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La pataleta de El País y el patriota asesinato de 40 iraquíes

Todos los diarios dedican este martes un editorial a la cadena de atentados terroristas que ayer causaron más de cuarenta muertos en Bagdad. Con la excepción de La Razón, también todos vuelven a comentar los resultados electorales en Madrid.
 
Respecto a Irak, ABC vuelve a ser la honrosa excepción en un panorama mediático que se empeña en referirse a los terroristas como “resistentes” y que dedica más críticas a las víctimas —ya sean soldados aliados o población civil iraquí— que a los nostálgicos verdugos de Sadam Hussein.
 
El Mundo reconoce “la naturaleza brutal e indiscriminada del ataque contra la Cruz Roja”, pero eso no es óbice para que su editorialista ennoblezca a renglón seguido estos cobardes y criminales atentados en los que han sido asesinados —conviene recordar— casi 40 civiles iraquíes, equiparándolos a “una guerra de guerrillas”. Para El Mundo, “EE UU haría bien en meditar si no es ya hora de cambiar su estrategia. Hora de afianzar el respaldo internacional más allá de la resolución 1511 y hora de ganarse el apoyo decidido del pueblo iraquí con muestras claras de que su intención no es apoderarse de sus recursos ni de si país sino facilitarle el camino hacia la democracia y la prosperidad”.
 
Como ven, lo de El Mundo es difícil de superar. ¿Acaso Estados Unidos no ha buscado desde el primer momento respaldo internacional a su intervención en Irak? ¿Acaso no es la resolución 1511 el fruto de esos esfuerzos? El Mundo no se contenta con esta resolución que ya deja meridianamente claro el apoyo de la comunidad internacional al liderazgo de EE UU en las labores de pacificación y reconstrucción de Irak; un respaldo al que El Mundo desde el primer momento se ha opuesto y se sigue oponiendo. Encima, su editorialista dejar caer la mezquina sospecha de que las intenciones de EEUU eran las de librar una guerra de conquista y de rapiña, en lugar de una intervención que desde el primer momento tuvo como uno de sus objetivos precisamente el de “facilitar a Irak el camino hacia la democracia y la prosperidad”. Esta y no otra es precisamente la llamada “doctrina Wolfowitz”que defiende la sección neoconservadora del Gobierno Bush —denigrados como halcones en las páginas de El Mundo—y que ha sido ridiculizada por este diario que siempre se ha negado al derrocamiento militar de Sadam Husein.
 
El País, por su parte, dice que “nunca la sede de una institución humanitaria como la Cruz Roja Internacional había sido objeto de un ataque suicida y hay que hilar fino para otorgar algún carácter patriótico a la voladura de comisarías”.
 
Ya ven. Para El País, es posible “otorgar carácter patriótico” a una voladura de comisarías en el que han sido asesinados policías y decenas de civiles iraquíes. Esa posibilidad no pasa inexorablemente por abdicar de los más elementales principios morales, sino que sería cuestión de “hilar fino”.
 
A la vista está que respecto al terrorismo que padecen lo aliados y los ciudadanos iraquíes, los comentarios de El Mundo y El País son equiparables a los de Gara respecto a los atentados etarras en el País Vasco. Y es que “hilando fino”, lo de ETA también podría ser una “guerra de guerrillas”...
  
La Esperanza de El País se apellida Maragall
 
 
El Mundo compensa su deleznable editorial sobre Irak con un espléndido comentario en el que deja sin fundamento las acusaciones de Zapatero contra “las malas” artes del PP en la lectura de los resultados que sólo concedió la mayoría absoluta a Esperanza Aguirre cuando quedaban por contar menos del 6 por ciento de los votos.
 
ABC no sólo desmonta esta pataleta de los socialistas sino que hace también una merecida crítica a la radicalización ideológica del PSOE que ha basado su alternativa exclusivamente en la demagógica critica de la guerra de Irak o la catástrofe del Prestige.
 
El País, sin embargo, vuelve por segundo día consecutivo a arremeter contra el PP en un editorial que sólo muestra las contradicciones y desvaríos que puede provocar en algunas personas el escozor de una derrota no asumida. Su editorialista empieza por decir que “la noche del escrutinio electoral madrileño pareció diseñada por el Marqués de Sade, por alguien empeñado en administrar con sadismo goces y dolores a las personas interesadas en los resultados”.
 
Ciertamente parecería “sadismo” si no fuera porque la lectura de los votos no se administró a voluntad de nadie en particular, sino que obedece al hecho de que los datos de los distritos en los que ganó el PSOE llegaron antes a los ordenadores que los de las mesas con mayoría del PP.
 
El País, sin embargo, dice que “faltan todavía explicaciones precisas sobre un recuento tan insólito, y sobran, en cambio, propuestas tan imaginativas como la de Rajoy de secuestrar la información hasta escrutar el 100% de las papeletas”. No es que falten explicaciones, es que El País las oculta. Como acertadamente señala El Mundo, las “causas” de este recuento —que además en Madrid no es nada “insólito”— “están perfectamente identificadas”.
 
“Desde el año 91 —recuerda El Mundo— siempre ha sucedido lo mismo, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid. Y ello porque en los distritos en los que gana la izquierda hay menos densidad de población, por lo que el recuento es más rápido. Por el contrario, el escrutinio es más lento en los barrios que votan al PP en los que además suele haber en las mesas gente de mayor edad, razón por la cual por encima del 80% del voto escrutado, los escaños siempre caen del lado de este partido”.
 
El País silencia este hecho conocido por todos, incluida la mismísima Ruth Porta que quiso contrarrestar la euforia inicial de sus compañeros de partido al advertirles que “esos datos no valen; así empezó Trini”.
 
Los nervios y el mal rato también lo sufrieron—cosa que no señala El País— los votantes y los miembros del PP —empezando por la propia Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy— al ver que su esperada victoria se la negaba la lectura inicial del escrutinio. El País arremete, sin embargo, contra el lider del PP al que acusa de querer nada menos que “secuestrar la información”, cuando lo cierto es que Rajoy lo único que pretendía, con mayor o menor acierto, es precisamente evitar esos vaivenes de “goces y placeres” no aptos para cardíacos.
 
El País, sin embargo, no se contenta con este asunto del recuento del que en nada se ha beneficiado el PP—más bien al contrario—, y pasa también a destacar que “Simancas reconoció con elegancia la victoria del PP, a diferencia de la cicatería mostrada en mayo por su contrincante”.
 
Simancas el domingo por la noche se limitó a constatar que, esta vez, no había ya forma humana de impedir que la candidata más votada por los madrileños fuera la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid. Esperanza Aguirre, a pesar de los pocos votos que le faltaron en mayo para alcanzar la mayoría absoluta, aceptó entonces la labor de oposición y reconoció el derecho de Simancas a gobernar, a pesar de haber reunido más de doscientos mil votos más que él. Más “elegante” aun fue su negativa a valerse de los tránsfugas para gobernar sin tener mayoría absoluta, aunque estaba plenamente amparada legalmente para hacerlo.
 
Simancas, por el contrario, no sólo se negó a llamar a Esperanza Aguirre hasta horas después de que lo hiciera el mismísimo Zapatero, si no que ha basado su campaña en el sectario eslogan “para que gane la democracia”. Si supeditar la victoria de la democracia a la victoria de una candidatura es muestra de “elegancia” que venga Dios y lo vea.
 
Simancas se ha mostrado tan sectario y tan poco “elegante” como se muestra El País que todavía hace referencia a la “limpia victoria de Mayo de Simancas”. ¿Pero de qué victoria habla, si fue Aguirre quien ganó entonces las elecciones por más de 200.000 votos de diferencia? Los resultados del pasado mayo —insistimos— sólo permitían a los perdedores forman una ajustada mayoría en el parlamento autonómico que podría impedir el gobierno de la candidatura más votada. Cosa que tampoco luego resultó posible por lo poco “limpia” que era la lista de candidatos liderada por Simancas.
 
El País, finalmente, se empeña —como ayer hiciera El Mundo— en dar esperanzas a Zapatero y, lo que es peor, en insistir en la estrategia que ha llevado a la derrota a su partido en Madrid. Para El País, “la repetición electoral no ha confirmado el hundimiento que hacía presagiar la desmoralización que afectó a las filas socialistas”. El País ahora dirá lo que quiera, pero la desmoralización de los socialistas no obedecía más que al temor de que sucediera lo que finalmente ha sucedido. Las encuestas que desmoralizaban al PSOE se han cumplido, algunas de ellas incluso han pecado de excesivo optimismo pues daban un escaño menos al PP de los que finalmente ha obtenido.
 
El País pretende hacer una lectura del incremento de la abstención respecto al PSOE como un “desetimiento” en lugar de un voto de castigo por parte de su electorado por la forma cómo ha gestionado la fuga de Tamayo y Saez. Nadie opta por la pasividad si cree que ilegítimamente se ha vulnerado su voluntad y se le da la oportunidad de impedirlo.
 
Lo importante que hay que destacar, sin embargo, es que la pataleta de El País perpetúa la estrategia de radicalización que ha llevado al desastre al PSOE. Es evidente que Prisa espera lograr un balón de oxigeno para su partido en las elecciones catalanas. Pero ese oxigeno, de conseguirlo Maragall, estará viciado de un denso nacionalismo que, a la larga, no hará más que asfixiar aun más las ya mermadas posibilidades de Zapatero de cara a las generales.

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