que, como también afirma en una cantinflada de las suyas, en Cataluña ya no se pueda hablar de política en las familias.

El Puente Aéreo Anticonstitucional

Evidentemente, lo que dice González supondría abolir la soberanía nacional española y crear para Cataluña una especie de maquila o zona libre de impuestos (el Pacto Fiscal), como las de Ciudad Juárez en la tierra de Cantinflas -su demóstenes-, del PRI -su modelo de partido-, y de Carlos Slim -su empleador y arquitecto de su fortuna. Del deshabitado cerebro de Tigrekán II hace mucho que desertaron las ideas y en sus esquinas anidan las arañas del rencor. A Guerra, por los adentros de izquierdas, a Aznar, por las afueras de derechas, a la ingrata España, por no rendirle culto idolátrico.

Si Cataluña es una nación que debería ser reconocida como tal por la Constitución Española estaríamos ante una asombrosa novedad en nuestra historia, porque hace más de dos siglos que en España hay Constituciones, que duran más o menos, pero jamás se le ha ocurrido a nadie reconocer otra nación que la española ni otro titular de la soberanía que el pueblo español. Teniendo en cuenta que Cataluña siempre ha pertenecido a España, desde la monarquía visigoda hasta la actual, pasando por la corona de Aragón en la que estaban sus condados, ¿qué evidencias constitucionales e históricas ha encontrado el Cantinflas de la Bética para cambiar lo que todos, lo que se dice todos los constituyentes españoles, empezando por los catalanes de 1812, consideraban como indiscutible: que la soberanía nacional, con o sin el Rey, reside en el pueblo español, y sólo el pueblo español, es decir, todos los españoles, pueden disponer de ella? González se suma al PSC, Zapatero y a otros socialistas en el reconocimiento, por primera vez en la historia de un partido no regional catalán, de una soberanía que no es la española. ¿Se dan cuenta de lo que eso supone, además de traicionar a su antigua nación?

¿O es que González cree que puede seguir llamándose español, mientras los que como él nacieron en Sevilla, o sus hijos, o sus nietos, se ven privados de derechos cívicos en Cataluña? ¿Qué pasa con los catalanes que se sienten lo que siempre han sido, españoles? ¿Qué nacionalidad van a tener en esa región reconocida? ¿La española, con derecho a seguir a La Roja (siempre que siga siendo otra masía del Barça) como dice Romeva?

¿Qué haría España con los catalanes españoles?

¿Y si se reconoce esa nación, qué nacionalidad querrá dispensar a sus súbditos la Generalidad golpista que ahora respalda González? ¿Sólo la catalana? ¿Y la parte de Cataluña que la quiera española? ¿Qué hará con ella España? Los progres les afearán mucho la conducta, como en TVE a los que pitan a Piqué por respaldar que se pite el himno de España, pero no bajarán de tres millones los que quieran seguir siendo españoles y parte de la Unión Europea, en vez de catalanes soberanísimos pero fuera del euro y de todos los derechos que la pertenencia a la UE confiere a sus miembros. ¿Qué ha pensado González para estos apátridas españoles aún en España?

Evidentemente, nada. Para los socialistas se trata, como siempre, de sacar ventaja de cualquier situación política para alcanzar el Poder. Luego, algo se les ocurrirá. Como con la OTAN, no me extrañaría que González pidiera un referéndum diseñado para el NO para acabar pidiendo el SÍ. Si entonces le torció el brazo al partido y a toda España, ¿por qué no ahora? Y supongo que en eso desembocará la antiguamente llamada "tercera vía" y hoy Gran Vía del Conde de Godó, bajo cuyas alamedas subvencionadas vuelve a pasear feliz, ramoneando en los arbustos, el que fuera durante cuatro legislaturas, cuatro, presidente del Gobierno del Reino de España.

El papel mediático en la participación del 27S

El efecto electoral de este arrepentimiento público de González y su adhesión al nacionalismo catalán –que eso y no otra cosa supone reconocer la nación catalana en detrimento de la secular soberanía nacional española- será muy grande, acaso decisivo. La retractación de González supone una marcha atrás en lo que el Gobierno de Rajoy y Soraya consideraban más que posible: que los medios de Prisa y progres aledaños alertaran a los ciudadanos de Cataluña de la gravedad del envite del 27S para animarlos a votar más de lo que suelen hacerlo en las autonómicas.

Pero si los progres catalanes de la SER ven que hasta González pide el reconocimiento de Cataluña como nación, ¿Cómo no van a favorecer la lista de Romeva, Mas, Junqueras y demás? Como mucho, se pondrán de perfil, desmovilizando al votante, que es lo peor para los partidos que defienden la unidad de España: Ciudadanos y el PP. Al final, salvar de la quiebra a Prisa, presentar elpais.cat y presumir del apoyo de González al Gobierno se saldará, como casi siempre, con la SER poniendo verde al PP, ignorando a Ciudadanos y favoreciendo al separatismo. Enhorabuena, Soraya.

Junto a la ratificación de su alianza podemita por Pedro Sánchez, la vuelta de González –con Cebrián, eterno ideólogo del pacto del PSOE con los separatistas- al sectarismo anti-PP supone también que toda la izquierda oficial, con Prisa y el PSOE a la cabeza, ha vuelto –si es que alguna vez dejó de estar ahí- con los nacionalistas a Perpiñán, al pacto con la ETA y el separatismo, al cordón sanitario contra el PP y los que defienden a España. El bloque golpista del 11M sigue en pie. Y Rajoy, cercado en su sótano de Moncloa como el 13M en Génova, sumido en su fosa ética, políticamente yerto, sigue como en aquellos días atroces: total y absolutamente en Babia.

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