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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Autopsia de un cadáver (1)

Se me dirá que tratar de "cadáver" a una empresa tan floreciente como El País resulta muy exagerado, pero yo me refiero a su catadura moral, y no cabe la menor duda de que moralmente es un cadáver. Lo que en cambio sí que puede ser exagerado es lo de autopsia, porque son tantos sus tumores que no puedo operarlos todos; me limitaré a algunos ejemplos. Por olfato o chiripa.

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El País ha sabido mezclar con perfecto cinismo las exigencias más férreas y más "inhumanas" del capitalismo, con un abanico de salarios espeluznante, por ejemplo, con la venta exitosa de un anticapitalismo para párvulos, que es lo que gusta a sus lectores. Basta con leer sus páginas salmón y compararlas con sus editoriales, o con la mayoría de sus páginas de opinión, para percatarse de la perfecta esquizofrenia capitalista/anticapitalista del diario.
 
O, aún mejor, comparar las declaraciones del consejero delegado Juan Luis Cebrián, que, como el carpintero, tiene la boca llena de clavos –él habla con la boca llena de cifras, estadísticas, beneficios, acciones, inversiones–, con los artículos anticapitalistas del camisa azul Cebrián, Juan Luis. Tiene su gracia. Que nadie se inmute por lo de camisa azul, porque no sólo lo fue: falangista y comisario político de TVE en tiempos de Franco; también eran azules las camisas de las juventudes comunistas en la RDA. Todo queda en la misma familia.
 
En este diario, mucho más que en otros, se nota el transformismo de los comunistas en socialburócratas, los Pradera, Estafanía, Azcárate, Haro Teglen, Elorza, etcétera, quienes, defendiendo a rajatabla las tesis socialburócratas en España y Europa, y las "progresistas" en el mundo, pretenden al mismo tiempo mantener viva la leyenda comunista del pasado. Una ideología marxista-leninista descafeinada y confusa nutre sus escritos e inspira otros, no exenta de contradicciones y fobias personales. En torno a Carrillo, por ejemplo.
 
Pero lo que han heredado, sobre todo, es el "método kominterniano", la sistematización de las campañas de mentiras y calumnias, repetidas día tras día, hasta que cuajen, como se vio claramente con la estafa del "Acoso a El País", pura invención demagógica, pero rentable.  Son maestros en este arte de birlibirloque y la técnica comunista flagrante.
 
El País, apodado Boletín Oficial del Estado cuando el PSOE gobierna, tiene el lastre de ser demasiado claramente "la voz de su amo", y si eso aún no ha frenado demasiado su éxito de ventas ha limitado su expansión; yo me sé de lectores que han abandonado ese diario porque les daba náuseas. Desde luego, aún no son suficientes.
 
Ocurre, y ya desde hace varios años, que el Imperio Polanco es tan potente que cabe preguntarse quién es el "amo" y quién "la voz", del PSOE o del Imperio. Se dice que la prensa es el cuarto poder; tratándose del PSOE, es el Imperio el primero, en muchas ocasiones. Las campañas de propaganda y aniquilamiento del adversario, en las que todos los redactores y colaboradores repiten día tras día las mismas mentiras, con una unanimidad comparable a la de la Pravda soviética, son frecuentes; para quedarnos con un ejemplo reciente, hemos visto cómo con toneladas de artículos, opiniones, reportajes, han intentado culpar al PP, y muy concretamente a José María Aznar, de los atentados de Atocha, retorciendo los hechos hasta el punto de que el haber acusado en un primer momento a ETA –como todo el mundo– de ser culpable de los atentados convertía a Aznar y a su Gobierno en los verdaderos culpables del crimen.
 
No les bastó que el repugnante miedo ibérico les hubiera puesto la victoria electoral en bandeja: quisieron machacar definitivamente a su adversario, que había perdido una batalla electoral. Jamás un político ha sido tan insultado como Aznar, tratado mil y una veces de "asesino, mentiroso, franquista" y otras lindezas. Y como no han logrado su objetivo, se quejan ahora de ser los insultados, y de que no se quiera colaborar con ellos en la destrucción de España. Nada de esto es nuevo: lo nuevo es que esa unanimidad estalinista se resquebraja. La autopsia pone en evidencia síntomas extraños.
 
Se notó, primero, una falta de entusiasmo por Zapatero. Defienden a rajatabla todas sus rendiciones y memeces, pero, repito, con menos entusiasmo que demostraron con Felipe González. Y no estoy seguro de que Rodríguez sea el director oculto de El País, como lo fue González, con sus rituales almuerzos del miércoles con la redacción del diario, durante los cuales, entre gazpacho y habano, "dios" dirigía la orquesta. Esa unanimidad estalinista se ha roto, pues; por ejemplo, en relación con el estatuto catalán, y más generalmente con la rendición del Gobierno ante el terrorismo etarra y el irrendentismo catalán.
 
Pero tampoco hay unanimidad ante el enlace Zapatero/ Erdogán y su alianza de civilizaciones, taparrabos del sometimiento a la intolerancia. Eso se ha visto recientemente con el escándalo de las caricaturas de Mahoma; siendo lo escandaloso, evidentemente, la condena de la libertad de expresión, en nombre del respeto al Islam y únicamente al Islam.
 
Desde luego, la mayoría de los artículos de El País van por esa onda claudicante, pero no con la misma unanimidad de hace un par de años para condenar a Aznar. Entonces nadie hizo la menor reserva, nadie le defendió contra esa campaña de calumnias en El País; sin embargo, José María Aznar ha sido el mejor presidente de Gobierno que ha tenido España desde hace décadas, y, si me tiran de la lengua, diré que desde Antonio Maura...
 
Evidentemente, no todo se limita a un problema interno en la redacción de El País: los sondeos que pronostican la derrota del PSOE en próximas elecciones y las manifestaciones cada vez más impresionantes contra la política de un Gobierno que "hace las paces" con ETA y cede ante la soberbia catalana asustan al patio sociata, y los súbditos del Imperio están perdiendo los estribos. Pudo decirse que la calle apoyaba a Zapatero: pues hoy la calle está contra Zapatero.
 
Veamos algún ejemplo concreto. Creo que una de las primeras cosas que he leído de Hermann Tertsch fue la carta de insultos a mí destinada con motivo de mis comentarios al pésimo libro de Manuel Azcárate Derrotas y esperanzas, premio Comillas de la Mentira en 1994. Era en ABC. Firmaba su carta con sus dos apellidos; el segundo era muy bucólico, con prados, arboledas o ríos, no recuerdo: como si quisiera darle un carácter oficial de acta notarial, o algo así.
 
No entendí a santo de qué defendía tan rabiosamente no el libro, sino a su autor, hombre ejemplar, luchador íntegro, que podía haber cometido errores, como todo el mundo, pero que había sabido rectificarlos, etcétera. Falso. Un hombre que durante tantos años ha sido un responsable del aparato del PCE es una rata, cómplice, cuando no actor, de los crímenes del totalitarismo. Pero para Tertsch y El País, habiendo sido comunista, Azcárate sólo podía ser un santo.
 
A modo de anécdota, y como muestra de la objetividad histórica de Azcárate, señalaba en mi comentario de ABC que también mentía cuando se presentaba como un humilde correveidile de la revista comunista Nuestras Ideas, cuando en realidad era el subdirector, siendo el director Fernando Claudín y no Jorge Semprún, como pone. Para colmo, el correveidile fui yo, hasta que rompí definitivamente con el PCE, en junio o julio de 1957.
 
Asimismo, a lo largo de estos años he oído testimonio de personas expulsadas de El País por el señor Tertsch, al no estar suficientemente de acuerdo con la línea política del periódico.
 
Pues bien, ese señor ha cambiado últimamente –a menos que le hayan ordenado cambiar–. Pocas veces, muy pocas, hemos leído en El País a uno de sus redactores protestar, escribiendo que, si las cosas siguen así, dentro de poco se va a acusar al PP de "poner las bombas de ETA"; o escribir lo siguiente: "En Praga o Varsovia Putin no habría insultado –sin inmediata respuesta de sus anfitriones– a Israel y a la UE, anunciando una invitación al Kremlin para unos terroristas de Hamás que, inmediatamente envalentonados, han reforzado sus llamamientos a la destrucción de la 'entidad sionista' y a la liberación de toda la 'Palestina islámica'". ('El castillo de Visegrad', 14-II-2006).
 
Recuerden que eso ocurrió en Madrid, bajo los aplausos de Zapatero y demás gemas orientales. desde entonces, la UE se ha rajado y ha seguido los pasos de Putin, como está visto. Pero los elogios de Tertsch a Angela Merkel (bien merecidos, en mi opinión), y su defensa de la política diferente, opuesta al eje del mal de ayer, Chirac/ Schröder, nada tienen que ver con el lameculismo de Zapatero en relación con Chirac y Villepin, adalides que fueron del "antiyanquismo". Ni con el lameculismo de El País para con Rodríguez Z.
 
En mi próxima crónica señalaré otros síntomas curiosos.
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