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ECONOMÍA

España debe quebrar

Ya son bastantes los analistas que creen que España suspenderá pagos. A estas alturas, ya no parece que el default sea una imposibilidad metafísica. Así las cosas, habría tres posibles soluciones: utilizar algún fondo de rescate, monetizar la deuda o dejar que se produzca la quiebra. Yo apuesto claramente por la tercera; es decir, por dejar que España quiebre.

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Me explico. El Fondo de Rescate ha demostrado ser un error en la teoría como en la práctica. En la práctica... sólo hace falta mirar a Grecia: se le inyectaron 110.000 millones de euros, 80.000 de los cuales los pusimos los europeos; pues no ha servido absolutamente para nada. Ese dinero jamás lo recuperaremos, y el coste de oportunidad va a ser brutal. El fracaso práctico ya nos lo avanzaba la teoría: si se regala dinero a un país, no tendrá el menor incentivo para acometer reformas estructurales.

En caso de que hubiera que rescatar a nuestro país, el fondo no llegaría a los 350.000 millones.

Monetizar la deuda sería otro peligroso error. A pesar de que es un recurso bastante utilizado por bancos centrales como el norteamericano, el japonés y el británico, se trata de una medida que no solucionaría los problemas europeos. Poner la máquina de imprimir billetes del BCE en marcha –es decir, crear dinero de la nada– para adquirir obligaciones de Estados y empresas en dificultad sólo provocaría una estrepitosa devaluación del euro (aunque sea de forma indirecta), además de incorporar al balance de la entidad emisora europea unos bonos de baja o nula calidad crediticia a precios sobrevalorados. Esto, por no hablar de que una medida tal vulneraría los principios básicos sobre los que se ha construido la Unión Monetaria.

Finalmente, nos queda la opción de dejar quebrar a España, o a cualquier otro país que se encuentre en una situación similar. Esto es, para empezar, una medida justa. ¿Para quién? Para el resto de los contribuyentes europeos, principalmente para los alemanes, que no deberían costear un rescate tan enorme. Lo justo no es que las finanzas públicas de los países miembros de la Zona Euro y el FMI soporten esa carga, sino que lo hagan los tenedores de la deuda del quebrado.

La quiebra de España serviría también para desincentivar el gasto desaforado y otras malas prácticas muy extendidas en la Eurozona. Los Estados verían que podrían quebrar y que, de hacerlo, nadie acudiría a su rescate, con lo que serían mucho más prudentes a la hora de endeudarse. Por otro lado, conseguirían bastante menos financiación en los mercados, pues éstos tendrían muy en mente el factor quiebra y, claro, pondrían mucha atención a la hora de prestar su preciado dinero.

Volviendo a España, la quiebra (o incluso el riesgo real de quiebra) fomentaría la adopción de verdaderas reformas estructurales. En cambio, el rescate agravaría muchos de los problemas actuales e imposibilitaría las grandes reformas. Los Gobiernos se resisten a llevar a cabo cambios costosos y sustanciales en el Estado del Bienestar porque les pueden acarrear mucha impopularidad, incluso la pérdida de elecciones (que es lo que realmente les importa). Sólo tomarán esas medidas si no les queda más remedio, es decir, si su país ha quebrado o corre verdadero riesgo de hacerlo.

La recuperación económica de España no pasa simplemente por suprimir el Ministerio de Igualdad y poner parches al sistema público de pensiones (que también), sino por reducir sustancialmente el peso y volumen del Estado, eliminando muchas secciones ministeriales e incluso eliminando ministerios enteros; por privatizar empresas, servicios y bienes estatales para ayudar a pagar la monstruosa deuda del Estado; por transformar drásticamente el mercado de trabajo; por desregular, agilizar y dinamizar la actividad económica; por bajar los impuestos para dar oxígeno financiero a los particulares y las empresas; por eliminar el Impuesto de Sociedades, para fomentar la creación de empresas, evitar que desaparezcan pymes y atraer capitales extranjeros que generen trabajo, prosperidad y riqueza; por que el Estado deje de gastar y endeudarse como si no existiese un mañana. Etcétera.

La clave es crear un país dinámico de ciudadanos emprendedores, maduros y responsables, en vez de una sociedad parasitaria e inmóvil. Y para ello es necesario que España quiebre. Esta es la realidad. Lo siento.

 

© Instituto Juan de Mariana

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