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LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

Falacias que empobrecen

Todos los días se dice que hay que disminuir la diferencia entre ricos y pobres mediante la redistribución de la riqueza existente. Las agencias de ayuda económica y de asesoría de gobiernos amigos abonan ese clamor. Un ejemplo reciente nos lo dio el "experto" argentino en ética y economía Bernardo Kliksberg, invitado por el vicepresidente de Guatemala a dictar varias conferencias en la Escuela de Gobierno y Gestión Pública, donde hizo énfasis en la redistribución de la riqueza para disminuir la pobreza.

Manuel F. Ayau Cordón
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A pesar de las buenas intenciones de quienes piensan así, es un lamentable error que agrava la pobreza y que es producto de varias falacias.
 
Aclaro que me refiero a riqueza adquirida legítimamente, pues la riqueza obtenida ilegítimamente corresponde al ámbito delictivo. También aclaro que el dinero en sí no es riqueza: sirve solamente como medio de intercambio de la riqueza que ya existe. El dinero en sí no nos alberga ni alimenta, ni cura nuestras enfermedades; una vez que hemos producido algo que sí es riqueza lo cambiamos por dinero, para después cambiarlo por otras satisfacciones.
 
Es decir, el dinero lo adquirimos mediante los aportes que hacemos para satisfacer las necesidades de otros, pues esa es la única forma de adquirir dinero pacíficamente.
 
Por último, tengamos presente que la propiedad privada incluye todo lo que poseemos: nuestro cepillo de dientes, nuestro auto, nuestra ropa, nuestra casa, nuestras inversiones, etc.
 
– Primera falacia: Unos son ricos porque otros no lo son. Como si la riqueza se tratara de algo de tamaño fijo y, en consecuencia, si a unos les toca más es porque a otros les toca menos. No se comprende cómo todos pueden, al mismo tiempo, tener más y aumentar su riqueza, aunque sea de manera desigual.
 
– Segunda falacia: La producción de riqueza ocurre, simplemente. Carlos Marx decía que la producción resulta de las "fuerzas naturales productivas". Pero la producción de riqueza no es ni automática ni producto de fenómenos metafísicos. Es producto de la acción deliberada, mental o física, de individuos, algunas veces solas y otras veces con la cooperación de otros, mediante contratos libres, explícitos o sobreentendidos. Y las obligaciones contractuales cumplidas saldan las cuentas. Es así que la riqueza se produce y distribuye en el mismo acto.
 
 – Tercera falacia: En los intercambios, unos ganan lo que otros pierden. La realidad es que en los intercambios libres (de mercado) unos ganan precisamente porque otros ganan; si no, no se llevaría a cabo el intercambio. Siendo así, una persona sólo se puede enriquecer enriqueciendo a los demás.
 
– Cuarta falacia: La riqueza es de la sociedad y no de los individuos que la producen. ¿Quién produciría algo si sabe de antemano que no podrá disponer de lo que produce? Obviamente, producirá lo mínimo: sólo aquello que sabe no le van a quitar.
 
– Quinta falacia: El acto de redistribuir no es despojo, sino "justicia social". Pero ¿cómo se llama al acto de redistribuir lo que ya tiene dueño, lo que ya está distribuido? Redistribuir implica despojar de riquezas a su legítimo propietario, riquezas que obtuvo en buena ley, para traspasárselas a otros. El hecho de que se legalice el acto por medio de la fuerza coercitiva del Estado no cambia su naturaleza. Eso sólo legaliza un acto que, cuando lo comete un particular, tiene pena de cárcel. Y utilizar a otros de ejemplo, sean gringos o noruegos, no cambia la esencia moral del despojo.
 
 
© AIPE
 
Manuel F. Ayau Cordón, ingeniero y empresario guatemalteco. Fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
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