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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Diecisiete negritos

El Estado Autonómico, principal lastre de nuestra economía, ha tenido esta semana la primera prueba importante de cara a su supervivencia con el examen de las cuentas regionales por parte de los responsables del Gobierno de Rajoy. Como en la novela de Agatha Christie, todos los presentes son culpables del crimen. Ahora sólo falta saber en qué orden van a ir desapareciendo de la escena.

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También como en la novela de la autora británica, los protagonistas sospechan unos de otros, hacen cábalas sobre cuál va a ser el siguiente en caer y temen engustiados ser ellos. Hay candidatos muy serios a ser el primer negrito de este desastre financiero, un auténtico crimen contra los ciudadanos españoles, que llevamos treinta años sosteniendo con nuestro dinero un invento que jamás debió ver la luz.

La ventaja que tienen los responsables autonómicos es que el elevado número de Gobiernos periféricos y su distinto peso en la economía nacional permitirá a Rajoy blasonar ante las autoridades europeas de su rigor con las autonomías sin suspender a las diecisiete, que en pura lógica es lo que debería haberse hecho ya hace algunos años.

De lo que se trata no es de resolver un problema acuciante que agrava nuestros aprietos económicos generales impidiendo una salida ágil de la recesión, sino de ganar tiempo ante los mercados financieros y las instituciones europeas, de convencerlos de que sigan prestándonos el dinero que necesitamos para no suspender pagos como nación. Así pues, la cuestión reside no en la intervención de las autonomías más tóxicas, sino en repartir estrictamente las collejas imprescindibles para seguir manteniendo el Estado Autonómico como hasta ahora y continuar trincando préstamos del BCE para financiar los diecisiete chiringuitos.

La reunión del Comité de Política Fiscal y Financiera finalizó con una reprensión al Principado de Asturias, el eslabón más débil de la cadena autonómica, que como lleva varios meses sin Gobierno tiene diluida la responsabilidad de su desastre entre el PSOE, que gobernó hasta 2011, el partido de Álvarez Cascos, que ha estado gestionando la cosa de forma provisional siete meses y el renovado Ejecutivo socialista y comunista, con el aditamento de UPyD, que es el que finalmente va a tener que ejecutar los recortes indicados amablemente por Montoro en la reunión del jueves.

También hubo algunas palabras recias entre el ministro de Hacienda y la consejera andaluza del ramo a cuenta de la fiabilidad de unas transferencias de fondos europeos de cuya llegada cabe dudar seriamente, pero parece que Patrimonio Nacional no se verá obligado a reponer parte del mobiliario y los objetos decorativos del salón de juntas donde se llevó a cabo el contubernio. Las demás comunidades se llevaron un sobresaliente. No cum laude, porque la cosa no está para pasarse, pero sí una nota bien alta que reconoce los esfuerzos llevados a cabo por la casta autonómica para no ahondar en la ruina ya existente. Esfuerzos sobre el papel, claro, porque no debemos olvidar que lo que ha hecho el Ministerio con las autonomías ha sido revisar hojas de Excel con previsiones de gastos e ingresos, y la informática últimamente es que lo aguanta todo.

Ahora está por ver si esas previsiones se cumplen, especialmente las referidas a los ingresos que las autonomías pretenden recaudar a través de las subidas de impuestos que hayan decretado. Porque todo el entramado de la reforma financiera en las autonomías gira en torno a dos polos. Uno es el del gasto, que depende únicamente de la voluntad de los dirigentes. El otro, ay, es el de los ingresos fiscales, sobre cuya concreción los Ejecutivos autonómicos no tienen posibilidad de influir dado que dependen de las actividades productivas sobre las que se aplican. Con una economía desplomándose a ritmo acelerado, cualquier previsión de aumento de ingresos del fisco es una quimera, por más modestia que se aplique en los cálculos.

Por todo ello, Montoro ha decidido que vigilará muy de cerca el cumplimiento de esos planes financieros, que ayer asperjó con el hisopo de las grandes ocasiones en el Te Deum celebrado con los oficiantes autonómicos, a ver si la prima de riesgo, esa heresiarca, se da por aludida.

El riesgo de que las autonomías vayan cayendo poco a poco como en Diez negritos sigue vigente. Ninguna, salvo Madrid, va a cumplir el objetivo de déficit, pero la pregunta es: ¿quién será la primera en caer? Con seguridad, una del PP, para evitar sospechas de partidismo en asunto tan principal. En la zona de Levante, los políticos populares ya se dan de bofetadas para pedirse un puesto decente en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Con pistas como esa, no hace falta ser Hércules Poirot, vamos.

 

twitter.com/PabloMolinaLD

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