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REDUCIR A CENIZAS LA LIBERTAD

Implicaciones de la guerra contra el tabaco

Todos los años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día contra el Cigarrillo. Se trata de un ritual de la campaña contra el tabaco que no solamente muestra los riesgos a la salud, sino que al mismo tiempo cuestiona la esencia misma de la libertad política y económica.

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En lugar de investigar los factores que influyen a millones de personas en su decisión de no fumar, la filosofía tras la campaña contra los cigarrillos es hacer énfasis en que no se puede confiar en la libre decisión de la gente, razón por la cual deben ser penalizadas a través de impuestos al consumo de cigarrillos o, simplemente, se les debe impedir que fumen.
 
La cosecha del tabaco es económicamente importante en la India, el tercer productor mundial. El año pasado la India exportó 160.000 toneladas de tabaco, cuyo cultivo aporta unos 3.300 millones de dólares al año.
 
El impacto del tabaco también es importante. Según la OMS, se atribuye más de 600.000 muertes al consumo de cigarrillos en la India, y 4 millones en todo el mundo. Pero comparemos esa cifra con los 11 millones de niños menores de 5 años que mueren anualmente, alrededor del mundo, por enfermedades que se pueden prevenir.
 
Claro que es más atractivo hacerle la guerra al cigarrillo, al ser supuestamente culpables unas pocas grandes empresas multinacionales. ¿Por qué preocuparse en que haya agua potable, que suele ser un monopolio del Gobierno y cuya falta mata a muchos millones de personas anualmente, especialmente en los estratos más pobres?
 
Así vemos que la prioridad es prohibir la publicidad de los cigarrillos, que la gente fume en las películas y en los programas de televisión.
 
Luego de quedarse con alrededor del 50% del precio de venta de los cigarrillos, los gobiernos ganan mucho más que las empresas tabacaleras, y con todo ello lo que se fomenta es el contrabando.
 
En esta guerra, las principales víctimas son la libertad y la responsabilidad individual. Las prohibiciones de fumar en lugares públicos y las restricciones a la publicidad le hacen más daño a la salud de la sociedad que el tabaco mismo.
 
Así como los vegetarianos gozan de muchos lugares donde pueden comer lo que quieren y les gusta, en lugar de imponer regulaciones a restaurantes, cines, aviones y demás negocios privados, esto se debe dejar en manos de los dueños, que se adaptarán a lo que el público desea sin la intervención de la pesada mano gubernamental.
 
La publicidad es el símbolo más visible de la libertad de expresión. En lugar de imponer por la fuerza lo que buscan, la publicidad trata de persuadir a consumidores potenciales y, debido a su naturaleza voluntaria, reconoce que el consumidor está en libertad de comprar o rechazar el producto.
 
¿Cuán frágil es una democracia donde la gente tiene el derecho a votar y a elegir libremente a sus gobernantes, o cambiar al partido político actualmente en el poder, pero al mismo tiempo no se le considera suficientemente responsable como para decidir si fumar o no?
 
Yo nunca he fumando ni me atrae hacerlo, pero le temo mucho más a este camino empedrado con buenas intenciones, que suele conducir al infierno.
 
 
© AIPE
 
Barun Mitra, director del Instituto Libertad de Nueva Delhi (India).
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