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TECNOLOGÍA Y PRODUCTIVIDAD

El obrero y la industria

Los políticos casi nunca se benefician por actuar en base a principios y los incentivos más bien los empujan hacia la alcahuetería. Una vez elegidos, utilizan sus cargos para beneficiar a ciertos y determinados grupos, lo cual aumenta la posibilidad de su reelección. En el Congreso de Estados Unidos, en el año 2002, 98 por ciento de los diputados y 85 por ciento de los senadores fueron reelegidos.

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Es lamentable que así se empobrezca el diálogo político. La “emergencia” este año es la pérdida de puestos en la industria porque se están “exportando” trabajos al exterior. Es cierto que están desapareciendo puestos en la industria manufacturera, pero ese es un fenómeno internacional que no se limita a EEUU. Entre 1995 y 2002 desaparecieron 22 millones de puestos industriales en las 20 economías más grandes del mundo. El Japón perdió 16 por ciento, Brasil 20 por ciento y China 15 por ciento. ¿Por qué?
 
La industria sigue la misma tendencia de la agricultura. En 1900, la mitad de los adultos en EEUU trabajaban en el campo, pero hoy lo hace apenas el 2 por ciento. A pesar de la caída del empleo agrícola, la productividad de ese sector es la más alta del mundo, gracias a la aplicación de modernas tecnologías. Por ejemplo, tractores súper eficientes aplican pesticidas y fertilizantes de acuerdo a las necesidades de los diferentes cultivos y la humedad de las tierras.
           
Productividad es la cantidad producida por unidad de recursos utilizados. A medida que aumenta la productividad, aumenta temporalmente el desempleo. En China, fábricas modernas están reemplazando a las ineficientes y contaminantes empresas estatales, desplazando a millones de obreros. ¿Quiere ello decir que debemos frenar la productividad y los adelantos tecnológicos que la fomentan? Claro que no porque fabricar el mismo producto usando menos recursos no sólo lo abarata sino que libera recursos humanos y físicos que se pueden utilizar en otra cosa. Según el economista William J. Baumol, de la Universidad de Princeton, “se puede afirmar, sin exagerar que… a largo plazo, nada es probablemente tan importante para el bienestar económico como… el aumento de la productividad”.
           
En EEUU, la productividad de la mano de obra ha aumentado alrededor de 2 por ciento al año durante el último siglo. Eso quiere decir que el nivel de vida se ha doblado cada 35 años. A lo largo de la historia, el país más próspero del mundo siempre ha sido el líder en productividad. Lo fue el norte de Italia desde el siglo XIII hasta el siglo XVI, Holanda en el siglo XVII y comienzos del siglo XVIII, Inglaterra en el siglo XVIII y XIX, y EEUU en el siglo XX. Los puestos de trabajo que ahora perdemos están siendo reemplazados por labores nuevas y diferentes. Una cuarta parte de los norteamericanos trabajan hoy haciendo cosas que no existían en 1967.
           
La innovación empuja a la economía global hacia mayor eficiencia. Y estamos avanzando rápidamente de la edad industrial a la edad de la informática. Los países en desarrollo se benefician de la diseminación de la tecnología, por lo que pueden acortar el tiempo que, a las naciones industrializadas del Occidente, llevó siglos modernizarse. Por ejemplo, los aranceles que el presidente Bush aplicó al acero provocaron más desempleo entre las empresas consumidoras de acero de los que protegió en la industria siderúrgica. Esos aranceles aumentaron los costos, haciendo sus productos menos competitivos.
           
Estamos seguros que los políticos seguirán haciendo promesas que no podrán cumplir. El progreso económico futuro dependerá, como siempre, en cómo los empresarios detectan y aprovechan las oportunidades y las preferencias de los consumidores. Ese avance se llama en economía “destrucción creativa” y es la base del poder económico de EEUU. Desconfíe de los políticos que prometen interferir con la evolución del progreso.
 
© AIPE
 
Pete Geddes es director de programas de la Fundación de Investigaciones Económicas y del Ambiente (FREE) y analista de Tech Central Station y escribe desde Bozeman, Montana.
 
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