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Obamanía

Los europeos vuelven a demostrar un entusiasmo inusualmente alto por Obama y por la política exterior de EEUU, muy por encima de los propios norteamericanos.

GEES
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El mes de septiembre ha acabado en Washington con un Gobierno que ha tenido que echar el cierre, con una crisis de deuda pendiente y con una Administración que, según varias encuestas, cae en picado en cuanto a credibilidad. Pero la distracción que el Congreso norteamericano ha provocado en la opinión pública con las votaciones sobre los presupuestos ha oscurecido otros asuntos importantes de la agenda internacional de EEUU. Empezando por la reciente reunión anual de los líderes del mundo en la Asamblea de Naciones Unidas, que el presidente de la nación anfitriona no ha tenido más remedio que dejar en un segundo plano, pasando por la crisis siria, que ha perdido protagonismo apenas unas semanas después de ser el centro de atención del propio Congreso de EEUU. Incluso la histórica llamada telefónica entre el presidente iraní, Hasán Ruhaní, y Obama ha quedado más como anécdota, y ni que decir del encuentro en la Casa Blanca del presidente norteamericano con el líder israelí, Benjamín Netanyahu, que ha pasado inadvertido.

Es más, Obama aún está por decidir –en función de la dinámica interna del cierre– si sigue adelante con un viaje que debería iniciar en unos pocos días y que le llevaría a varias cumbres y reuniones con líderes de 23 países del continente asiático, incluyendo siete de los más importantes socios comerciales de EEUU. Un viaje que la Administración ha tachado de crucial, teniendo en cuenta el anuncio del reequilibrio hacia Asia anunciado por el Gobierno a principios de 2012, y que ha caído en el olvido con la llegada de John Kerry a la Secretaría de Estado.

Ahora más que nunca Washington tiene la necesidad de confirmar a la región que no se rendirá en el Pacífico ante la creciente expansión china. Y aún más importante es la oportunidad que este viaje le brindaría para dar el empujón definitivo al Acuerdo Transpacífico, fundamental para el impulso económico norteamericano. Muchos aseguran que, de cancelarse la gira, las consecuencias serían devastadoras para la imagen de EEUU en la zona.

Todos habían augurado que en su segundo mandato Barack Obama haría lo imposible para dejar su huella en el mundo, pero por ahora sólo ha conseguido que algunos pidan que le quiten el Nobel por la cuestión siria. Y en casa no se lo están poniendo nada fácil. Aunque alguna culpa tendrá el propio Obama si más de la mitad de los norteamericanos no aprueba su gestión de los asuntos internacionales ni de los nacionales; no le eximen de culpa por el cierre y no apoyan mayoritariamente el controvertido Obamacare.

Menos mal que a Obama aún le queda Europa. Según el último Transatlantic Trends –la encuesta anual que hace una radiografía de las relaciones transatlánticas–, los europeos vuelven a demostrar un entusiasmo inusualmente alto por Obama y por la política exterior de EEUU, muy por encima de los propios norteamericanos. La obamanía continúa, aunque sea sólo en Europa.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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