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Fin de semana

CIENCIA

¿Por qué es tan difícil combatir el cáncer?

Enrique Coperías
La gran batalla de la medicina moderna es, de lejos, derrotar el cáncer. Gracias a los avances registrados en la comprensión de sus mecanismos de actuación, los médicos son capaces de curar casi la mitad de los procesos cancerosos. Sin embargo, el otro 50% sobrevive al actual arsenal terapéutico. ¿Por qué? Que se lo pregunten a las células madre.
CRÓNICA NEGRA

Cazadores de mujeres

Francisco Pérez Abellán
En las sociedades avanzadas surgen delincuentes sexuales que llevan una vida aparentemente normal. Incluso son delincuentes blancos, sin antecedentes, con residencia habitual y trabajo fijo. Por eso son tan difíciles de descubrir. En nuestro país, los delitos contra la mujer, en especial los más graves, no paran de aumentar.
LA VERSIÓN GILIPROGRE

El nacimiento del ciudadano Jesús

Pablo Molina
María y José eran dos ciudadan@s palestin@s de la clase proletaria a l@s que el imperialismo romano, que en aquellas fechas se enseñoreaba de las tierras de Siempre Hamás para esquilmar sus recursos naturales e imponer su sistema político centralista a través de la guerra preventiva, obligó a realizar un viaje para que quedaran debidamente registrad@s (fichad@s, pues) en el censo poblacional.
PANORÁMICAS

El Ala Oeste de la Casa Blanca, o ¡viva la telefilia!

Santiago Navajas
El siglo XX se caracterizó por la cinefilia: el amor incondicional por y la defensa enardecida del cine como arte por excelencia de los nuevos tiempos. Si, como proclama Godard, el cine no ha cumplido con las expectativas y está agonizando, por su incapacidad para responder a la realidad, refugiado en la repetición de fórmulas establecidas y el onanismo experimental, dejemos paso a su heredera, tan calumniada como pudo serlo el cinematográfo en sus orígenes, e inauguremos sin vergüenza la telefilia.
MODA

British Vogue cumple 90

Luis Margol
Lanzada en 1916 y consolidada durante la Gran Depresión y los años 40, la edición británica de la revista neoyorquina es un ejemplo de espíritu empresarial y un gentil desmentido a las descripciones de la americana como una sociedad de consumo habitada por esclavos de las tendencias. Cómo, si no, se explica que fuera precisamente durante la Gran Guerra que Condé Nast, quien relanzó la moribunda publicación en 1909 y, tras la introducción de fotografías en 1913, la convirtió en referente de la sociedad elegante, decidiera autorizar una versión británica.