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ENERGÍA

Esclavos de la OPEP

La gente está molesta con los altos precios de la gasolina y ve con recelo las ganancias de las empresas petroleras. Pero debemos comprender que el alto precio del petróleo no se debe a un mercado libre, sin regulaciones. Por el contrario, la industria petrolera es una de las más reguladas y subsidiadas, razón por la cual nos debemos preocupar más bien por el hecho de que una excesiva intervención mantenga artificialmente bajo el abastecimiento de petróleo.

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Tomemos como ejemplo la empresa Marathon Oil, que gestiona una refinería en la ciudad de Texas, en el estado del mismo nombre. Marathon anunció hace poco la construcción de una nueva refinería, que procesará varios cientos de miles de barriles diarios. Construir una refinería es una tarea desalentadora que requiere una inversión de miles de millones de dólares. Sólo conseguir los permisos federales lleva varios años, razón por la cual no obtendremos ni una gota de gasolina de esa refinería antes del año 2009.
 
Los subsidios y las regulaciones federales han sido las principales causas del limitado abastecimiento de gasolina. Mientras la demanda ha aumentado dramáticamente, por el crecimiento de la población y de la actividad económica, no se han construido nuevas refinerías en varias décadas. Cualquier curso de economía elemental nos enseña que una creciente demanda, junto a un abastecimiento fijo, conduce a unos precios más altos. Y las acusaciones políticas contra las supuestas especulaciones sobre los precios no cambian esa realidad.
 
Hay que aumentar la exploración, la perforación de nuevos pozos y la capacidad de refinación, si es que queremos precios razonables para la gasolina. Necesitamos más competencia y menos injerencia gubernamental.
 
Casi todos los norteamericanos estamos de acuerdo en que la economía no debe depender del petróleo del Medio Oriente. Y el economista George Reisman explica que nuestras regulaciones internas nos han convertido en esclavos de la OPEP: "Hoy es posible de nuevo lograr una caída notable del precio del petróleo, aún mayor que la de los años 80. Y podría comenzar ya. Lo que se necesita es acabar con las restricciones gubernamentales a la producción interna inducidas por los ecologistas".
 
Reisman también explica cómo acabando con las restricciones a la producción de carbón, gas natural y energía nuclear se reduciría aún más el dominio ejercido por la OPEP, ya que al aumentar el abastecimiento de esos otros recursos energéticos disminuiría la demanda y, por lo tanto, el precio del petróleo.
 
El petróleo es clave, pero no se trata de algo mágico e inmune a las leyes económicas. Por el contrario, debido a su importancia en nuestra economía debemos dejar que el mercado lo suministre. Por el contrario, la planificación centralizada del Gobierno nunca resolverá nuestros problemas energéticos. Los controles de precios de la gasolina decretados por Nixon en los años 70 sólo produjeron una desastrosa escasez. Por el contrario, la desregulación instrumentada por Reagan provocó un auge de la producción petrolera y una sustancial caída de los precios. Esa es la lección que ya debíamos haber aprendido.
 
¿Qué puede hacer el Gobierno? Lo primero sería eliminar el impuesto federal a la gasolina, lo cual reduciría el precio del galón en 20 centavos. Y, a largo plazo, el Congreso debe promulgar leyes que permitan la perforación petrolera en las costas, eliminar las regulaciones que restringen la refinación y suspender los dañinos impuestos que frenan la producción interna.
 
Para lograr un abastecimiento estable de gasolina, a precios razonables, tenemos que dejar que opere el libre mercado.
 
 
© AIPE
 
Ron Paul, congresista republicano por Texas.
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