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El País y las "causas legítimas del terrorismo"

Pocos días la prensa ofrece tal número de editoriales de interés y merecedores de comentario como el que no brinda este miércoles. Por razones de espacio nos centraremos, sin embargo, en los dos comentarios que El País dedica respectivamente a las intervenciones de Bush y Aznar en la ONU, no sin antes hacer una breve referencia a lo que comentan el resto de los diarios.

El Mundo dedica dos espléndidos editoriales a reclamar el cumplimiento íntegro de la pena de 40 años de prisión para el presunto asesino de Rocío Wannikopf y Sonia Carabantes, y a denunciar, no sólo la inmoralidad, sino también el delito que ha podido cometer el periodista-abogado que entrevistó a King y que luego ha vendido las cartas que este escribió a su dictado.

Respecto al primer editorial, sólo añadir un pequeño comentario en defensa de la tesis de El Mundo contraria a la reinserción de criminales de este tipo: Menos mal que el juez británico que condenó a sólo diez años a King por sus pasados delitos lo consideraba “un monstruo al estilo de doctor Jekyll y mister Hyde”; Si su descripción del condenado no llega a ser tan severa no sabemos en qué hubiera quedado el castigo por media docena de agresiones y abusos sexuales por el que King fue condenado en Gran Bretaña. Lo que es seguro es que el otro juez que decidió dejarlo en libertad tras cumplir sólo cinco años de su condena no debía considerarlo tan mostruoso...

Si los lectores quieren leer una estupenda argumentación teórica en contra de la institución del jurado popular la podrán encontrar en el editorial de ABC. Este diario tiene además la clarividencia y la prudencia de no fundamentar su oposición al jurado popular en el caso de Dolores Vázquez, referencia que para este diario “ni es un diagnóstico integral del Jurado ni afecta sólo a esta institución. Antes de que Dolores Vázquez fuera condenada por un Jurado—prosigue ABC— su caso pasó por la policía, el juez instructor, el Fiscal y el Magistrado Presidente, no como meros hilos conductores de la incriminación, sino como filtros o autores, según su función, de imputaciones y acusaciones sin las cuales nunca hubiera habido condena”.

Y es que ABC, en la línea epistemológica que ayer apuntabamos nosotros, considera que “aunque la actualidad imponga otros dictados, el problema del Jurado radica en sus carencias estructurales más que en los errores ocasionales de sus veredictos”. Más adelante, el editorialista insiste en que “el rigor crítico en torno al Jurado no se puede complacer con sus errores ocasionales, que también pueden ser cometidos por jueces profesionales, aunque por esto mismo cabría decir que no conviene aumentar los riesgos. Las premisas son más profundas”.

Desgraciadamente, no todos los detractores del jurado popular han tenido la prudencia de no utilizar este caso para cargarse de razón, ya que es igualmente evidente la corresponsabilidad de muchos “profesionales” en la errada inculpación de Dólores Vázquez y también los errores —que se han cobrado víctimas mortales— de los jueces profesionales que dejaron en libertad a este criminal tras cumplir sólo cinco años de su exigua condena.

El País aprovecha esta torpeza del contrario para justificar su defensa del Jurado popular sin tener que mentar una sola de las deficiencias estructurales que señalaba ABC. En lugar de eso, y como era de prever, El País entra a saco a enumerar la corresponsabilidades en el error de la inculpación de Vázquez imputables a otros profesionales, para concluir diciendo que “lo que el Gobierno propugna es un cambio de modelo, tomando como pretexto errores que no son más numerosos, aunque sí más jaleados, que las mil y una sentencias absurdas a las que nos tienen acostumbrados algunos jueces”.

Volvemos a remitir al lector al editorial de ABC para que compruebe que El País no refuta la oposición al Jurado, sino tan sólo una mala argumentación en contra de esta institución basada en casos prácticos en los que, por cierto, no sólo abundan los errores de declarar culpable a inocentes sino también el caso contrario como presuntamente ilustran los celebres casos de exculpación de OJ. Simpson o del asesino del ertzaintza.

Desde luego donde El País no tiene excusa alguna es, como antes apuntábamos, en lo editoriales que dedica a las intervenciones de Bush y de Aznar. En el primero acusa al presidente norteamericano de “no reconocer errores ni en la planificación del escenario posbélico ni el proceso de reconstrucción” de Irak.

Ciertamente no cabe hablar propiamente de errores porque lo cierto es que Bush siembre dijo que la fase postbélica y de construcción sería “larga y no exenta de peligros”. Lo que es ridículo —y sólo pretende sacarse de la manga errores inexistentes— es pretender que una guerra que tiene por objetivo acabar con un régimen como el de Sadam y transformar Irak en un país estable, pacífico y capaz de dar en el futuro avances por la senda de la democracia, pueda ser llevado a cabo en pocos meses. Si eso hubiera sido lo prometido por Bush cabría ahora hablar de “errores”, pero eso jamás fue —por mucho que insista la prensa antiamericana— lo que prometió EE UU.

Pero El País miente sistemáticamente, como mentía el otro día junto a otros medios de Prisa al decir que “ahora Bush reconoce que Sadam no tenía relación con los atentados del Once de septiembre”. Jamás Bush mantuvo lo contrario. Lo que Bush hizo —y sigue haciendo— es señalar las conexiones del regimen iraquí con Al Qaida y otros grupos terroristas islámicos.

El País también reprocha a Bush que insista en el control estadounidense de las tropas destinadas en Irak cuando “la situación sigue siendo caótica en el país árabe” y “donde se da una deriva progresivamente insostenible hacia el terror y la resistencia armada hace imprescindible repensar un plan irreal sobre el que Bush se mantiene en sus trece”.

Además de que la situación en Irak, por mala que sea, es mucho mejor para los iraquíes que el “orden” que imponía el terror dictatorial de Sadam Hussein, la “caótica situación” de Irak, más que denigrar la propuesta de Bush, haría insostenible la de Chirac quien irresponsablemente ha abogado por un cesión inmediata de la soberanía a los iraquíes.

Si insostenible es la critica a Bush, especialmente abyecta es la que El País dirige contra Aznar quien ha rechazado de hablar de causas que legitimen el terrorismo. El País empieza por señalar el contraste de las manifestaciones del presidente español con “lo mantenido por Kofi Annan, Lula o Chirac”. Esto más que motivo de reproche debería ser de felicitación a nuestro presidente, puesto que estos tres dirigentes que cita El País se han caracterizado precisamente por la comprensiva demagogia cuando no justificación de actos terroristas.

Falsamente El País imputa a Aznar el “no prestar la debida atención a lo que él mismo llama el caldo de cultivo en el que el terrorismo germina y se perpetúa”. Por el contrario, Aznar no sólo ha fijado su atención sino que ha denunciado ese caldo de cultivo en las religiones, ideologías o nacionalismos que legitiman y pretenden hacer pasar por “creyentes, patriotas o idealistas a los que no son otra cosa que asesinos”. Lo que pasa es que El País, como los terroristas, responsabiliza del “caldo de cultivo” a los occidentales: “Algunos de estos terrorismos pueden incluso ser efecto de políticas occidentales. Así Aznar, al rebufo de Bush, pretende ahora librar en Irak una guerra antiterrorista. Pero si Irak se ha convertido en un problema de terrorismo ha sido tras una invasión ilegal de imprevistas consecuencias. EE UU también alimentó unos movimientos violentos islamistas en Afganistán para enfrentarse a la invasión sovietica y luego, abandonar el país, donde se instalaron los talibanes y Bin Laden. Isreal puede estar siguiendo una política para luchar contra los terroristas suicidas que no hace sino alimentar más suicidas”.

Ya ven a qué grado de iniquidad han llegado los editorialistas de El País. Ahora resulta que los terroristas, una vez que llegan al poder como Sadam Hussein, dejan de ser terroristas. Ahora resulta que El País ya no considera —porque antes sí lo hacia— que el régimen de Sadam se basara en el terror ni que financiara ni entrenara a grupos terroristas que atentaban contra Israel.

El carácter genuinamente terrorista con la que los nostálgicos de Sadam tratan ahora de recuperar el poder no evidencia, por lo visto, ese carácter del régimen añorado; para El País es un rasgo sobrevenido a gente anteriormente pacífica que ahora han dejado de serlo por culpa de la intervención militar aliada. Ahora resulta que el apoyo a la resistencia contra la ocupación —esa sí anexionista y totalitaria— del imperio sovietico en Afganistán en un momento en que la mayor amenaza para el mundo libre lo constituía el expansionismo comunista, fomentó el terrorismo.

Lo talibanes, por lo visto, eran gente pacífica pero fueron contaminados por la influencia estadounidense. De no haber sido por esa influencia, hubieran gobernado Afganistán sin violencia ni fundamentalismo alguno. Con esa “lógica” algo parecido se podría decir de la propia Unión Soviética: Estados Unidos gestó la violencia de los comunistas al apoyarse en ellos para luchar contra el fascismo europeo. Finalmente, Israel también contribuye a alimentar el terrorismo. El “caldo de cultivo” no son esas madrazas, verdaderas fábricas de terroristas en potencia, ni ese fundamentalismo islámico que promete el paraíso para todo aquel creyente que se inmole exterminando judios. No, que vá. Para El País “el caldo de cultivo” es el Gobierno de Israel negándose a que su pueblo sea impunemente exterminado.

La verdadera cumbre de iniquidad la alcanza, sin embargo, El País, al concluir su editorial diciendo que “sería hacer un favor a ETA identificar sin más su actuación con la de los terroristas palestinos, por ejemplo, que sí cuentan con una causa legítima, aunque tenerla tampoco justifique en ningún caso sus atentados”. No hay un solo terrorista palestino que diga que su “causa” es la convivencia pacífica entre judíos y palestinos. Todos han dejado de manifiesto, en multitud de ocasiones, que su objetivo no es otro que la total destrucción del Estado de Israel y arrojar a todos los judíos al mar. Decir que esto es una “causa legítima” no es otra cosa que defender el nazismo puro y duro.

El Pais, ciertamente, sí dedica “atención al caldo de cultivo” del terrorismo islámico. Pero lo hace de tal forma que contribuye a aumentarlo...

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