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Toda esa droga que tenéis para que os roben

Los narcos roban directamente en los depósitos judiciales porque resulta más rentable que traer la mercancía de sus países de origen.

Francisco Pérez Abellán
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Ni siquiera se le había ocurrido a nadie que Jorge Fernández pudiera ser ministro del Interior, cuando ya estábamos nosotros en esRadio dando la matraca para que se protegieran las muchas toneladas de droga que la policía ha incautado a los traficantes, pero que el poder político es incapaz de proteger.

Los agentes se juegan la integridad y la vida, el físico y el alma, se exponen a los disparos, las navajas, las bombas de los narcotraficantes... les arrebatan la mercancía, y luego, no hay un sitio adecuado para guardarla. Se decide por ley que sea quemada, lo antes posible, y pasan meses y años, antes de que se incinere. Incluso se da el caso de que si el juez decide acelerar y cumplir la ley, no puede hacerlo porque en toda Andalucía, según nos enteramos con estupor, no hay un horno crematorio adecuado para hacer desaparecer la droga. Hay que mandarla a Asturias, cuando lo diga el CICO, organismo contra el crimen organizado, pero no, como se ha visto, contra el robo de droga.

De manera que hay cientos de lugares inadecuados donde se guarda esa droga: viejos retretes sin función, trasteros oxidados y averiados, vestidores de los que demasiados tienen llave, almacenes viejos, estancias olvidadas donde se reciben centenares de sacos en subterráneos o viejos edificios, como el de la Aduana de Huelva, sin dotación de vigilantes y protegidas, es un decir, solo por unas cámaras de seguridad que no pudieron parar el ataque de una banda de "butroneros" que se llevaron 1.000 kilos de hachís en un vehículo de "alunizaje".

No podéis decir que no os lo habíamos dicho: incluso creíamos de buena fe que Eduardo Torres-Dulce, fiscal general del Estado, comentarista de cine de prestigio durante tanto tiempo en los "esmicros", el que más sabe de El hombre que mató a Liberty Valance, nos había oído, y recomendado por eso a los jueces, en general, que prendieran fuego a la droga, que guardan con tanto peligro de que la roben por centenares de toneladas, en sitios totalmente inadecuados.

Pero que si quieres arroz, Catalina. Aunque madrugamos, nadie nos echa cuentas, y a esta hora no sabemos si los depósitos de droga son todavía de idem, o han sido sustituidos por saquitos de azúcar, saquitos de harina, saquitos de yeso... poniéndose los adictos las narices rojas y morcillonas como las de un borracho Papá Noel.

Que eso fue lo que pasó en la Comisaría de Policía de Sevilla, de cuyas profundidades cenagosas fueron robados casi ciento cincuenta kilos de cocaína, purísima, que admite seis o siete cortes, con lo que multipliquen para saber la ganancia, aunque las napias que consumieron tanta coca no estaban lejos, y no hubo tantos cortes, sino riqueza y disfrute, por las voces que dieron en el Guadalquivir. Un río como el Hudson todo coca.

Mientras la España cañí tomaba las doce uvas, unos habilidosos enmascarados birlaban el hachís, la droga más incautada del año, desde hace años, en esta rediviva Corte de los Milagros, de la sede del Servicio de Aduanas, en Huelva, en Nochevieja. La vigilancia aduanera había aprehendido la droga a los narcos, pero no garantizaba su posesión. En cuatro años, en Andalucía, los narcos roban directamente en los depósitos judiciales porque resulta más rentable que traer la mercancía de sus países de origen o atracar a los colegas. Cosa que para averiguarla no hace falta salir del patio de Monipodio, sino hacer cuentas con los dedos de una sola mano.

Así que los narcos de baratillo se han llevado 1.800 kilos de droga, en cuatro años, de sede judicial, sin que por la pérdida respondan en este país, antes llamado España, jueces, policías ni presidentes autonómicos, ni haya responsable alguno del desaguisado: directores de aduanas, comisarios, jefes de Policía, fiscales ni ministros. Uno encarece la justicia, mientras baja la calidad, y otro abarata la vigilancia, mientras sube el precio de la mercancía. Si no he leído mal, al ministro del Interior el robo le ha parecido "lamentable", y al de Justicia, cada 9 de noviembre, como siempre sin tarjeta, se le manda un ramito de violetas. Todos esperan que aparezca de repente John Wayne y mate de una vez a Liberty Valance.

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