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CIENCIA

Neutrinos a la basura

¡Un cable! ¡Era un cable mal puesto el responsable de que Einstein fuera desterrado del Olimpo de los infalibles!

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Ustedes ya saben a qué me refiero. El pasado mes de septiembre los físicos del experimento Opera anunciaron al mundo los resultados de su famosa investigación. Habían detectado con alto grado de certeza que un haz de neutrinos podía viajar a velocidad mayor que la de la luz. No hace falta que les recuerde el revuelo que se montó. Porque detectar una partícula superlumínica de tales características ponía en parte en entredicho algunos postulados de la teoría de la relatividad de Einstein.

Esta semana hemos sabido que es también probable (con un alto grado de certeza) que el experimento contuviera algún error. En concreto, sus responsables admiten dos fallas. Una sería un desajuste en los sistemas de geolocalización por GPS que se utilizan para sincronizar los relojes atómicos que deben cronometrar la carrera de los neutrinos en la salida y en la meta. Otra, algo más pedestre, sería la mala conexión de un cable de fibra óptica que traslada la señal desde dichos GPS al reloj maestro de Opera.

Una fuente anónima filtró a la revista Science esos desajustes y la comunidad científica internacional hoy suspira entre el alivio y el desencanto. Einstein sigue teniendo razón, para bien y para mal.

Cuentan que un día el viejo Albert visitaba en Estados Unidos unas potentes instalaciones astronómicas con su esposa. Los científicos yanquis se esforzaban en elogiar el poder de sus antenas de radioastronomía y sus lentes ópticas para escudriñar el Cosmos. Era una ventana al conocimiento de las magnitudes más grandes del Universo. La mujer de Einstein, ufana como sólo puede serlo el cónyuge de un Nobel, replicó: "Entonces ¿ustedes utilizan todos estos aparatos carísimos para estudiar lo mismo que estudia mi marido con lápiz y papel?".

El valor de las teorías de Einstein (y su gran debilidad) es que son especulaciones matemáticas nacidas del cerebro de un genio. Es cierto que muchas de ellas han podido ser confirmadas con el paso del tiempo mediante experimentos físicos. De hecho, si hoy tenemos GPS, televisores de plasma y ordenadores es porque, en muchas cosas, Einstein tenía razón.

Pero en ciencia una teoría no es nada hasta que no se confirma experimentalmente. Que Einstein tenga razón hoy no supone virtud alguna para nuestro conocimiento de la naturaleza. La ciencia avanza a base de repetir sus éxitos y purgar sus fracasos. En este sentido, el anuncio de que Opera seguirá en marcha y tratará de repetir sus experimentos corrigiendo los errores es una buena noticia.

Otra cosa es empecinarse en la fascinación por asuntos que no la merecen.

No son pocos los que han saltado a la yugular de los periodistas (¡cómo no!) por haber anunciado con grandes titulares en septiembre la muerte de Einstein. Cuando el mensaje es difícil de justificar, siempre hay un mensajero a mano para expiar las culpas. No fueron periodistas los que convocaron a la prensa mundial para anunciar el descubrimiento de los neutrinos superlumínicos. Ni fueron los únicos que se lanzaron a la piscina de la quiebra einsteniana. Yo mismo vi con mis ojos ya présbites a físicos de gran fama dando palmas de entusiasmo ante el anuncio. Acudan a Google y busquen el vídeo del mismísimo Ron Heuer, director general del CERN, clamando con voz temblorosa que, tras semejante hallazgo ,"se podrá responder al ser o no ser de Shakespeare"... ¡Toma ya! Y no, no es un periodista sensacionalista.

Quitémosle dramatismo al asunto, sin que sirva de precedente. La ciencia se equivoca, sí. Afortunadamente. Esta semana hemos acudido a otros desmentidos menos sonados. Después de años creyendo que el cromosoma Y del ser humano se está descomponiendo a pasos agigantados y que al macho sapiens le quedan dos telediarios, un nuevo informe que reconstruye nuestra evolución ha demostrado que el cromosoma en cuestión se encuentra estable (dentro de la gravedad) desde hace 25 millones de años. Alivio para los varones que nos lean.

Otro mito derrumbado: un estudio internacional en el que participa el CSIC echa por tierra la creencia de que los mares del planeta se están infestando de medusas. De hecho, no existen pruebas concluyentes de que se esté produciendo un aumento en la población de estos animales. ¿Pero no nos decían el año pasado que nos iban a comer vivos?

Prueba y error. Así avanza el ingenio humano. Ni más ni menos. Qué quieren que les diga: a mí me parece fatal que Einstein siga siendo infalible. Deseo que mis hijos puedan contemplar un universo posteinsteniano lleno de posibilidades que ahora ni somos capaces de imaginar. Y, mientras tanto, no se me vuelvan puristas, que un buen titular sobre viajes en el tiempo de vez en cuando salpimenta que da gusto la árida información científica y no le hace daño a nadie. Aunque luego se demuestre que el único que viajó fue un pedazo de cable... a la basura.

 

twitter.com/joralcalde

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