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Francisco Pérez Abellán

El violador al acecho

En esta sociedad del teletrabajo, el teleparo, la telebasura, la teleirresponsabilidad, no hay quien dé la cara cuando un asunto se cierra en falso.

Francisco Pérez Abellán
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Si hay un violador en su barrio, en la parada del metro cercana a su domicilio, en la estación de autobús, ¿exige saberlo? Por el contrario, ¿es usted de los que acepta sin rechistar que la autoridad sustituya su libre albedrío? Por ejemplo, que le oculte que en la zona que frecuenta, en la parada de metro que utiliza, en el barrio donde trabaja, ha sido detectada la actividad de un depredador sexual, pero no se lo comunican para evitar que cunda el pánico. Si es usted de los primeros, no tiene que quejarse si se producen violaciones sobre personas desprevenidas, ajenas a los peligros de la ciudad. El mayor depredador sexual de Madrid, el Violador de Pirámides, estuvo actuando durante ocho años sin que nadie llegara a saber que se trataba de un solo individuo, ni conocer con precisión su modus operandi, ni los lugares, como estaciones de autobús y paradas de metro, donde capturaba a sus víctimas.

Los políticos han tomado por las bravas decisiones a nuestras espaldas. Si hay un violador amenazando a los ciudadanos, deben decirlo cuanto antes, para que los padres tomen sus propias medidas de seguridad, para que la población esté prevenida. No vale que pretendan evitar males mayores. No hay ningún mal mayor que ser violado. Ni siquiera la eventualidad de que el depredador escape al hacerse público que ha sido descubierto.

En esta sociedad del teletrabajo, el teleparo, la telebasura, la teleirresponsabilidad, no hay quien dé la cara cuando un asunto se cierra en falso, o un caso queda sin resolver.

Hay depredadores que actúan durante años sin ser desenmascarados, porque suelen tener una actividad legal bajo la que se ocultan y porque las víctimas no denuncian los malos tratos sexuales, para evitarse lo que sigue siendo un infierno de declaraciones y exposiciones, de los daños morales y de los otros, para que los delincuentes sexuales sean perseguidos. Los delincuentes se ríen de las viejas normas policiales y judiciales que apenas les rascan la barriga.

La forma de actuar de la política policial es reacia a los avances. ¿Qué hemos ganado respecto a los tiempos del Violador de Pirámides? ¿Puede hoy un violador en serie elegir a sus víctimas en una estación de Metro? Tanto que puede, que uno ha sido detenido hace solo unos días, después de al menos dos ataques comprobados. No hemos avanzado en la prevención, ni conocemos mejor las figuras de los delincuentes. Los encargados de contener la delincuencia salen a la calle con su mejor voluntad y con una preparación insuficiente, que no mejora.

El mundo ha cambiado, la delincuencia ha cambiado. Lo único que no cambia es la forma de combatir el delito, siempre confiados a la vieja fórmula o la improvisación de última hora. ¿Dónde está el martillo neumático de la oposición machacando al Gobierno por ser incapaz de acabar con la delincuencia de género, incapaz de encontrar a los desaparecidos, incapaz de resolver los grandes enigmas criminales?

La oposición está desmantelando observatorios que nada observan, poniéndose de perfil, por si gente que conoce está detrás de la culpabilidad de grandes fallos de seguridad colectiva, como el accidente de tren de Santiago de Compostela. No es extraño puesto que nada bueno en iniciativa de seguridad puede partir de algo que lidera, por ejemplo, el que ha sido considerado peor ministro del Interior de todos los tiempos. Me lo ha dicho un faisán. Aunque, por su parte, el presidente del gobierno llegó a la poltrona sin hablar en la campaña ni un minuto de seguridad.

De modo que estaban las niñas pasando por delante de la puerta del metro mientras el depredador las miraba y echaba cuentas. De vez en cuando seguía alguna hasta un descampado y la asaltaba por detrás. Los agentes de policía tuvieron constancia de la actividad de un violador, pero los jefes políticos no estimaron necesario comunicar a la población que estaba en peligro, porque un delincuente sexual les amenazaba. El delincuente ha sido detenido, ¿pero mientras tanto cometió algún acto de rapiña?

El hecho es que esto se tiene que acabar, y que cuando haya una amenaza se deje de tratar a los ciudadanos como a débiles mentales. A mí díganme si ahí fuera hay un terrorista, un sirlero, un atracador, un delincuente sexual… Hay que exigir que se nos comuniquen los peligros, para que cada uno tome conciencia y las medidas necesarias. No hacerlo así, basándose en que podría desatarse el pánico, supone no creer en la propia capacidad de comunicación, que es verdad que está muy desacreditada, y encima es una gran falta de respeto a la población que les hemos votamos. Por lo cual ya deberíamos estar haciendo algo.

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