El Mundo
y
El País
dedican su principal editorial a Irak y a la defensa de las “acciones de carácter anticipatorio” contra el terrorismo hecha ayer por Aznar ante los altos mandos de nuestras Fuerzas Armadas.
El Mundo —que titula su editorial “Aznar propone a nuestro Ejército la inquietante doctrina de Bush”— hace referencia al artículo que Arthur Schelesinger publica en este mismo diario y que, según el editorialista, “explica bien el motivo por el cual EE UU sustituyó la política de disuasión y contención vigente desde la presidencia de Truman por una arriesgada estrategia de guerra preventiva cuyo coste político, material y en vidas humanas ya es de sobra conocido. Y es que dicha política no sirve para luchar contra el terrorismo, un enemigo invisible, que trasciende las fronteras nacionales y carece de una estructura política susceptible de ser contenida”.
El Mundo , a pesar de reconocer ahora las limitaciones de la mera política de disuasión, señala, sin embargo, una “diferencia clave entre la estrategia que promueven los halcones y una política exterior erigida sobre el principio de la anticipación. Mientras que una guerra anticipatoria es una respuesta directa contra una provocación o amenaza específica, creíble y sobre todo inminente (lo que excluye ataques como el japonés a Pearl Harbour), una guerra preventiva es un ataque contra una amenaza potencial, hipotética e imprecisa. La primera —concede El Mundo — en algunas circunstancias puede ser legítima; la segunda en ningún caso lo es”.
A pesar de que El Mundo reconoce que el término empleado por Aznar fue el de “anticipatorio” —y no el de “preventivo”— y que el presidente exigió “tres requisitos que debe acompañar ese tipo de intervención —la justicia en los objetivos, la proporcionalidad en los medios y el respeto a los civiles”—, el editorialista critica al presidente porque en su discurso vinculó esta defensa de las acciones anticipatorias “con la decisión de atacar Irak, la que volvió a calificar como justa y necesaria . Dicha decisión, sin embargo —continúa El Mundo siguiendo a Schelesinger—, no se tomó según los criterios de la guerra anticipatoria: no existía una amenaza concreta ni información fiable de que Irak pretendiera agredir a EE UU. Fue una reacción premeditada, un te pego por si acaso , justificada a posteriori con información parcial y de dudosa procedencia”.
Lo malo de El Mundo no es sólo la ignorancia que muestra a la hora de hablar de las doctrinas que rivalizan en el seno de la Administración Bush, a la que este diario sólo se aproxima a través del prisma sesgado y maniqueo de Schelesinger. Lo peor es que este diario oculta deliberadamente hechos indiscutibles respecto al derrocado dictador iraquí como son su fragrante violación de los acuerdos del alto el fuego del 91, su previa invasión de kuwait, su guerra contra Irán, sus ataques militares contra Israel, la utilización de armas de destrucción masiva contra su propia población —centenares de miles de iraquíes exterminados— su financiación del terrorismo palestino, sus contactos con Al Qaeda o su deseo de reanudar sus programas de armamento denunciado por la propia ONU tras la expulsión de sus inspectores. Todo esto lo silencia sistemáticamente El Mundo para equiparar la intervención aliada en Irak nada menos que con el ataque japonés a Pearl Harbour. Vamos, como si el Irak de Sadam Hussein fuera esa democrática nación respetuosa con los derechos humanos y pacífica en la convivencia con los vecinos como eran Estados Unidos en el momento del ataque de Pearl Harbour...El régimen de Sadam, por lo visto, tampoco era culpable de nada y, sin embargo, ha sido víctima de un te pego por si acaso .
Nadie —incluido Bush— ha sostenido que Irak pretendiera agredir a EE UU de forma convencional como viene a señalar El Mundo . Había, sin embargo, un riesgo evidente para el que lo quiera ver de que si se perpetuaba la impunidad de Sadam Husein este llegaría a hacerse con armamento de destrucción masiva. ¿Le parece, por otra parte, a este diario poca “provocación” o poco “concreta o específica” la decisión de Sadam de saltarse a la torera los acuerdos del armisticio del 91 con la expulsión de los inspectores sabiendo que esos acuerdos eran los que le otorgaban la impunidad por la invasión de Kuwait? ¿Acaso no es este un claro ejemplo de lo que requiere una acción anticipatoria?
Por otra parte, aunque El Mundo haga una clara diferenciación entre “guerra preventiva” y “guerra anticipatoria”, esta diferenciación no es tan diáfana, pues siempre habrá divergencias entorno a lo que cada uno entiende por “inminente”. En cualquier caso, estas consideraciones respecto al más presente o lejano futuro de una amenaza sólo tienen el interés de vincular un deber de injerencia como un acto de legítima defensa, la advertencia de que si permanecemos impasibles ante el terror que se ejerce fuera de nuestras fronteras, esa impunidad se volverá -más tarde o más temprano- contra nosotros. La intervención aliada tiene un carácter básicamente punitivo, que como todo castigo que no se deja de aplicar tiene sin duda beneficios preventivos de futuro. Es lo que venía proféticamente a advertir Wolfowitz en el 91, y el tiempo le ha dado la razón, por mucho que Schlesinger y El Mundo sigan sin dársela.
El Mundo habla de los costes de la guerra, pero silencia también los costes —mucho mayores— de la continuidad de la impunidad de Sadam y de su régimen empobrecedor y liberticida. Claro que El País también considera que “conviene recordar que Irak no planteaba un problema de terrorismo, pero que la invasión y la falta de previsión han contribuido a generarlo”.
Lo que “conviene” es no mentir. Sadam no sólo financiaba el terrorismo palestino —lo cual ya de por sí es “un problema”, a no ser que consideremos como tal el terrorismo que sólo masacra judíos— sino que ya había establecido contactos con Al Qaeda —la solidaridad de Ben Laden con Sadam justo antes de la guerra y la de ahora declarando enemigos suyos a los países que han respaldado la “Operación Libertad Iraquí”, incluido España, es lo bastante significativa.
Pero es que, además, Sadam se mantenía en el poder gracias a la sistemática utilización del terror contra sus propios ciudadanos, como lo han vuelto a evidenciar las fosas comunes que ahora se han descubierto y en donde se enterraron a decenas de miles de civiles masacrados, entre ellos centenares de niños kurdos. No es normal que los medios de comunicación silencien sistemáticamente estos recientes y macabros hallazgos. Pero sí lo es que los nostálgicos del régimen de Sadam utilicen el terrorismo para recuperar el poder, pues gracias a él lo conservaron durante décadas. Pero para El País , como para El Mundo , basta que un terrorista ocupe la jefatura de un Estado para que sus sicarios sean tratados como funcionarios.
El Mundo —que titula su editorial “Aznar propone a nuestro Ejército la inquietante doctrina de Bush”— hace referencia al artículo que Arthur Schelesinger publica en este mismo diario y que, según el editorialista, “explica bien el motivo por el cual EE UU sustituyó la política de disuasión y contención vigente desde la presidencia de Truman por una arriesgada estrategia de guerra preventiva cuyo coste político, material y en vidas humanas ya es de sobra conocido. Y es que dicha política no sirve para luchar contra el terrorismo, un enemigo invisible, que trasciende las fronteras nacionales y carece de una estructura política susceptible de ser contenida”.
El Mundo , a pesar de reconocer ahora las limitaciones de la mera política de disuasión, señala, sin embargo, una “diferencia clave entre la estrategia que promueven los halcones y una política exterior erigida sobre el principio de la anticipación. Mientras que una guerra anticipatoria es una respuesta directa contra una provocación o amenaza específica, creíble y sobre todo inminente (lo que excluye ataques como el japonés a Pearl Harbour), una guerra preventiva es un ataque contra una amenaza potencial, hipotética e imprecisa. La primera —concede El Mundo — en algunas circunstancias puede ser legítima; la segunda en ningún caso lo es”.
A pesar de que El Mundo reconoce que el término empleado por Aznar fue el de “anticipatorio” —y no el de “preventivo”— y que el presidente exigió “tres requisitos que debe acompañar ese tipo de intervención —la justicia en los objetivos, la proporcionalidad en los medios y el respeto a los civiles”—, el editorialista critica al presidente porque en su discurso vinculó esta defensa de las acciones anticipatorias “con la decisión de atacar Irak, la que volvió a calificar como justa y necesaria . Dicha decisión, sin embargo —continúa El Mundo siguiendo a Schelesinger—, no se tomó según los criterios de la guerra anticipatoria: no existía una amenaza concreta ni información fiable de que Irak pretendiera agredir a EE UU. Fue una reacción premeditada, un te pego por si acaso , justificada a posteriori con información parcial y de dudosa procedencia”.
Lo malo de El Mundo no es sólo la ignorancia que muestra a la hora de hablar de las doctrinas que rivalizan en el seno de la Administración Bush, a la que este diario sólo se aproxima a través del prisma sesgado y maniqueo de Schelesinger. Lo peor es que este diario oculta deliberadamente hechos indiscutibles respecto al derrocado dictador iraquí como son su fragrante violación de los acuerdos del alto el fuego del 91, su previa invasión de kuwait, su guerra contra Irán, sus ataques militares contra Israel, la utilización de armas de destrucción masiva contra su propia población —centenares de miles de iraquíes exterminados— su financiación del terrorismo palestino, sus contactos con Al Qaeda o su deseo de reanudar sus programas de armamento denunciado por la propia ONU tras la expulsión de sus inspectores. Todo esto lo silencia sistemáticamente El Mundo para equiparar la intervención aliada en Irak nada menos que con el ataque japonés a Pearl Harbour. Vamos, como si el Irak de Sadam Hussein fuera esa democrática nación respetuosa con los derechos humanos y pacífica en la convivencia con los vecinos como eran Estados Unidos en el momento del ataque de Pearl Harbour...El régimen de Sadam, por lo visto, tampoco era culpable de nada y, sin embargo, ha sido víctima de un te pego por si acaso .
Nadie —incluido Bush— ha sostenido que Irak pretendiera agredir a EE UU de forma convencional como viene a señalar El Mundo . Había, sin embargo, un riesgo evidente para el que lo quiera ver de que si se perpetuaba la impunidad de Sadam Husein este llegaría a hacerse con armamento de destrucción masiva. ¿Le parece, por otra parte, a este diario poca “provocación” o poco “concreta o específica” la decisión de Sadam de saltarse a la torera los acuerdos del armisticio del 91 con la expulsión de los inspectores sabiendo que esos acuerdos eran los que le otorgaban la impunidad por la invasión de Kuwait? ¿Acaso no es este un claro ejemplo de lo que requiere una acción anticipatoria?
Por otra parte, aunque El Mundo haga una clara diferenciación entre “guerra preventiva” y “guerra anticipatoria”, esta diferenciación no es tan diáfana, pues siempre habrá divergencias entorno a lo que cada uno entiende por “inminente”. En cualquier caso, estas consideraciones respecto al más presente o lejano futuro de una amenaza sólo tienen el interés de vincular un deber de injerencia como un acto de legítima defensa, la advertencia de que si permanecemos impasibles ante el terror que se ejerce fuera de nuestras fronteras, esa impunidad se volverá -más tarde o más temprano- contra nosotros. La intervención aliada tiene un carácter básicamente punitivo, que como todo castigo que no se deja de aplicar tiene sin duda beneficios preventivos de futuro. Es lo que venía proféticamente a advertir Wolfowitz en el 91, y el tiempo le ha dado la razón, por mucho que Schlesinger y El Mundo sigan sin dársela.
El Mundo habla de los costes de la guerra, pero silencia también los costes —mucho mayores— de la continuidad de la impunidad de Sadam y de su régimen empobrecedor y liberticida. Claro que El País también considera que “conviene recordar que Irak no planteaba un problema de terrorismo, pero que la invasión y la falta de previsión han contribuido a generarlo”.
Lo que “conviene” es no mentir. Sadam no sólo financiaba el terrorismo palestino —lo cual ya de por sí es “un problema”, a no ser que consideremos como tal el terrorismo que sólo masacra judíos— sino que ya había establecido contactos con Al Qaeda —la solidaridad de Ben Laden con Sadam justo antes de la guerra y la de ahora declarando enemigos suyos a los países que han respaldado la “Operación Libertad Iraquí”, incluido España, es lo bastante significativa.
Pero es que, además, Sadam se mantenía en el poder gracias a la sistemática utilización del terror contra sus propios ciudadanos, como lo han vuelto a evidenciar las fosas comunes que ahora se han descubierto y en donde se enterraron a decenas de miles de civiles masacrados, entre ellos centenares de niños kurdos. No es normal que los medios de comunicación silencien sistemáticamente estos recientes y macabros hallazgos. Pero sí lo es que los nostálgicos del régimen de Sadam utilicen el terrorismo para recuperar el poder, pues gracias a él lo conservaron durante décadas. Pero para El País , como para El Mundo , basta que un terrorista ocupe la jefatura de un Estado para que sus sicarios sean tratados como funcionarios.