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Libia va bien

La política no es menos obvia y quizás incluso más importante para desmoralizar al tirano de Trípoli. Ya está encausado por el Tribunal Penal Internacional. Turquía tiende una mano. Rusia no quiere aferrarse al perdedor.

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Va bien mientras aguantemos, será un desastre si nos arrugamos. Por supuesto estamos hablando de la guerra, de la eliminación política de Gadafi. Qué puede venir después sigue siendo una incógnita inquietante. A lo mejor el conflicto se prolonga por la preparación del día después. Pero eso es un sueño. Demasiado esperar de la "comunidad internacional".

Cameron tiene razón: "La presión sobre Gadafi crece militar, diplomática, política y económicamente. Se le está agotando el tiempo. Se está quedando sin amigos". No es la guerra de pocas semanas en la que se pensaba que el régimen se desplomaría tras unos cuantos bombardeos, porque todos los suyos se echaban a correr y lo dejaban solo. Pero hay una estrategia clara, sencilla y vencedora, que requiere la muy estratégica virtud de la paciencia y dejar de convertir la excepción en la regla, abandonando la fantasía de que las guerras son cosa de poco. Cuando en septiembre del 14 los soldados franceses tomaban el tren para el frente, se despedían hasta navidades. Sí, pero de cuatro años después. A ver si aprendemos.

Por supuesto que si Estados Unidos, Francia e Inglaterra utilizaran a fondo todo su potencial, Gadafi estaría ya bien desaparecido. Desde la II Guerra Mundial, eso no es políticamente posible y así Corea, Vietnam y todo lo que estamos viviendo. Pero a pesar de la baja implicación de los miembros combatientes de la alianza, que muchos no lo son, Gadafi es poco enemigo. El problema es que los rebeldes no son militarmente casi nada, sin despreciar su heroica resistencia en Misurata.

Pero seguimos adelante con una estrategia de desgaste lento que implacablemente va corroyendo las fuerzas del régimen. Se habla ya de un deterioro del 50% de sus capacidades. No existe métrica exacta, pero esa magnitud está dentro de lo creíble. Ignoramos por completo –los medidos con corresponsales sobre el terreno no parecen considerar que la información merezca la pena– cómo va el adiestramiento de los rebeldes. Lo cierto es que sus instructores internacionales han parado el alocado combate, salvo donde se libra a la defensiva. Puede que en algún momento, con Gadafi todavía peor, resulten un factor decisivo. Desde casi todos los puntos de vista la situación de tablas es intencional, aunque sin abandonar la esperanza de que el objetivo se consiga porque Gadafi se marche por propio pie o le alcance una bomba.

El desgaste lento se aplica mediante la escalada continua. La militar es obvia. Poca fuerza implicada, pero cada vez más y con mayor implicación: aviones teledirigidos artillados, helicópteros de combate, instructores militares, ampliación de la lista de objetivos de los bombardeos. La política no es menos obvia y quizás incluso más importante para desmoralizar al tirano de Trípoli. Ya está encausado por el Tribunal Penal Internacional. Turquía tiende una mano. Rusia no quiere aferrarse al perdedor y ya, con hechos más que con palabras, inicia el cambio de bando. China reacciona. No quiere quedarse descolgada. La derrota más necia del mundo sería dejarse vencer por Gadafi.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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