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Aprendamos de los errores de Detroit

Detroit es el ejemplo perfecto del declive económico. Hay un montón de cosas que los legisladores de Washington pueden aprender.

Fundación Heritage
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Detroit es el ejemplo perfecto del declive económico. Las normativas y políticas de esta ciudad durante el último medio siglo deberían servir como guía de lo que no hay que hacer para los responsables políticos de todo el país.

Hay un montón de cosas que los legisladores de Washington pueden aprender. La primera es que la defunción de Detroit ha sido el resultado de las típicas normativas progresistas de un Gobierno omnipresente, fomentadas por el propio interés de los políticos y la coacción de los sindicatos de empleados públicos.

Como consecuencia del declive industrial de Estados Unidos, Detroit promulgó unas normativas que expulsaron a empresas y residentes. En vez de reducir el tamaño del Gobierno a medida que menguaba su población, la ciudad buscó en cambio unos mayores niveles de gasto público. Los líderes políticos municipales consintieron que los sindicatos incrementaran los beneficios de los empleados y cedieron en el control y la flexibilidad de los empleados.

Para pagar todo eso, Detroit subió continuamente los impuestos y se embarcó en numerosos préstamos cuando las subidas de impuestos no eran suficientes. A pesar del crecimiento de los impuestos y la deuda pública, los ciudadanos de Detroit experimentaron un constante declive de los servicios municipales, cuyo resultado más problemático se podría decir que ha sido el acusado aumento de la delincuencia.

Pero un rescate financiero federal para Detroit no es la respuesta.

Si el Congreso tuviese que mediar para proteger a cualquiera de los acreedores de Detroit (ya sean pensionistas o tenedores de deuda pública) se crearía un obstáculo moral insostenible. La creencia de que el Gobierno federal podría mediar para ayudarlos haría que los Gobiernos locales y estatales de todo el país que tuviesen problemas carecieran de incentivo para promulgar reformas, además de que sindicatos y trabajadores tampoco lo tendrían para aceptarlas.

Es más, un rescate financiero federal de Detroit o de cualquier Gobierno local o estatal haría recaer los costos de la imprudencia fiscal de una ciudad sobre los contribuyentes de otros estados y localidades más responsables.

Sin embargo, quizá lo más importante sea que el Gobierno federal no está en disposición de proporcionar rescates financieros.

Por significativa que sea la deuda de Detroit, el Gobierno federal está en una situación mucho peor. De hecho, las obligaciones sin financiación del Gobierno federal tienen un tamaño ocho veces superior a la bancarrota de Detroit.

La espiral del declive de Detroit es una tragedia. Por tanto, los legisladores de Washington deberían aprender de sus errores y poner freno al Gobierno omnipresente ahora, antes de que sea demasiado tarde.

©2014 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg

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