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PENSAMIENTO DE IZQUIERDAS

Bobos intelectuales

“No hay ningún universo bebé divergiendo, como alguna vez pensé” dijo Stephen Hawking a un grupo de científicos en estado de shock este verano en Dublín. La teoría del universo paralelo y los agujeros negros destructores de energía es errónea, concluyó el científico minusválido. Cuando las teorías de Stephen Hawking fueron refutadas, él las reconsideró en vez de encastillarse. Después de todo, la meta de Hawking no era publicitar a Stephen Hawking o la idea de universos paralelos, sino la búsqueda de la verdad.

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El acto de abandonar una idea cuando la evidencia indica lo contrario es casi excepcional. La evidencia contraria en las Ciencias Sociales y en Humanidades tiene por lo general el efecto contrario: Los devotos se aferran a su teoría. Y como resultado, pierden el contacto con la realidad. Cuando uno se aferra a su ideología, obligatoriamente se libera de los hechos y se convierte en un bobo intelectual.
Paul Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford predijo el apocalipsis medioambiental en el libro “La explosión demográfica”. Sostuvo que “cientos de millones de personas iban a morir de hambre” en la década de los 70. Cuando ésto no sucedió, pues simplemente cambió la fecha del fin –muchas veces. Así es que mientras los pronósticos de Ehrlich fueron tema de portada, admiradores ricos e influyentes lo celebraron. Fundaciones diversas le dieron millones de dólares en premios y donaciones (incluyendo 250.000 dólares de la fortuna del ketchup Heinz). El show “Today” invitó a Ehrlich a hacer un programa de 12 episodios sobre el medioambiente. Y catedráticos y profesores promocionaron sus libros hasta convertirlos en superventas.
 
Noam Chomsky es Michael Moore con un cerebro lleno de esteroides. Al final de la década de los 70, Chomsky llegó a decir que los campos de la muerte de Pol Pot eran “propaganda capitalista”. Después se puso a fantasear con la conspiración entre ex-nazis y oficiales del gobierno de USA para modelar el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y antes de la guerra contra el terrorismo, Chomsky sostuvo que los Estados Unidos “aparentemente estaban a punto de asesinar a 3 ó 4 millones de personas” en Afganistán, prediciendo una hambruna masiva y muerte. Pero a pesar de su historial desastroso como historiador y profeta, un estudio, al menos, revela que Chomsky es la persona viva más citada en estudios especializados de Ciencias Sociales y Humanidades.
 
El famoso investigador sobre el sexo Alfred Kinsey llenó los grupos de muestreos de sus encuestas con proxenetas, prostitutas, agresores sexuales encarcelados y homosexuales. El ya fallecido catedrático de la Universidad de Indiana creyó a pie juntillas a los pedófilos cuando decían que sus “parejas” disfrutaban del sexo. Y en vez de ser rechazado por sus colegas, Kinsey es el investigador de este tema más citado en las revistas especializadas. Su trabajo puede haber sido ciencia de la mala, pero es propaganda de la buena.
 
El ser deshonesto, en tanto sirva a la causa “correcta”, no relega a los intelectuales al ostracismo. A menudo los eleva al estatus de hombres de letras entre sus colegas del mismo bando intelectual. Como lo evidencia la popularidad en esos círculos del director del “ataquedocumental” Michael Moore, la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchu y el espía soviético Alger Hiss, los intelectuales recompensan la conformidad ideológica en lugar de la honradez intelectual.
 
Chomsky, Kinsey y Ehrlich pueden estar “equivocados a ciencia cierta”, pero como son “políticamente correctos” son las super estrellas del mundo académico. Sus errores, sus mentiras y fraudes sirven a las causas correctas, así es que otros eruditos se lo perdonan, hacen la vista gorda o lo niegan. Si los bobos intelectuales fueran pocos en cantidad o escasos en influencia, todos nosotros podríamos ignorarlos. Pero, como siempre se ve sus nombres en las listas de dar conferencias, en las anotaciones finales de estudios especializados y junto a los cheques al portador de fundaciones, nuestra cultura los ignora bajo su propio riesgo.
 
La adhesion automática a la ideología niega el pensamiento crítico. Es la vanidad del intelectual que se cree tan inteligente que no necesita pensar. La ideología le da una respuesta fija a ideas, personas y hechos. La ideología convierte a gente inteligente en tonta, creando así el bobo intelectual.
 
Como nos muestran los lemas de Harvard (veritas) y de Yale (lex et veritas) la búsqueda de la verdad es el elemento esencial de la vida de la investigación. Stephen Hawking, abandonando su propia teoría en favor de la verdad es el vivo ejemplo del compromiso con su credo profesional. Pero el compromiso de Chomsky, Ehrlich y otros bobos intelectuales con las malas ideas a costa de la verdad demuestra el abandono que hacen de la verdad.
 
Daniel J. Flynn es autor del libro Bobos intelectuales: Cómo la ideología hace que gente inteligente crea en ideas estúpidas (Crown Forum, 2004)
 
©2004 Daniel J. Flynn
 
©2004 Traducido por Miryam Lindberg
 
Libertad Digital agradece a la Fundación Heritage el permiso para publicar este artículo.
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