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Gabriel Moris

Pilatos en el siglo XXI

Según el juez Guevara, "la verdad judicial no es toda la verdad de lo ocurrido el 11-M". Por lo que parece no le faltó razón. En cualquier caso, mis objetivos eran mucho más modestos.

Gabriel Moris
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Yo me fie de la verdad
y la verdad a mí me engañó;
si la verdad a mí me engaña
¿de quién me voy a fiar yo?

La soleá que han podido leer la escuché en uno de los festivales flamencos que tiempo atrás se celebraron en los pueblos de mi Andalucía. Ahora, recordándola, lamento que la sabiduría popular no haya calado mucho más en nuestras vidas. Mi experiencia me lleva a pensar que la inmensa mayoría de las personas necesitamos de la verdad y de la justicia. Lo que me cuesta mucho más entender es por qué, sin alcanzarlas, son tantos los que renuncian a buscarlas.

Según el juez Guevara, "la verdad judicial no es toda la verdad de lo ocurrido el 11-M". Por lo que parece no le faltó razón. En cualquier caso, mis objetivos eran mucho más modestos. Me conformaba con que la verdad judicial respondiera a una pequeña parte de la real. Y ni siquiera fueron capaces de ofrecerme lo poco que les pedí. Si nos hubieran presentado una pequeña parte de la verdad, tendríamos lo que aún nos falta; una sentencia en la que apoyarnos para a partir de ella seguir investigando y alcanzar una más importante porción de verdad. Podríamos también corregir los errores, voluntarios o no, y estaríamos más cerca de que perdieran toda esperanza los que se niegan a investigar y a conocer los secretos de Estado que nos han conducido a la situación actual.

Yo he sido pesimista o realista con el tratamiento dado hasta ahora por las autoridades españolas a este enorme crimen. Supongo que todos tendrán sus razones para obrar así. Pero hay una razón que en general nadie ha tenido en cuenta, la conciencia individual y colectiva, que no puede permitir que un crimen tan espantoso, realizado con fines eminentemente políticos y apoyado en la total falta de humanidad de los planificadores, ejecutores, encubridores y beneficiarios, quede impune casi en su totalidad. Eso no cabe en mi mente por muchas razones de Estado que confluyan en la matanza.

Si el Estado no nos garantiza la seguridad como ciudadanos y no es capaz de clarificar el más brutal de los ataques sufridos por su pueblo, no veo más que dos posibilidades; o el Estado no sirve para nada o ha preferido servir a los que protegen a los asesinos. No sé cuál de las dos opciones sería más mala. De cualquier forma, los ciudadanos que dieron su vida, sufrieron los daños y se entregaron sin reservas para paliar las consecuencias del mal, no se merecen un Estado erigido en el Pilatos del siglo XXI.

Recientemente he visto una película española bastante antigua, La duquesa de Benamejí. Trata del bandolerismo en Andalucía. Un detalle del final de la película me recordó la situación que vivimos las víctimas del 11-M. Ante la disolución de la "partía", los representantes de la ley y el orden dan la orden de destruir las guaridas de los bandoleros y reclaman el silencio total tras el desenlace de la lucha contra los "malhechores". Creo que en el siglo actual podemos y debemos exigir otro tipo de comportamientos ante una muerte masiva como la provocada aquel jueves 11 de marzo de 2004.

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