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¿Será Kerry?

Kerry llegaría en un momento crítico en la política exterior de Estados Unidos.

GEES
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Dicen en Washington que a John Kerry le pasa como a Ted Kennedy, que se ha convertido en mejor senador y servidor público desde que perdió la carrera a la presidencia. En cualquier caso, todo apunta a será el próximo secretario de Estado, sobre todo desde que Susan Rice se autoexcluyera de la carrera.

Fue el pasado 13 de noviembre cuando la embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas y candidata natural al cargo decidió acabar con lo que podía haber sido una dura batalla por la confirmación. Los senadores republicanos, liderados por John McCain y Kelly Ayotte, le habían declarado la guerra, y a Obama no era lo que más le convenía en un momento de tensión en las negociaciones con Boehner para evitar el precipicio fiscal. Rice tampoco se quedará sin nada. Seguirá en el Gabinete, aunque en un puesto que no requiera confirmación en el Senado. Por ejemplo, consejera de Seguridad Nacional, si Thomas Donilon deja la Casa Blanca u ocupa otro cargo.

Rice ha sido convertida por los republicanos en el símbolo de la política norteamericana hacia Libia, sobre la que había muchas críticas incluso antes de Bengasi. Fue el buen soldado que, tras la negativa de los secretarios de Estado y Defensa, acudió a los programas dominicales a exponer los controvertidos talking points del Gobierno tras la muerte del embajador Stevens. Y si todos pensaban que con las elecciones el efecto Bengasi se acabaría, estaban equivocados. Ha sido un ataque continuo contra Rice, hasta límites sorprendentes, en el que algunos han querido ver cierto aire de vendetta por parte de McCain, que dicen se la tenía jurada desde la campaña de 2008. La embajadora, por su parte, tampoco ha sido hábil a la hora de manejar la crisis, y su carácter y poca diplomacia también han hecho mella.

Lo más sorprendente en que ahora son los republicanos los principales fans de John Kerry. Y ya no se pueden echar atrás: han prometido votar a favor de su confirmación como secretario de Estado.

Kerry llegaría en un momento crítico en la política exterior de Estados Unidos, en el que la guerra civil siria, las amenazas nucleares norcoreanas, el programa nuclear iraní, la paralización de Europa, el final de Afganistán y el pivote hacia Asia necesitan atención. A pesar de que es respetado y tiene experiencia, dicen que el senador Kerry es peligrosamente indeciso, incluso ante las cuestiones más simples. Por lo que surgen muchas dudas sobre su capacidad para gestionar una agencia con más de 6.000 empleados y cientos de diplomáticos desperdigados por todo el mundo. Y encima no tiene buen instinto: recuerden cuando se refirió a Al Asad como "mi querido amigo", o su postura inicial ante la situación siria, que avergonzó a más de uno en Washington. Ah, y que se preparen los que luchan contra el cambio climático, porque es un fan del asunto.

¿Sería el mundo más seguro con Kerry? 

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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