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'Sine Iustitia, nulla Libertas'

El 11-M fue la madre de todas las corrupciones sobrevenidas durante el calvario que comenzamos a padecer como pueblo aquel día inolvidable.

Gabriel Moris
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He de confesar que he plagiado el título de este artículo. Es la razón que da un firmante de la petición que lancé en change.org, hace dos meses, para que se investiguen los atentados de los trenes de Cercanías.

Creo que la frase no requiere traducción. Intentando recordar la lógica que se estudiaba en los planes de bachillerato de otras épocas, me atrevo a elaborar un silogismo: la premisa mayor sería: Sine Veritas, nulla Iustitia; la conclusión, en español, es que sin verdad no puede haber libertad. Yo me atrevo a afirmar que las tres palabras encierran conceptos relacionados entre sí.

Otro término que se usa con ligereza es el de democracia, en mi opinión hemos llegado a devaluarlo antes de practicarlo. No en vano Salvador de Madariaga afirmó: "La democracia es un medio y una forma, mientras que la libertad es una esencia y un fin". Todos tenemos en la mente ejemplos de utilización engañosa del adjetivo democrático.

Después de un período de democracia orgánica, según nos decían, nos hemos dado una democracia apoyada en una monarquía parlamentaria. Ahora, algunos piden una "democracia real, ya". Otros, no sé si los mismos, quieren una democracia republicana. Todo esto no dejan de ser medios y formas. La libertad, apoyada en la verdad y la justicia, sólo la reclamamos algunos utópicos. Con frecuencia nos hablan de régimen de libertades, pero ¿nos pueden traducir esa expresión al román paladino?

Trataremos de aclarar con algún ejemplo cómo aplicamos estos principios a nuestra convivencia en la democracia que tenemos.

La verdad en la acción y en la información debería estar garantizada. Pues bien, del mayor crimen cometido en democracia, los atentados del 11-M, casi diez años después, seguimos ignorándolo casi todo. Sólo sabemos los nombres de las víctimas, y que viajaban en los Trenes de la Muerte. ¡Ah! También podríamos hacer una relación de servidores públicos que han sido ascendidos o condecorados. Si estas personas no fueron capaces de evitar tanto dolor ni de descubrir y ajusticiar a los autores, ¿qué motivos pueden esgrimir para justificar tales premios? ¿Podemos decir que este crimen, cometido y ocultado en democracia, es democrático?

Voy a recordar algunas frases inolvidables:

"Los españoles se merecen un Gobiernos que no les mienta". ¿Cuántos Gobiernos siguen mintiéndonos? ¿Ha habido alguno que nos dijera la verdad?

"Está todo claro, ha sido un grupo islamista radical". ¿Qué grupo? ¿Donde están sus miembros? ¿Cómo siguen pendientes las investigaciones?

– "Para buscar a los culpables no hay que ir a desiertos remotos ni a montañas lejanas". Pero habrá que ir a algún sitio, ¿no? Habrá que investigar en el lugar, a las personas que lo hayan podido cometer y a los que sin duda impiden que se investigue.

Como podemos comprobar, la Verdad no parece ser una virtud en nuestros dirigentes pasados y presentes. Las noticias diarias lo avalan.

En cuanto a la Justicia, mejor no generalizar, quizás debamos hablar de leyes y de personas que la administran. En el mayor atentado de Europa no hemos tenido suerte: ni el instructor, ni el tribunal ni la Fiscalía han hecho otra cosa que cometer errores, negligencias o, lo que sería peor, prevaricar. ¿Se explica de otra forma la destrucción de pruebas, la utilización de pruebas falsas o el hecho de que se dicte una sentencia sin autores? Y para colmo nos dicen desde su dudosa autoridad que el 11-M es "un caso juzgado y sentenciado". La única juez que se ha atrevido a instruir este caso en la Audiencia Provincial de Madrid ha sido apartada del mismo de manera expeditiva y fulminante.

Yo estoy convencido de que el 11-M fue la madre de todas las corrupciones sobrevenidas durante el calvario que comenzamos a padecer como pueblo aquel día inolvidable.

Dejo para la reflexión una frase de uno de los grandes de nuestra novela picaresca, Mateo Alemán: "Donde la fuerza oprime, la ley se quiebra".

Creo que el pueblo español asiste impasible, desde el 11-M, a la opresión de un Estado corrupto y corruptor. Podríamos decir:

Sine Veritas, nulla Iustitia et nulla Libertas.

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