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Federico Jiménez Losantos

Terrorismo: el enemigo sigue dentro

A Occidente le han declarado la guerra los islamistas, pero la mitad de Occidente sólo quiere que esa guerra la pierdan los norteamericanos.

Federico Jiménez Losantos
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Llevo una semana pensando qué decir sobre la masacre de París y todo lo que ha sucedido después, que no es poco y va ser, sin duda, mucho más. Pero he llegado a la conclusión de que en los asuntos realmente graves la primera obligación intelectual es la de no ser demasiado original, brillante o innovador, sino consecuente. Hace más de 11 años, el 12 de Septiembre de 2004, cuando se cumplían tres años del 11S y llevábamos medio año con el 11M y Zapatero a cuestas, escribí en Libertad Digital un artículo que, preparando un libro sobre los años de Rajoy, he vuelto a leer. Y creo que, en lo sustancial, expresa todo lo que tengo que decir sobre el terrorismo y sobre el problema de Occidente para abordarlo. Los lectores de LD, leídos y tan agudos, podrán actualizar las referencias. Yo lamento que en once años no haya cambiado nada y no pueda ni deba cambiar mi diagnóstico. En mi opinión, mientras Occidente no cambie, no podrá ganar la lucha contra el terrorismo islámico. Y no hay que cambiar un diagnóstico para no repetirlo. Mientras la enfermedad siga, hay que insistir en curarla.

Je ne suis pas Paris. Y este es el texto que no he conseguido mejorar:

TRES AÑOS DEL II-S: EL ENEMIGO ESTABA DENTRO

"Tres años después del 11-S y seis meses después del 11-M la única conclusión que se impone es que el enemigo de la libertad, el auténtico peligro para la civilización occidental está en casa, que toda la fuerza de los Ben Laden y compañía es eso: la compañía. Pero esa fuerza que hace realmente temible al terrorismo islámico es la misma que tenía contra las cuerdas a las democracias liberales en los años setenta, es la misma que entregó Vietnam, Laos y Camboya al comunismo, y trató de hacer otra Cuba en Granada, Nicaragua o El Salvador. Es la misma que ahora ha utilizado la guerra de Irak para acabar con los gobiernos liberal-conservadores, es la misma que ha aprovechado, si no colaborado, con los asesinos de Madrid para acabar con el Gobierno del PP. Es la misma que utiliza la ONU como escudo contra la única potencia con la capacidad y la voluntad de defender el bien llamado mundo libre. Es Chomsky y es Kerry, es Ramonet y es Chirac, es Cebrián y Zapatero.

A estas alturas, nadie puede ya dudar de que el comunismo no cayó por la presión de las democracias, sino por la conjunción de un gobernante afortunado y admirable, Ronald Reagan, que sí creía en la libertad y que con su impenitente optimismo americano y su insólita disposición a luchar provocó la caída de un Muro de Berlín y de una URSS que estaban en peor estado del que ellos y nosotros suponíamos. Pero desde entonces, los que con el Imperio Soviético perdieron su única referencia política real han sido capaces de sobrevivir haciendo lo único que siempre han sabido: minar el sistema de libertades desde dentro, desacreditar sus valores, luchar en todos los ámbitos contra la herencia de Occidente, cuyo bimilenario fruto es precisamente ése, el de la libertad, único capaz de crear una continua y creciente prosperidad a los humanos dispuestos a correr ese riesgo.

Pero no nos engañemos: para la gran mayoría de los periodistas, de los profesores, de los políticos e incluso de los ciudadanos de los países occidentales, tanto europeos como americanos y asiáticos, la libertad es una especie de regalo, un derecho con el que piensan que nacen y que deben disfrutar como los niños sus juguetes: hasta romperlos. No sabemos lo que sucederá en las elecciones norteamericanas, si John Kerry, el típico demócrata indeseable, ganará las elecciones a un Bush con más voluntad que acierto, aunque siempre en los USA nos haya salvado su voluntad. Pero en la Unión Europea hemos visto desde el 11-S la misma abyección que hasta ahora habíamos leído en los libros de historia sobre el apaciguamiento ante Hitler. Abyecta Alemania, abyecta Francia, pobre y desgraciada España, que de ser el país más firme en la lucha contra el terrorismo se ha convertido en el más débil, en un despojo militar y un pingajo diplomático. En España ha demostrado el terrorismo que, contando con la quinta columna de siempre, la de los enemigos del liberalismo y de la democracia, puede hacer y deshacer Gobiernos, cambiar resultados electorales y provocar colapsos militares y políticos. A Occidente le han declarado la guerra los islamistas pero la mitad de Occidente sólo quiere que esa guerra la pierdan los norteamericanos. Ésa es la verdad.

Seguiremos defendiendo la libertad los que ni queremos, ni podemos ni sabemos hacer otra cosa. Pero cada día es más difícil luchar contra esta conjura de los necios, contra esta ruleta rusa que está cargando la frivolidad de unos intelectuales y una clase dirigente en los países occidentales que no merecen sino la extinción a la que juegan. Sabemos lo que combatimos, pero debemos reconocer con quién nos enfrentamos. No es Ben Laden, es Chirac. No son los talibanes, son los socialistas y comunistas, los millonarios de izquierdas, los progres de salón, los funcionarios de la rendición. Son los de hace tres años, y treinta, y ciento treinta. Son los de siempre".

Libertad Digital, 12 de septiembre de 2004

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