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El rey del crimen

Charles Milles Manson, de 83 años, ha muerto sin salir de la cárcel en los últimos 46. Ha sido hasta el último momento el criminal más famoso del mundo.

Francisco Pérez Abellán
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Cordon Press

Charles Milles Manson, de 83 años, ha muerto sin salir de la cárcel en los últimos 46. Ha sido hasta el último momento el criminal más famoso del mundo. Su delito fue fundar una secta satánica en la que transformaba en asesinos en serie a jóvenes descarriados. Preferentemente mujeres, a las que hacía prostituirse o prestar favores sexuales a cambio de la supervivencia de lo que llamaba "la Familia Manson". Ellas le adoraban y se sentían felices al figurar entre sus preferidas. Participaron en nueve asesinatos. En ninguno de ellos se manchó las manos Manson, pero siempre fue el autor intelectual.

Manson ha inspirado a muchas figuras del rock, como Marilyn Manson, que le robó el apellido, o los Guns & Roses, que utilizaron su voz; y Los Ramones, que banalizaron sobre la pasión con la que logró la gloria. Él mismo quería ser una figura de la música, aunque no servía para ello, como Hitler nunca fue un buen pintor. Manson se dibujó una esvástica en la frente cuando fue juzgado y así ocupó la portada de la revista Life. Y sin embargo era solo un hombrecillo insignificante: pequeño, poco agraciado y analfabeto. Lejos de la zarabanda informativa, tal y como se demostró, el cerebro del mal no tenía ni media hostia.

Uno de sus recursos más efectistas era doblar la bisagra para besar los zapatos de la gente a la que quería agradar, como Dennis Wilson, el batería de The Beach Boys.

Sin embargo, compuso un personaje de profeta y predicador. Su prédica era pobre pero suficiente para encandilar a una legión de indigentes culturales. En el verano del amor, por allá en los finales de los sesenta, cuando el flower power. Manson fue un gurú hippy convertido en asesino despiadado, como el Viejo de la Montaña, que mandó matar a un músico, a un actor, a la hermosa Sharon Tate, casada con Roman Polanski, en Cielo Drive 10050, junto con tres amigos, más el amigo del conserje; y al matrimonio Labianca. Todos de forma horrenda. Extrayendo al feto del vientre de Sharon embarazada de ocho meses y mojando en su sangre una toalla con la que hizo escribir "Pig" (cerdo) en las paredes. Bajo la prédica de que había que acelerar el conflicto racial entre blancos y negros, el "Helter Skelter", sacado de una canción del Álbum Blanco de The Beatles, que, según decía, le habían enviado un mensaje. Era un poderoso timador rodeado de crédulos que le siguieron por el desierto hasta el Valle de la Muerte.

Lo peor de todo es que nunca le habrían cogido si no hubiera sido porque los miembros de su familia empezaron a alardear de los crímenes. Susan Atkins, conocida como Sexy Sadie, una de las forofas más entregadas, detenida por otro asunto confesó que había participado en los asesinatos de Tate y los Labianca. Si se se hubiera estado callada, la investigación habría seguido dando vueltas en redondo sin llegar a ninguna parte. Atkins fue la que abrió el vientre de la sex symbol, incapaz de sentir compasión por nadie, acompañada por Patricia Krenwinkel y Tex Watson, un personaje tan noqueado por la droga que en un año y medio perdió la mitad de su inteligencia, que la verdad nunca fue mucha. Atkins tampoco salió nunca de prisión y murió en ella.

El truco secreto del gran timador eran la marihuana y el LSD. Los miembros de la Familia eran adictos al sometimiento y a todas las prácticas que les enseñaba el mago venido directamente de prisión, donde fabricó un cuento largo mezcla de esoterismo y filosofía oriental. Primero sedujo a una bibliotecaria muy joven y luego le llenó el piso de otras mujeres, hasta dieciocho, contra su voluntad. Todas rendidas. Todas conquistadas. Capaces de delinquir por él, y de matar por él, literalmente. En realidad era simplemente un charlatán, un cantamañanas, un tipo con un discurso fraudulento que posaba de guía espiritual. Un mal músico y peor compositor que quiso vengarse del productor Terry Melcher, hijo de Doris Day, que nunca quiso producirle ningún disco y que vivió en la casa convertida en panteón antes de Sharon Tate y Polanski. Logró su venganza y le produjo un enorme terror para siempre, pues viviría pensando que podría haber sido él y su familia las víctimas de los satánicos familiares.

Manson gozó de una fama reverencial, se transformó en un icono de la cultura pop más siniestra, estuvo a punto de casarse, por su fama, con una joven de 26 años cuando ya era un triste carroza, y aunque parezca mentira, a pesar de su patetismo, la sociedad no ha aprendido nada para prevenirse de figuras como él. Ahora mismo puede haber otro satán de pacotilla manipulando jóvenes hasta el asesinato que solo descubriremos si se delatan.

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